Amar en el momento equivocado.

Capítulo 7: La Traición Inesperada

La noche estaba envuelta en una oscuridad opresiva, y la adrenalina fluía como fuego en las venas de Elena mientras ella, Alex y Lucas se apresuraban a través del jardín laberíntico de la mansión. El eco de su respiración se mezclaba con los sonidos distantes de la fiesta. Pero a pesar del bullicio que se desvanecía, el peligro como sombra los seguía muy cerca.

—¿Por qué no hay una salida? —preguntó Lucas, su voz entrecortada por la ansiedad.

—Debemos buscar un camino que nos lleve a la parte delantera —respondió Alex, su mirada enfocada en la oscuridad—. No podemos quedarnos mucho más tiempo aquí.

Pero, a medida que avanzaban, la multitud festiva del evento parecía desvanecerse en un susurro. El camino se volvía más estrecho y angosto, y la presión de no ser descubiertos crecía en un espiral de tensión.

De repente, un grito rompió el silencio nocturno:

—¡Se están escapando! —gritó uno de los hombres de Julie, que había ido tras ellos.

Elena sintió el estómago encogerse.

—¿Vamos a enfrentarlos? —preguntó Lucas, incrédulo.

—No tenemos tiempo —respondió Alex—. Necesitamos el documento. Saber lo que ocurre y cómo podemos exponerlo.

Pero no había tiempo para más palabras. De repente, un rayo de luz iluminó el camino alrededor de ellos, y un guardia apareció en la penumbra. Miró hacia los tres, su rostro impasible y frío.

—¡Alto! —gritó, acercándose rápidamente a ellos.

Sin pensar, Alex tomó a Elena y Lucas de la mano, llevándolos de vuelta por donde venían. Pero a medida que retrocedían, otro grupo de hombres apareció, cortando su retirada.

—¿Ahora qué? —preguntó Lucas, tomando conciencia del callejón sin salida que habían creado.

—Debemos dividirnos —sugirió Elena, la idea surgiendo de la necesidad de encontrar una salida. —Cuando los dispersamos, será más fácil escaparnos.

Alex miró a Elena, su mirada intensa y preocupada.

—No. No podemos separarnos.

—No hay otra opción. Es la única forma de aumentar nuestras posibilidades —respondió Elena, su voz temblorosa pero firme.

El silencio en la oscuridad era agobiante mientras fijaban sus miradas. De repente, un sonido hirviente rompió el aire. La voz de alguien resonó desde la distancia, y un estremecimiento recorrió el cuerpo de Elena.

—Tenemos que irnos ahora —dijo ella, apremiante—. ¡Elijamos un camino!

—¡Rápido! —gritó Alex, y en un instante, decidieron separarse.

Elena se adentró en un rincón oscuro del jardín, el corazón latiendo con fuerza. Al voltear una esquina, se encontró con una escalera de servicio que conducía a la parte trasera del edificio. Sin dudarlo, tomó el camino, dispuesta a seguir el impulso de la adrenalina.

Cuando Elena llegó a la parte trasera, una corriente de aire fresco la impactó con fuerza. Podía escuchar el murmullo distante de la fiesta, pero la calle permanecía en silencio. Aun con el peligro a su alrededor, deseaba olvidar los horrores que la rodeaban en ese momento. Tenía que concentrarse en su misión.

En un instante, todo se quedó en suspenso. Tenía que encontrar a Alex y Lucas, pero sobre todo, el documento contenía información que potencialmente podría desmantelar el sistema corrupto que habían estado apuntalando.

Mientras buscaba, vio algo que captó su atención. Una puerta entreabierta en la parte trasera de la casa, con luz resplandeciendo por las rendijas. Se acercó, su corazón latiendo cada vez más rápido.

El interior estaba oscuro, pero un brillo dorado iluminaba el plano, llenando la habitación de un aire aproximado a lo inevitable. Con cuidado, empujó la puerta, intentando no hacer ruido.

Y allí estaba, en el centro del cuarto, la opulenta oficina de uno de los organizadores del evento. Era un lugar que esperaba ver repleto de documentos y pruebas que desenmascararían la corrupción, pero una sensación inquietante comenzó a extenderse en su interior.

Antes de que pudiera procesar lo que había encontrado, una sombra emergió detrás de ella; era Alex, que había logrado encontrarla.

—¿Estás bien? —preguntó, sus ojos llenos de preocupación.

—Sí, pero necesitamos encontrar el documento; esta es la oficina de una de las personas involucradas —respondió Elena, sintiendo que el tiempo era limitado.

Alex se acercó, su atención enfocada en los muebles.

—Aquí —dijo, señalando un archivo abierto en el escritorio.

Elena se acercó rápidamente para mirar. No era el documento que buscaban, pero contenía información que la hizo contener la respiración. Era un informe sobre transacciones ilegales, con nombres y fechas que, sin duda, llevarían a la exposición de la red corrupta.

Pero algo no sonaba bien.

—No olvides que hay hombres buscándonos —susurró Alex, su voz temblando de ansiedad.

Elena sintió que su corazón se aceleraba.

—Estoy casi segura de que Lucas también está viniendo hacia aquí. Necesitamos salir rápido —dijo, tomando el informe con fuerza, y en ese momento, un sonido proveniente del exterior la hizo congelarse.

Era un grupo de hombres que se acercaba, voces alzándose en murmullos de indignación.

—¡Ellos por aquí! —gritó una voz familiar que calmó el pánico en su pecho.

Alex y Elena intercambiaron miradas y, en ese instante, la sensación de que todo podía desmoronarse los hizo actuar rápidamente.

—¿Qué hacemos? —preguntó Alex, su mirada clavada en la puerta.

Elena supo que lo que tenían era vital, pero también se daba cuenta de que la situación era compleja. Cuando estaba a punto de arriesgarse a salir, un golpe resonó en la puerta; un estruendo revivía la tensión.

Con el corazón palpitante, entendió que la espera se había terminado. El silencio fue reemplazado por un grito.

—No hay salida para ustedes —decía Julie, frente a ellos con la mirada fija y peligrosa.

Como una nube de tormenta, el peligro comenzó a acumularse en lo profundo de su ser.

—Tú no deberías estar aquí —dijo Alex, dando un paso atrás, su cara vividando.




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