Amar en el momento equivocado.

Capítulo 5: La Verdad en el Laberinto

El bullicio de la fiesta parecía un sueño distorsionado mientras Elena, Alex y Lucas se entrelazaban con los asistentes, sus corazones latiendo con una urgencia casi palpable. La música vibraba en el aire, un recordatorio de que la vida continuaba para todos, ajenos al peligro que se cernía sobre ellos. Las miradas confundidas seguían a los tres, que, ocultos entre las sombras, trataban de encontrar una salida.

—¿Dónde iremos? —susurró Lucas, su voz apenas audible sobre el ruido del evento.

—Necesitamos un lugar seguro donde ocultarnos y discutir nuestro próximo movimiento —respondió Alex, aunque su mirada mostraba una tensión creciente. Sabía que el tiempo se les agotaba y que cada segundo contaba.

Mientras cruzaban el amplio vestíbulo, una risa estruendosa resonó cerca de ellos. Un grupo de hombres de negocios, que parecían estar compartiendo historias de éxito, los reconoció. Uno de ellos se volvió abruptamente hacia ellos.

—¡Hey! ¡Tú, mujer! —gritó, señalando a Elena con un dedo acusador—. ¿Qué haces aquí?

El corazón de Elena se detuvo por un instante. La multitud comenzó a girar y a observar, atrapada por la inminente confrontación. En un instante, la euforia del evento se transformó en rechazo y desconfianza.

—Debemos irnos de aquí —dijo Alex, expresando la urgencia que acumularon en sus corazones.

—Sigue caminando, actúa normal —susurró Lucas, empujando a Elena hacia un lado.

Pero la situación se tornó crítica cuando uno de los hombres del grupo lanzó una advertencia.

—No se vayan, queremos hablar.

Toda la conversación se convirtió en ecos de murmullos, y Elena sintió la presión de ser observada. Los hombres se acercaron, y la ansiedad subió hasta convertirse en pánico.

—No tenemos tiempo para esto —dijo Alex, entrecerrando los ojos, mientras buscaba una ruta de salida. La determinación en su voz era evidente; no dejaría que los capturaran.

Elena sintió el calor de la presión, la verdad del documento que sostenía en su mano, iluminando la dirección que debían tomar. Sin embargo, eso no era suficiente para calmar el inminente peligro que los acechaba.

—¡Detenéte! —gritó el hombre del grupo, avanzar hacia ellos.

Fue entonces cuando la mente de Elena comenzó a agitarse. En un instante de claridad, recordó otra entrada hacia la parte trasera del jardín.

—¡Por allí! —gritó, señalando un pasaje que se ocultaba tras una cortina de plantas. Sin pensarlo, se lanzó corriendo hacia el camino, seguida de cerca por Alex y Lucas.

—¿Estás loca? —protestó Lucas, mientras intentaban navegar entre las plantas densas. Pero la adrenalina les proporcionó la velocidad necesaria, y los sonidos de sus perseguidores se desvanecieron a medida que se hundían en la oscuridad.

Una vez dentro, el aire era fresco y tranquilizante, alejándolos momentáneamente del caos de la fiesta. Pero la calma fue breve, pues se dieron cuenta de que estaban atrapados en el laberinto de un jardín, lleno de recovecos y escondites, con caminos que llevaban a callejones inesperados.

—¿Y ahora? —preguntó Alex, mirando a su alrededor. La ansiedad comenzaba a llegar a su punto culminante.

—Necesitamos un plan —dijo Elena—. No podemos quedarnos aquí por mucho tiempo. Tienen nuestras características, y vendrán en nuestra búsqueda.

—El documento que tienes es nuestra única ventaja —respondió Lucas, sus ojos inquietos—. ¿Quiénes son estos hombres y por qué están tan interesados en él?

Elena sintió cómo el peso del papel en su mano se hacía cada vez más pesado. Por un lado, era su entrada a la verdad; por otro, su carga emocional. Tenía que desentrañar la historia oculta tras esas páginas.

—Espera un momento —dijo, tomando aire fresco. Necesitaba calmarse para pensar con claridad. —No tenemos que quedarnos aquí. Hay que influir en ellos.

—¿Cómo? —preguntó Alex, frunciendo el ceño.

—Si realmente hay corrupción involucrada, debemos filtrar nuestra información a los medios antes de que lo destruyan. Antes que ellos puedan achicar pruebas, la verdad debe salir a la luz.

—Tienes razón —dijo Alex, moviéndose hacia ella. Su mirada llevaba una chispa de esperanza—. Pero para eso necesitamos crear una distracción mayor.

De repente, un sonido ensordecedor rompió el silencio del jardín. Era un grito, una voz familiar que hacía eco en el aire como un trueno.

—¿Qué fue eso? —preguntó Lucas, girando hacia el sonido.

Elena parpadeó, dándose cuenta de que se sentía parte del laberinto ahora. Era como si todo estuviese conectado con su misión. Lo que había comenzado como una aventura personal se había transformado en algo más grande; era una lucha por la justicia.

—Vayamos hacia esa dirección —dijo Elena, su mente trabajando a mil por hora. La presión en sus corazones no podía ignorarse y seguía creciendo.

Mientras se dirigían hacia el sonido, Elena sintió una mezcla de anticipación y miedo. El laberinto se componía de caminos que parecían cerrarse ante ellos y, al mismo tiempo, ofrecerles nuevas oportunidades. El grito resonante volvió a llegar, llenándola de una mezcla de inquietud y determinación.

—¿Qué si están atrapados? —preguntó Lucas, su voz tensa—. ¿Qué si no logramos salir?

—No lo permitiremos, juntos vamos a descubrir lo que está sucediendo. —decidida, dirigió su mirada hacia Alex, sintiendo que la chispa de valentía comenzaba a encenderse entre ellos como una llama—aún no sabemos de qué son capaces.

Mientras el grupo avanzaba, rápidamente comenzaron a divisar la fuente del grito. Cuando llegaron a un claro, lo que encontraron cambió todo el juego.

Un hombre estaba siendo acorralado por dos de los hombres que habían estado persiguiéndolos. No parece mucho, pero al examinarlo más a fondo, se dieron cuenta de que se trataba de Lucas, un viejo amigo de Alex, quien estaba visiblemente nervioso mientras hablaba con su captor.

—No lo hagas, Lucas. ¡Sal de aquí! —gritó, sintiendo la catarsis del momento brotar.




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