Amar Al Enemigo (próximamente)

Prefacio ©

Nunca supe que era la palabra "trabajo". Mi vida estaba resuelta, nunca nos faltaban los caprichos a mamá y a mi hermana, y por supuesto a mí también. Todo lo que conocía era el amor de mis padres y la paz.

Siempre me preguntaba: "¿Mamá o papá tendrían algún favoritismo entre mi hermana y yo?" Después de ese absurdo pensamiento me echaba a reír, porque, claro, era absurdo pensarlo. Siempre que nos daban algo tenía la misma cantidad o el mismo valor.

Fuimos felices, pero siempre dicen que la felicidad tiene un límite y ese límite llegó meses después. Una noche papá empezó a apostar, y desde que llegó esa misma madrugada nada se sentía igual.

Empezaron los problemas familiares y las pérdidas de dinero. Siempre me repetía que esa etapa iba a cambiar, que iba a volver a ser como antes. No sabía si lo hacía por que en verdad esperaba que eso pasará o era para evitar pensar que nunca pasaríamos a siguiente etapa.

Conforme los meses nada cambiaba, al contrario cada mes era peor: papá empezaba a llegar a la noche siguiente, llegaba ebrio y quizás hasta drogado. Perdió la empresa y todos sus ahorros.

Mamá ya no podía con la situación, así que me obligó a trabajar. Al principio no fue tan malo... no hasta que me despidieron por problemas con un cliente. Aunque dure casi seis meses ahí, lo que ganaba no era suficiente para pagar la deuda.

Un día mamá recurrió a un empresario muy importante, ese empresario necesitaba una esposa. Mamá le enseño una foto mía y sin pensarlo me ofreció como si fuera un objeto sin valor, no le dió tiempo a asimilarlo porque mamá ya le había puesto una condición; aceptaría solo si pagaba seis millones de libras.




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