Amar en el momento equivocado.

Capítulo 8: La Oportunidad de Escapar

La luz de la habitación iluminaba el rostro de Julie, quien parecía disfrutar de la tensión en el aire. Elena sentía cómo su corazón latía desbocado; la confrontación con aquella mujer la llenaba de furia. Tenía en sus manos un informe que podía cambiar el curso de todo, pero ahora enfrentaba una amenaza tangible que podría apoderarse de su vida y sus sueños.

—¿Creías que podías salir de aquí con esa información? —dijo Julie, con una voz fría y burlona. Sus ojos brillaban con malicia. —No sabes a lo que te estás enfrentando.

Elena se encontró en una encrucijada emocional. En sus manos, el papel ardía como un faro de esperanza, pero ahora la realidad era que no tenían ninguna ventaja. Julie había cerrado el círculo, y los hombres que habían estado persiguiéndolos estaban cada vez más cerca.

—¿Qué deseas, Julie? —le preguntó Alex, su voz llena de desafío—. No puedes hacer esto. Sabes que lo que está pasando aquí será revelado.

—Sé mucho más de lo que imaginas —respondió ella, su sonrisa astuta al borde de la provocación. —¿Es tu intención jugar a héroes? Hay cosas en juego que no comprenden.

Elena sintió el pulso de la desesperación. La idea de perder toda la verdad por la arrogancia de algunos hombres era inaceptable. La corruptela en su entorno les había dejado sin otra opción, pero ya había recorrido un camino del que no podía retroceder.

—Nunca lo entenderías —replicó Elena, tratando de optar por el valor mientras sostenía el documento con fuerza. —Esta vez, la verdad ganará.

Julie se rió, un sonido que resonó en el aire como un eco siniestro, y Elena empezó a sentir que la desesperación la ahogaba. Desde un rincón de su mente, una idea se asomó, una chispa de esperanza que se encendía.

Si querían salir de esa situación, tendrían que actuar rápido y con astucia. La confrontación no solo sería una batalla de palabras, sino también una prueba de ingenio.

—¿Qué pasará con tu vida cuando todo esto se revele? —preguntó Elena, el desafío surgiendo en su voz—. ¿No temes las consecuencias que están más allá de estos muros?

Julie frunció el ceño, intrigada por el giro en la conversación.

—No soy la que debería temer, querida. Vosotros sois los que están en peligro real.

Elena tomó aire, preparándose para jugar su última carta antes de que la situación se tornara irreversiblemente oscura.

—Lo que no sabes es que hemos enviado copias de este documento a diversas redacciones —dijo, levantando el informe de manera burlona—. Si algo me sucede, la verdad saldrá a la luz de todos modos. Doce periodistas están esperando noticias.

Las palabras de Elena colisionaron en la sala, y la pausa en la expresión de Julie fue notoria. La confianza emergía y, por un momento, parecía que había enmudecido.

—¿De verdad crees que eso te salvará? —Julie replicó, pero su tono ahora era un poco más reservado, un tono que Elena supo que denotaba duda.

El tiempo parecía moverse más lento mientras la tensión se acumulaba.

—No me subestimes. La verdad siempre encuentra su camino —dijo Elena, forzando una sonrisa desafiadora, firmemente convencida de que estaba dando la batalla correcta.

Alex miró a Elena desde el otro lado de la habitación, sus ojos llenos de confianza y apoyo. La chispa entre ellos se encendía nuevamente; no estaban luchando solos, estaban en esto juntos.

Entonces, un golpe en la puerta resonó, interrumpiendo la conversación. La situación se volvió todavía más tensa.

—¡Vámonos! —gritó un hombre desde el otro lado, su voz grave cargando con la urgencia de la situación.

Fue un instante decisivo. Julie se giró hacia la puerta, y Elena sintió que la oportunidad se deslizaba entre sus dedos. Era ahora o nunca.

—¡A la izquierda! —gritó Alex, tomando la mano de Elena, impulsándola hacia el pasillo.

Con la adrenalina corriendo a través de sus cuerpos, el grupo tomó la decisión de salir corriendo. Encuentran su camino hacia la parte oscura del corredor, mientras los ruidos de la fiesta resonaban con locura, como si una tormenta estuviera a punto de desatarse.

Cuando llegaron al jardín, el aire exterior se sentía fresco y revitalizante, como si cada respiración los llenara de empoderamiento. Pero sabían que no podían detenerse.

—¿Y Lucas? —preguntó Elena, el pánico comenzando a invadir su voz.

—¡Él viene! —gritó Alex mientras giraba en dirección a la entrada de servicio, donde encontraron el refugio en medio del caos.

Pero antes de que pudieran llegar, un sonido atronador resonó detrás de ellos. Un grupo de hombres salió de la mansión, y la amenaza de ser atrapados se cernía sobre ellos.

El corazón de Elena latió con fuerza, y el instinto de supervivencia se apoderó de ella.

—¡Rápido! —gritó, señalando una puerta entreabierta a su izquierda—. Podríamos escondernos allí.

El pánico llenaba el aire mientras los tres se lanzaban detrás de la puerta. Dentro, las sombras parecían envolvertes, creando una atmósfera opresiva.

—No podemos quedarnos aquí mucho tiempo —dijo Alex—. Necesitamos un plan.

Elena sentía el peso del informe en su bolsillo, un recordatorio constante del peligro que les esperaba. Pero también era su arma —su único hilo de esperanza para encerrar a sus perseguidores y seguir adelante con su misión.

—Necesitamos salir de la mansión y buscar un lugar seguro donde podamos hablar y planificar nuestro siguiente movimiento —dijo Elena, determinando que el caos no podía ser su final.

Los susurros de pasos y voces se hacían cada vez más cercanos, y la presión se intensificaba. Su vida estaba en juego, pero también estaba el futuro de muchas personas que dependían de que la verdad saliera a la luz.

Lucas apareció súbitamente al final del pasillo, un destello de esperanza en su mirada.

—¡Chicos! ¡Aquí! —gritó, justo a tiempo.

El corazón de Elena se llenó de alivio.

—¡Rápido! —les dijo mientras tomaban refugio en el rincón de la habitación. El sonido de los hombres se desvanecía en el fondo, pero su fuerza y determinación no permitían que la batalla se finalmente se agazapara en su mente.




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