Amanecer de otoño

Capítulo Cuarenta y cuatro

Estamos llegando al cementerio. Estoy acompañando a Brian y a Logan a visitar la tumba de Kendra. Logan me explicó que le dijo a Brian que su mamá que lo trajo al mundo falleció poco después de que él nació, pero no pudo decirle que fue por complicaciones al momento de que nació. Como Brian es un niño pequeño, no desea hacerlo sentir culpable por la muerte de su madre. Por supuesto, no es una noticia fácil para cualquiera y menos para un niño como Brian, que es tan lleno de vida. Estoy convencida de que, si se le dijera la verdad ahora lo afectaría enormemente. Le comenté a Logan que apoyaba su decisión de contarle la verdad cuando lo estime conveniente.

Logan lo trae siempre antes de su cumpleaños porque sabe que ese día es especial para él y desea que lo pase bien junto a sus amiguitos y vaya que le ayuda.

―Ven, campeón. ―Logan toma la mano de su hijo mientras que este lleva en la suya un pequeño ramo de rosas blancas. Yo traigo uno más grande en mi mano libre, ya que la otra está tomada por Logan.

Caminamos por unos metros y la sensación de paz que otorga este lugar es único. Había visitado camposantos antes, claro está, pero el aura que percibo de aquí es distinta a los demás.

Se siente extraño visitar el lugar del descanso eterno de alguien, pero sabiendo que es importante para dos de las personas que más amo en la vida, voy a venir todas las veces que sea necesario para acompañarlos.

―Es aquí. ―dice Logan.

―Hola, mami. ―saluda el pequeño a la tumba donde descansa su madre. Se acerca y besa el lugar donde está escrito el nombre de Kendra. Es una escena muy conmovedora. Una pequeña lágrima se escapa y la atajo antes de que la noten―. Te traje estas flores. Papá dice que son tus favoritas. ―Con cuidado saca las flores marchitas que se encuentran en el frasco con agua que está a su lado y deja las flores nuevas. Va hasta el basurero para botar las flores viejas y se da cuenta de que hay un amiguito de él cerca, lo apunta para que su papá lo vea y él asiente, como dándole a entender que puede ir.

―Hola Kendra. ¿Cómo estás? ―saluda mi novio finalmente mirando al sepulcro―. Por fin pudimos venir a verte, lamento la tardanza, no habíamos podido antes. Sé que te debes preguntar quien es la mujer que hoy nos acompaña, quería presentártela. Se llama Lauren y es mi prometida. ―Sonríe en mi dirección y le devuelvo la sonrisa―. Sé que no te he hablado de ella, pero deseaba hacerlo cuando me sintiera preparado para hacerlo. No quiero que pienses que te he olvidado porque no es así. Sigues presente en mi vida, solo por el hecho de tener conmigo a Brian. Sabes cuánto significas para mí y nunca podré olvidarte.

―Hola, Kendra. Espero que no te moleste que haya venido ―pronuncio―. Debo reconocer que tenía miedo de venir. Sé lo especial que eres en la vida de McLean, en especial de Logan y Brian, pero quiero que sepas que honro tu presencia en su vida y no me interesa ni pretendo ocupar tu lugar en la vida de ellos. Según me han dicho todos de ti, eras una buena mujer y no voy a hacer que se olviden de ti. No soy esa clase de pareja.

―Sé que alguna vez lo hablamos. Eso de que, si algo nos llegara a pasar, rehagamos nuestra vida y busquemos la felicidad. No creí que eso me tocaría a mí. Ha sido complicado no tenerte junto a mí en la crianza de nuestro hijo, pero he hecho lo posible para que sea como tú. Estoy haciendo lo que me pediste, estoy rehaciendo mi vida junto a una mujer maravillosa, muy distinta a ti, pero igual de hermosa. Por favor, dame una señal para saber que lo que estoy haciendo está bien. Que si llegamos a volver a vernos algún no me reclamarás por lo que he hecho con mi vida.

Apenas termina de hablar, ambos sentimos una corriente fría de aire en nuestro alrededor. Es ella, lo sé. Hoy es un día caluroso, por lo que el cambio de temperatura se siente notoriamente.

Nos miramos un breve momento y sonreímos.

―Gracias, Kendra. No te imaginas como necesitaba esto. Quería contarte que vamos a ser padres. Lauren esta esperando mellizos. ―explica y toca mi vientre, mientras yo vuelvo a sentir esa misma corriente fría sobre mí. Esta vez me envuelve y siento como si me acariciara la mejilla. Normalmente situaciones como está me dan miedo, pero hoy no es así. Me siento tranquila, contenta, porque tengo su beneplácito. Sonrío y digo “gracias” con los labios.

Tomo la mano de Logan y le sonrío, dándole a entender que la misma sensación fría me tocó de nuevo.

Logan llama a Brian para que se acerque a nosotros y este lo hace.

―Hijo, ¿quieres quedarte un rato con mamá y hablar con ella?

―Sí, papá, ¿podemos?

―Claro que sí. Nosotros estaremos en aquella banca esperándote, ¿de acuerdo? ―Logan señala y el niño asiente y lo dejamos junto a su madre―. ¿Estás bien? ―consulta al llegar y nos sentamos.

―Sí, me siento muy bien. ―Doy un suspiro―. Me hubiese gustado conocer a Kendra.

―Sé que, si las circunstancias fueran otras, serían muy buenas amigas, así como lo eres con su hermana. No podría decir que son la misma persona, pero son muy similares.

―Luego de que le pediste su aprobación sentí que hizo presencia ante nosotros. De pronto apareció una brisa fría alrededor nuestro. ¿La sentiste? ―Logan asiente―. Fue maravilloso y luego cuando mencionaste lo del embarazo esa misma brisa la sentí más cercana como si me acariciara el rostro.




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