Era el 28 de diciembre, una tarde estaba envuelta en un calor pesado. Las musica se escuchaba a lo lejos y en la casa de la familia velazquez se escuchaban risas.
— Mamá, Matías, Margarita, familia. Recibí un un mensaje el miércoles se volverá a hacer la previa a año a nuevo — Exclamó Mateo entrando a la sala inquieto.
— qué? En serio se volverá a hacer.— pregunto Isabel.
— así es.
— eso no se hace desde hace dos años ¿no? — añadió Matías.
— es verdad — dijo Margarita sorprendida.
Mariana y Ricardo se quedaron sorprendidos.
— eso de la previa que es — pregunto mariana
— es como una fiesta antes de resivir el año nuevo — explico Isabel. — es para compartir entre todos los del barrio.
— aaaah — dijo Mariana al igual que Ricardo.
— Bueno nos toco preparar el shipaguazu mamá sin 4 bandejas — dijo mateo.
—Bien lo prepararé el miércoles a la tarde y que más.
— creo que también haique llevar unas 2 o 3 botellas de gaseosas.
— bien cariño lo prepararemos todo para el miércoles ahora ven cientate estamos jugando al impostor — culminó Isabel.
En la casa, la familia estaba en calma no se, Margarita y Ricardo no se estaban peleando y ya estaban haci desde que llegaron del campamento lo cual era una calma para toda la familia. Los días pasaron rápido cada uno seguía con sus cosas mateo tenía que empezar a estudiar temprano para entrar preparando a la universidad Matías estaba arreglando la casa, mariana e Isabel trabajado y Margarita y Ricardo con ellas . En un hbrir y cerrar de ojos llego el miércoles. Y la fiesta de baile comunitaria que se celebraría esa noche requería de toda su energía.
Isabel había cerrado el negocio temprano para en pezar a preparar el chipagiazu y mandar a Ricardo a la tienda a por las gaseosas.
Margarita estaba en la cocina, precalebando el horno. Tenía el cabello recogido, una remera cómoda y shorts. Sus manos iban y venían entre platos que tenía que lavar, bandejas y utensilios.
—Ricardo, ¿podés ayudarme? —preguntó ella, alzando la voz .
—En que pa' recién nomas vine de comprar la gaseosa. —respondió él, entrando con la camisa arrugada y el ceño fruncido, como si acabara de despertarse de un sueño profundo.
—seca los platos y utenculos qué voy lavando —dijo Margarita, mientras colocaba los vasos en una bandeja.
—Bueno… —dijo él.
Mientras tanto, Isabel y Mariana estaban haciendo las mezclas para el chipagiazu tenían que hacer 4 bandejas . Matías y Mateo ayudaban barriendo y limpiando, asegurándose de que cada rincón de la casa quedara limpio antes de salir para la plaza.
—Ay, si vieras el desastre que estaba aquí hace unos minutos —dijo Isabel, mientras ponía la leche en la mezcla—. Esto va a quedar hermoso.
—Sí, si tu lo estás haciendo—respondió mariana mezclando.
Era las 2 de la tarde al empezar. Luego de terminar de hacer una mezcla Margarita llevo la bandeja al horno ya recalentado.
En un rincón, Ricardo miraba a Margarita. Esta observación silenciosa se volvió incómoda para ella.
—¿Qué estás mirando? —preguntó, sin levantar la vista del trabajo.
—Nada… solo que… —dudó él—. Esto se ve bien organizado.
Margarita levantó una ceja.
—¿Y? —preguntó, burlona.
—Bueno, y… que todo va a lucir increíble esta noche —susurró él, antes de darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.
—¡claro! —exclamó Margarita, ruborisada mientras se reía—. Estoy tan feliz de que esto se vuelva a hacer.
Ya estaba siendo bastante tarde eran las 4:30PM De la tarde. Y la familia comenzó a prepalrce mientras se estaban los chipaguazus. La primera tercera asadera ya había salido solo faltaba la cuarta y esa iba a estar justito a las 5 para llevarla al evento todas las asadera estaban dentro e aluminio para que no perdieran su calor.
—¡Todo listo! —gritó Matías, vestido con una camisa blanca de lino arremangada, pantalón beige y zapatillas limpias.
—Perfecto —dijo Margarita con un vestido corto color crema, de tela liviana, sandalias bajas y el cabello suelto—. Por cierto, ¿y Peter dónde está? No lo veo desde hace unos días —añadió, mirando alrededor con una sonrisa.
Ricardo bajó las escaleras vestido con una remera negra ajustada, pantalón oscuro liviano y zapatillas negras,
al igual que Mariana con un vestido largo azul petróleo, fresco, con sandalias elegantes y el cabello recogido de lado.
—Ay, qué preciosa te ves —dijo Isabel con una blusa floreada clara, pantalón suelto y sandalias cómodas.
—Obvio, pero no tanto como yo —dijo Mateo con una pose de actor de película, llevando una camisa color vino medio abierta, jeans claros y zapatillas blancas.
—Bien, entonces ya vámonos. Ricardo, tomá las gaseosas del refrigerador; Mateo lleva una bandeja, tu también Margarita —ordenó Matías.
—Mariana, llevá una bandeja por favor —pidió Isabel—. Yo llevaré esta.
—Sí, claro.
—Bien, por favor métanlas en el auto. Ya voy enseguida, cerraré la casa y traeré las llaves —dijo Matías.
Todos subieron al auto y partieron hacia la plaza central del barrio.
Pasaron los minutos y al llegar, la comunidad ya se estaba reuniendo. La música estaba afinada y cada detalle era perfecto. Bajaron del auto y José y Catalina ya estaban en el lugar.
José llevaba una camisa verde oliva de mangas cortas, pantalón oscuro liviano y zapatillas, con una sonrisa enorme.
Catalina estaba con un vestido amarillo suave, sandalias delicadas y el cabello suelto, fresca y radiante.
—Holi, Mar. Ay, qué rico, vamos a comer algo hecho por tu mami —dijo Catalina sonriendo.
—Ay, hermano querido de mi vida, hoy vinimos con todo, vamos a divertirnos a lo grande. Esto no se hace hace dos años —dijo José emocionado.
—Sí, ya me lo dijeron —respondió Ricardo, dirigiéndose a la conservadora para sacar las gaseosas—. Bien, tomá estas tres —ordenó, dándole a José una bolsa con gaseosas.