Amar en el momento equivocado.

Capítulo 4: El Golpe Sorpresivo

El eco de los pasos resonaba como un reloj de cuenta atrás en la mente de Elena. Su corazón latía con fuerza en sus sienes, mientras la puerta crujía peligrosamente, haciendo eco de la inminente amenaza al otro lado. La habitación era pequeña, y el aire denso con la inquietud palpable. La conexión con Alex se volvió tangible; ambos compartían un mismo propósito, un mismo temor.

—¿Qué hacemos ahora? —murmuró Elena, notando que la ansiedad comenzaba a transformarse en determinación.

Lucas, con el rostro pálido, buscó la forma de escaparse.

—¿Dónde está el documento? —preguntó Alex, su voz grave y urgente—. Necesitamos ese documento antes de que nos encuentren.

—Lo tengo en la oficina de mi padre, pero no podemos salir ahora. Tienen hombres en todas partes. Si entran aquí, estamos perdidos.

La mirada de alex se volvió firme, y en un instante de lucidez, sugirió una idea.

—Entonces tenemos que distraerlos. ¿Tienes algo que podamos usar?

Lucas buscó entre los objetos en la habitación y encontró un pequeño jarrón decorativo.

—Esto puede romperse y hacer ruido —dijo, entre angustias. —Pero no estoy seguro de que eso sea suficiente.

—Es un buen comienzo —respondió Alex, mientras comenzaba a formular un plan. —Elena, ¿puedes hacer ruido en el pasillo? Cuanto más se distraigan, más tiempo tendremos.

Elena asintió, sintiendo que la adrenalina comenzaba a fluir por sus venas. Preparándose para jugar su parte, salió un paso hacia atrás.

—¿Y tú qué harás? —preguntó, mirándolo con preocupación.

—Voy a crear una ruta de escape hacia el área de servicio. Si logramos salir antes de que se den cuenta de lo que está pasando, será nuestro mejor momento.

Cuando los pasos se acercaron al lugar, Elena sintió que sus nervios llegaban al límite. Miró a sus compañeros, se sintió unida a su causa. Con un gesto rápido de Alex, el plan se activó.

Antes de que comprendiera lo que sucedía, Alex rompió el jarrón contra el suelo, haciendo que un estruendo resonara que hizo eco por todas partes.

El siguiente momento fue un torbellino. Sonidos de murmullos vinieron de la puerta, y la atención de los hombres afuera se desvió hacia el ruido.

—¡Vamos! ¡Ahora! —gritó Alex, empujando a Lucas hacia una puerta de servicio.

Elena lo siguió rápidamente. Con los corazones a mil por hora, sólo el sonido de sus pasos resonando en el suelo azulejado los acompañaba. A medida que giraban por el pasillo trasero, la luz tenue apenas iluminaba su camino.

—¿Dónde está la oficina de tu padre? —preguntó Elena, su voz atrapada entre el eco de la prisa.

—Por aquí. —Lucas condujo con presión, mirando constantemente hacia atrás.

Las sombras danzaban alrededor de ellos mientras avanzaban rápidamente. Cuando llegaron a una puerta marcada con un pequeño letrero dorado que decía "Oficina del Sr. Vidal", Lucas sacó una llave del bolsillo y la insertó en la cerradura. Con un giro pausado, abrió la puerta con cuidado.

—Está adentro —susurró Lucas, abriendo un poco más la puerta para que pudieran ver. La oficina era lujosa, con muebles opulentos y estantes repletos de antiguos libros de leyes. Pero en el centro del escritorio, bajo un trozo de papel decorativo, se encontraba la verdad que buscaban.

Elena, incapaz de contener la respiración, se sintió atraída hacia el escritorio. Con un rápido movimiento, levantó el documento.

—Esto es —dijo, su voz emocionada.

Pero antes de que pudiera celebrarlo, un grito resonó en el pasillo.

—¡Ahí están! —gritaron varios hombres, y el pánico se apoderó del espacio.

—¡Salgan, ahora! —gritó Alex, tomando de la muñeca a Elena y a Lucas.

—¡No me dejen! —gritó Lucas mientras comenzaban a correr, las sombras de los hombres acechando detrás de ellos.

Se lanzaron hacia la salida trasera donde habían entrado.

—¡Rápido! —gritó Elena, sus piernas llevándola más allá de las puertas y hacia el jardín trasero que se extendía ante ellos, iluminado por la luna.

Sin embargo, cuando pensaron que alcanzaban la libertad, un grupo de hombres apareció en el camino de salida, bloqueándoles el paso. La desesperación llenó el aire.

—¿Hacia dónde creen que van? —preguntó uno de ellos, su voz amenazante.

El corazón de Elena se hundió. No podían volver atrás y no había lugar al cual escapar. Pero la chispa de la lucha iluminó su mente.

—¡A la izquierda! —gritó Alex, mientras empujaba a Elena hacia el lado, buscando una ruta de escape.

Mientras corrían, el sonido de sus pasos se mezclaba con el eco de los hombres que los perseguían, y en la brevísima fracción de tiempo, se encontró con una calle directa hacia el caos del evento.

El viento sopló con fuerza mientras salían de la mansión, y el sonido de la música volvió a inundar sus oídos. La multitud que antes disfrutaba de la fiesta ahora miraba con inquietud. Todos se dieron cuenta de la llegada de los hombres encapuchados. La vida del evento se transformó en desconfianza.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Lucas, luchando por mantenerse junto a ellos.

—Debemos mezclarnos con la multitud —dijo Alex, pero estaba claro que el tiempo se les acababa.

Cruzaron la avenida, entre las caras atónitas de los demás asistentes, intentando no destacar. El documento estaba en las manos de Elena, pero no podían permitirse ser atrapados en ese momento decisivo.

—¡Deténganse! —gritó un guardia de seguridad, señalándolos mientras otros hombres se unían a la búsqueda.

El corazón de Elena palpitaba con fuerza, el camino hacia la redención se movía hacia cada segundo que pasaba. La verdad que deseaban estaba a su alcance, pero la caza también estaba en su contra.

Mientras lograban entrar en el bullicio y la espléndida confusión de la fiesta, sintieron que la tensión se entrelazaba con la posibilidad de que todo pudiera colapsar en un suspiro. Las miradas curiosas se volvían evidentes, sus mentes cuestionadoras. ¿Podrían salir ilesos? ¿Tendrían éxito en su misión?




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