Amar A PuÑo Limpio

CAP 41: AÑO NUEVO

Ricardo se sentó en un banco. Tenía los puños cerrados y la mirada clavada en el suelo.

—¿Dime fue eso, Ricardo? —volvió a preguntar, con voz baja, pero firme.

Él no respondió.

—Te estoy hablando —insistió.

Ricardo apretó la mandíbula.

—No lo sé… —grito —.lo siento, Solo la vi… y algo me explotó aqui —se golpeó el pecho—. Y no lo pensé solo.....creo...

—Eso es lo que me asusta —dijo Mariana—.Ricardo te has estado comportado extraño estas mucho más sensible que de costumbre.

Ricardo levantó la vista, los ojos brillosos de rabia contenida.

—¡mamá ella es... ! —no termino su frase dientes—. Solo, Estaba demasiado cerca de él y no me gustó eso. Lo siento.

—¿Y eso te da derecho a empujarla? ¿A humillarla delante de todos? —preguntó ella.

Él abrió la boca para responder, pero no salió nada. Y luego habló.

—Yo no… —su voz se quebró—. Solo…no me gustó y ya.

Mariana lo miró entonces con más suavidad, pero sin ceder. Ricardo bajó la cabeza.

—se enojo sierto?, todos no solo ella, les arruine la noche perdón.—susurró.

— confió en que pedirás disculparas antes de media noche ¿deacuerdo? —respondió Mariana.

El silencio cayó pesado entre los dos.

—Tenés algo adentro que no estás sabiendo manejar, y ahira con lo que pasó tengo miedo de lo que pueda pasarte de aquí en adelante,—dijo ella después, izo una pausa y luego habló — Ricardo,¿ paso algo de lo que deba enterarme en ese campamento?, estas así desde que volvieron de ahí, ¿paso algo con la bestia?

Ricardo respiró con dificultad por un segundo.

—No, no pasó nada —dijo—. Juro que no.

Mariana apoyó por fin una mano en su hombro.

—espero que eso sea sierto y no me estés ocultando algo —respondió ella.

Ricardo cerró los ojos.

—Lo único que si debes tener claro es que....Tengo miedo.

—Lo sé —dijo Mariana—. Yo también.

Después de unos minutos mariana se levantó para volver junto al bullicio.

— trata de supervisar tus emociones y luego ven a disculparte.

— si.

Mariana se guiro y se fue, dejando a Ricardo sentado en el banco.

Ricardo se quedó sentado unos minutos más, con la música volviendo de a poco a sus oídos. Las risas seguían, la fiesta no se había detenido.

Respiró hondo.

Una vez.

Dos.

—No fue tan grave… —se dijo—. Pero igual… no estuvo bien.

Se levantó despacio. Cuando volvió hacia el centro de la plaza, vio a Matías y a Mateo cerca del escenario, hablando con Joaquín y algunos vecinos. Mariana estaba con Isabel, ambas atentas pero tranquilas.

Margarita estaba con Catalina y Muriel. Se notaba molesta, pero no rota. Theo se reía, minimizando lo ocurrido. Eso alivió un poco a Ricardo… y al mismo tiempo le dio vergüenza.

Se acercó despacio, sin interrumpir.

—Theo —dijo finalmente—. Perdón por lo de antes. Me pasé.

Theo lo miró un segundo, sorprendido, y luego encogió los hombros.

—Tranquilo. No pasó nada, Solo… avisá antes de atacar, ¿sí? —bromeó, quitándole peso.

Ricardo asintió y luego miró a Margarita.

Ella no sonreía.

—¿Podemos hablar? —preguntó él.

—Después —respondió ella.

—Está bien.

Ricardo dio un paso atrás. No insistió. Mariana, que observaba desde lejos, asintió apenas, como aprobando esa decisión.

La noche siguió.

La competencia continuó entre aplausos, risas y música. Dahiana brilló en la pista, Muriel la acompañó con energía, José hizo reír a todos con pasos exagerados, y Catalina terminó bailando con medio barrio. Incluso Matías y Rocío se animaron, desatando comentarios y bromas.

Ricardo se mantuvo cerca de su familia. No volvió a beber nada dulce. Se concentró en respirar, en no perderse.

Cerca de las once y media, las luces se atenuaron un poco. El organizador tomó el micrófono y anunció que en pocos minutos comenzarían a contar para el Año Nuevo.

Fue entonces cuando Margarita se le acercó a Ricardo.

—Caminemos —dijo, sin mirarlo.

Fueron hacia un costado de la plaza, lejos del ruido.

—No vuelvas a hacer nada de lo que hisiste —dijo ella, directa—. No quiero que me vuelvas a agarrar como lo hisiste ase rato.

—Lo sé —respondió Ricardo—. Tienes razón, lo siento.

— que fue lo que pasó, estabas celoso? —continuó ella.

Ricardo tragó saliva.

—No, como crees.

— entonces que paso ahí, acaso bebiste algo o..

— estas diciendo acaso que soy una especie de drogadicto.

— yo no dije

— pero lo incinuaste

—Perdón —dijo ella—. Bueno no importa.

Hubo silencio.

—Aun así… —añadió Margarita, más bajo—. No quiero terminar esta noche peleados.

Ricardo la miró, sorprendido.

—Yo tampoco.

Ella suspiró.

—Estamos comprometidos, Ricardo. Estamos en año Nuevo. Y como tu.... Amiga te pido que no agagas algo así es demasiado vergonzoso.

—Bien —dijo él—.

—Bien vamos —dijo—. Ya va a empezar.

Volvieron justo cuando la cuenta regresiva comenzaba.

—¡Diez!

—¡Nueve!

—¡Ocho!

—Sierto tu deseo de navidad margarit.. — dijo Ricardo volteandose para mirar a Margarita, ella junto sus manos y miro al suelo y de sus labios salió solo un susurro.

— Porfavor.

—¡Tres!

—¡Dos!

—¡Uno!

—¡FELIZ AÑO NUEVO!

Los abrazos estallaron por todos lados. Isabel lloró un poco, Matías levantó a Mateo en broma, Mariana besó la frente de su hijo. Y el cielo se iluminó con fuegos artificiales.

—Buena forma de comenzar el año —dijo Margarita mirando el cielo.

Ricardo la miró con desánimo en sus ojos como si estuviera triste o desilusionado.

Sin pensar que ese sería el año que pondría a prueba todo.

La bestia.

El miedo.

Y si verdaderamente se puede amar a puño limpio o verdaderamente siempre con armas.

Al terminar todo, la gente se despidió y comenzó a ir e Matías metió todas las bandejas en el auto y todos se fueron a casa se bañaron y se acostaron a dormir.



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En el texto hay: romace comedia drama

Editado: 02.01.2026

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