Amar en el momento equivocado.

Capítulo 3: La Infiltración

La noche se cernía sobre la ciudad, un manto oscuro que ocultaba secretos y peligros. La adrenalina corría por las venas de Elena mientras caminaba junto a Alex, las luces titilantes de los neones iluminando sus rostros con sombras inquietantes. Cada paso que daban parecía resonar con la gravedad de la misión que los esperaba. Nunca había deseado tanto descubrir la verdad, pero ahora que estaba a punto de cruzar esa línea, la realidad se desdibujaba entre lo excitante y lo aterrador.

—La mansión de Vidal está custodiada —murmuró Alex, rompiendo el silencio tenso entre ellos—. He estado observándola en los últimos días. Hay guardias y cámaras de seguridad. Pero tenemos una ventaja: el evento de esta noche.

—¿Qué evento? —preguntó Elena, sintiendo que su corazón se aceleraba.

—Una fiesta. Solo los hombres de poder son invitados, y eso nos brinda la oportunidad perfecta. Si nos disfrazamos y nos hacemos pasar por invitados, podremos acceder al interior.

Elena frunció el ceño. La idea de infiltrarse en un evento exclusivo parecía loca, pero la urgencia de la situación pesaba más en su mente. El riesgo era inmenso, y cada segundo contaba.

—¿Y cómo conseguimos los trajes? —preguntó, casi escéptica.

Una sonrisa astuta floreció en el rostro de Alex.

—Tengo un par de contactos. No te preocupes. Solo necesitamos un par de horas para prepararnos. —Su mirada se iluminó con confianza, como si se deleitara en la incertidumbre que les aguardaba.

***

Casi dos horas más tarde, Elena estaba parada frente al espejo de un pequeño apartamento que había sido prestado. La ropa ajustada que llevaba puesta la hacía sentir poderosa, pero la emoción seguía latiendo en su pecho como un tambor disonante. Se sentía diferente, como si la transformación física también implicara un cambio mental. La mujer que miraba de vuelta era fuerte, decidida, dispuesta a enfrentarse a cualquier adversidad. Todo lo que había deseado como periodista podía hacerse realidad esa noche, pero la pregunta seguía persistiendo: ¿estaba realmente preparada para lo que vendría?

El celular vibró sobre la mesa, y la voz de Alex resonó por el altavoz, interrumpiendo sus pensamientos.

—¿Listo para la gran noche? —Su tono era optimista, pero había una emoción subyacente que Elena no pudo ignorar.

—Listísima —respondió, ajustándose el cabello recogido en un elegante moño. La aprehensión inicial cedió un poco de espacio a la anticipación. Había algo envolvente en la idea de estar en el corazón del poder, desafiando lo que había considerado inquebrantable.

—Perfecto. Recuerda, probablemente no estaremos solos. Habrá otros involucrados y uno de ellos podría ser nuestro contacto para obtener el documento. Pero hay que ser cuidadosos. Si algo sale mal…

—No lo dejaré que salga mal —interrumpió, sintiendo que la determinación empezaba a reforzarse.

***

Cuando llegaron a la mansión, la opulencia les abrumó. El ruido de las risas, la música en vivo y el tintineo de las copas creaban una atmósfera electrizante en la que cualquier persona podría perderse fácilmente. Las luces parpadeaban, iluminando un jardín exquisitamente decorado mientras los invitados, enfundados en trajes de gala, se movían de un lado a otro como mariposas en una tormenta.

Con Alex a su lado, Elena se sintió como un pez fuera del agua pero también como una exploradora en un territorio inexplorado. La arquitectura del lugar —lujosos candelabros, mármol pulido y una decoración que gritaba riqueza— le hizo sentir que necesitaba estar en modo de alerta absoluta.

—Mantente cerca de mí —susurró Alex, guiándola mientras sortejaban a los asistentes. Sus ojos escaneaban la multitud, buscando rostros y oportunidades.

—¿Y ahora qué? —preguntó Elena, secándose los sudores de los nervios.

—Primero, tenemos que identificar a nuestro contacto. Su nombre es Lucas, un viejo amigo de Vidal, que también odia la corrupción. La última vez que supe de él estaba en el jardín. Si podemos alcanzarlo, quizás podamos conseguir más información sobre el documento.

Mientras los dos avanzaban por el recinto, Elena sintió que la atmósfera se volvía más densa. La risa y la felicidad de los invitados la envolvían, pero un frío interior le recordaba que, tras esa fachada glamorosa, había un mundo de secretos oscuros.

Una melodía suave comenzó a sonar, atrayendo a la mayoría de los invitados hacia la pista de baile.

—Ahí está —señaló Alex, mientras sus ojos se enfocaban en un hombre de cabello canoso que reía con un grupo de hombres. —Vayamos.

Al acercarse, Elena podía notar a Lucas más claramente. Su porte elegante se mezclaba con una sensación de tensión. La expresión en su rostro cambió en cuanto la mirada se posó en ellos, y su sonrisa inicial se desvaneció.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó, su voz baja y peligrosa, casi como un susurro entre la música.

—Necesitamos hablar. Es urgente —respondió Alex, su tono firme.

—No es un buen momento. Podrían estar vigilando.

El corazón de Elena se aceleró al notar que otros hombres de mirada seria comenzaban a aproximarse.

—Por favor, solo cinco minutos. Necesitamos acceder al documento que tienes —insistió Alex.

Lucas observó de cerca a Elena, como si intentara buscar algo en su mirada, y por un instante, el tiempo pareció detenerse.

—Está bien. No aquí, pero hay un lugar más seguro en la mansión. —Lucas miró por encima del hombro, alarmas disparándose en su mente—. Sigan mi ritmo, y manténganse juntos.

Mientras seguían a Lucas a través de un pasillo iluminado tenuemente, Elena sintió que el peligro acechaba desde las sombras. Su mano se apretó alrededor de la de Alex, un gesto instintivo. El aire se sentía cargado de tensión, como si cada paso que daban fuese sobre una fina línea entre lo posible y lo imposible.

Finalmente, Lucas se detuvo frente a una puerta. Miró a su alrededor frenéticamente y la abrió, permitiéndoles entrar a una habitación decorada con oscuro y profundo gusto.




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