El veinticinco amaneció pesado.
El calor no daba tregua y la casa todavía estaba llena de restos de la noche anterior: platos apilados, copas olvidadas, luces encendidas sin ganas.
Margarita estaba en la cocina desde temprano. Tenía el cabello atado, una remera lgada y unos shorts tenía una cuchara de madera en la mano. Estaba decidida a aprovechar lo que había sobrado.
Ricardo apareció arrastrando los pies.
—¿Qué haces tan temprano? ni tu mamá ni la mía ni las visitas se han despertado —preguntó, abriendo la heladera.
—Cocino —respondió sin mirarlo—. Algo hay que hacer con toda esta comida.
—Eso no se ve muy comible —dijo él, mirando la olla.
Margarita apretó la cuchara.
—Si no te gusta, no comas.
Ricardo cerró la heladera de golpe.
—Solo digo que ayer estaba mejor.
—Claro —dijo ella—. Ayer había fiesta, gente, ruido. Hoy toca limpiar lo que quedó.
El silencio se tensó.
Ricardo se apoyó en la mesada.
—Estás de mal humor.
—No —respondió ella—. Estoy cansada.
— Entonces porque cocinas.
— Porque si Ricardo.
—¿Querés que ayude? —respondió él.
— ¿sabes cocinar?
— No mucho pero puedo ayudar.
— Mejor ve a sentarte me estas molestando.
— Ay bueno — termino Ricardo y se fue con un yougurt en la mano.
Ricardo se sentó en la mesa con el yogur, girando la cucharita sin ganas. Desde ahí la miraba moverse de un lado a otro, abriendo cajones, revolviendo ollas, limpiando lo que otros habían dejado.
—Oye, que fue lo que deceaste. —dijo de pronto.
Margarita no respondió.
— Me lo Vaz a decir, ¿No? —continuó él.
Eso fue suficiente.
Margarita dejó la cuchara sobre la mesada con un golpe seco.
— te dije que no te lo diría.
— Ash.
—Mejor levántate de ahí y ve a barrer el patio, hay muchas bolsas de bombitas por el pasto. —replicó ella, girándose por fin—. Siempre es lo mismo contigo.
Ricardo frunció el ceño.
—No quiero.
En eso se ya se despertaron algunos integrantes de la familia, los Abuelos, los Tíos, también Isabel y Mariana, Matías y Mateo.
— Qué es lo que huele tan bien — pregunto la abuela.
Margarita sonrió y se guiro para mirarla— Estoy haciendo el desayuno siéntense ya les sirvo— hablo Margarita, después de unos minutos sirvió el desayuno los primos de Margarita aun no se habían despertado.
Después del desayuno las visitas ya estaban a empacando sus cosas para irse en eso ya se habían despertado los primos de Margarita.
— Oye Mar que te hisiste a tu cabello — pregunto Pablo el primo de menor de Margarita.
— Es verdad que le hisiste — añadió Miguel su primo segundo.
— Solo lo corte Esque hace mucho calor por eso.
— Aaaah bueno — dijo Miguel—, y que hay para comer — añadió Pablo.
— Esta en la mesa. Vayan a sentarce.
Margarita vio a Ricardo aun en la mesa con el celular en la mano.
— Ricardo, ve a barrer el patio.
Ricardo levantó la vista.
— Emandaveke.
— dale si que.
Después bajaron las dos primar de Margarita Fiorela y Sora.
Fiorela se despidió de Margarita ya que su novio había venido por ella y Fiorela se quedó imprecionada por la aparienza de Ricardo y se ventó a su lado como si quisiera coquetearle.
Ricardo la miró y luego miro a Margarita incómodo.
— sabes que si voy a ir a barrer. — hablo Ricardo diriguinedoce al patio con un rastrillo.
— ese muchacho es precioso margi — dijo Fiorela mirando a Margarita.
— Tu crees?— dijo Margarita yendoce a doblar la ropa mientras Matías y Mateo limpiaba la cocina y Maríana e Isabel despedía la visita
— si...
Luego de unos minutos la familia se despidió y la tarde siguió normal solo que muy silenciosa solo se escuchaba el sonido del televisor.
El patio estaba limpio y la casa también quedo limpia después de la limpieza.
Y el calor arrazaba la casa todos andaban serca del ventilador porque no querían prender el aire acondicionado.
— hay que calor — se quejo Ricardo. — porque en diciembre hace tanto calor — continuo el.
— si hace demacio calor, estamos en verano es de esperarse. — dijo mariana.
— solo que tal si comemos helado, creo que sobró algo de o que trajo Ricardo — propuso Isabel.
— Siii — dijeron todos.
La familia comenzó a comer el helado a aunque no terminaba con el calor por lo menos lo aliviaba
—Parece que se están llevando mejor, ¿verdad? —dijo Matías, con una sonrisa.
Ricardo y Margarita lo miraron al mismo tiempo. Luego se miraron entre ellos.
—Parece que sí —dijo Isabel.
—No es eso —respondió Ricardo—. Solo no estamos molestándonos tanto.
—Exacto —añadió Margarita—. Solo estamos bien.
El ventilador siguió girando, moviendo el aire caliente por la sala.
No había peleas.
Solo ese raro equilibrio qué era suficiente.
Pasaron las horas y Matías estaba haciendo la cena mientras el resto estaba en la sala.
Margarita estába viendo el álbum de fotos con melancolía. Isabel se acercó a ella.
— Qué pasa cielo.
— Esque papá no está se que ya pasaron años, pero aún lo pone triste a uno.
— Tranquila cariño el seguramente también será celebrando las fiestas en donde esta.
— seguramente.
En eso Matías llamó a todos para comer y en la mesa entre risas todo estaba tranquilo.