Amar en el momento equivocado.

Capítulo 9: La Huida a Través de la Noche

La atmósfera sombría en la habitación parecía apretarse a su alrededor. Elena, Alex y Lucas se encontraban atrapados entre la desesperación y la determinación. El sonido de pasos pesados resonaba afuera, cada golpe como un eco de la cuenta atrás de su tiempo.

Elena sostuvieron el informe con fuerza y respiró hondo, tratando de calmar el caos en su interior. Sabían que su única oportunidad sería salir antes de ser atrapados.

—No podemos quedarnos aquí más tiempo —dijo Alex, tratando de contener su nerviosismo—. Julie no se detendrá hasta que nos encuentre.

—Quizás deberíamos hacer una distracción —sugirió Lucas, su voz baja, pero llena de intención. —Si logramos llamar la atención, podrán dejar que algunos de nosotros se escapen.

Elena sintió que la idea tenía potencial. La creatividad podía ser su aliada, incluso en medio de una situación desesperada.

—¿Cómo hacemos eso? —preguntó.

—¿Qué tal si encontramos algo ruidoso? Tal vez algún objeto que podamos lanzar fuera y que atraiga su atención en la dirección opuesta —propuso Lucas.

La idea resonó en la mente de Elena, quien a menudo había utilizado distracciones en su trabajo como periodista. Necesitaban salir.

—Vamos a hacerlo. —Dijo, buscando en la habitación para encontrar algo que pudiera funcionar. Entonces vio una lámpara antigua en la esquina, elegantemente decorada con detalles dorados. Sin pensarlo dos veces, corrió hacia ella, enfocando su mente completamente en el plan.

—¡Nada de eso!, no puede ser demasiado obvio —protestó Alex—. Necesitamos algo que no los atraiga de inmediato.

—No tengo tiempo para discutir detalles —replicó Elena con determinación—. Necesitamos una oportunidad y este es nuestro único recurso.

Aprovechando la adrenalina acumulada en su interior, Elena levantó la lámpara con decisión, sintiendo el peso de su decisión mientras dividía sus pensamientos entre la acción y la respuesta del mundo exterior.

—¿Dónde la lanzamos? —preguntó Lucas, observando con expectativa.

—Al jardín, donde podría caer cerca de la entrada principal. —Dijo Elena, intentando visualizar rápidamente el camino que seguirían. —Si hacemos suficiente ruido, los atraeremos.

Alex asintió y, poco a poco, la estrategia comenzó a tomar forma en sus mentes. Pero antes de que pudieran ponerla en marcha, un estallido ruidoso resonó detrás de la puerta.

—¡Rápido! —gritó Lucas, y con una decisión que dejó claro que no había tiempo que perder, la tarea apenas había comenzado.

Elena se lanzó hacia la puerta al instante, dando el salto para abrirla lo suficiente. Con un giro, corrió con la lámpara hacia el jardín. La adrenalina chisporroteaba mientras se alejaban, y el sonido de su aliento fresco cortaba el aire.

En un movimiento rápido, lanzaron la lámpara hacia el jardín, donde se escuchó un estruendo mientras el objeto se rompía en el suelo.

—¡Ahora! —gritó Alex, y salieron corriendo tras la lámpara, sus pasos resonando en el frío suelo que parecía retumbar las vibraciones del evento.

La distracción funcionó. Las luces de la fiesta se apagaron cuando las sombras se disipaban por el camino como un espectro. Sus corazones latían con fuerza, el miedo transformándose en un empoderamiento común mientras el sonido lejano se distanciaba a medida que se adentraban en la oscuridad.

—¿Hacia dónde vamos? —preguntó Lucas, su respiración agitada.

—Por ahí, hacia el bosque —dijo Alex, apuntando hacia un sendero que conducía a un área boscosa detrás de la mansión. Era el plan que habían formulado en su mente. Con cada paso, la libertad parecía latente, como el aire nuevo y fresco en sus pulmones.

A medida que se adentraban en el bosque, la vegetación comenzaba a mezclarse con la penumbra, las sombras se alargaban y el sonido de la fiesta se convertía en un eco lejano. Elena sentía la adrenalina fluyendo a través de su cuerpo, un crisol de emoción y miedo al mismo tiempo.

—¿Cuál es el siguiente paso? —preguntó Lucas, sintiendo que el miedo comenzaba a brotar de su voz.

—Necesitamos encontrar un lugar seguro donde podamos planear nuestro siguiente movimiento —respondió Elena, su voz firme pero intranquila.

Mientras se movían entre los árboles, las ramas crujían bajo sus pies.

—Pero, ¿dónde? ¿Dónde vamos a encontrar un lugar seguro? —susurró Lucas, perdiéndose en la sensación de desasosiego.

El silencio del bosque fue plomizo. De repente, el sonido de pasos resonó por detrás de ellos, y la adrenalina afloró en sus venas nuevamente.

—¡Rápido, escóndanse! —ordenó Alex, indicando un arbusto denso que les ofrecía un refugio inmediato. En un instante, se aplastaron contra la vegetación, conteneniendo la respiración.

Vieron luces en la distancia, un resplandor que inhibía la oscuridad. Los hombres que habían dejado atrás estaban persiguiéndolos.

—¿Cuánto tiempo creen que aguantarán ocultos? —susurró Elena, sintiendo que el tiempo se deslizaba rápido.

—Scott y sus hombres son astutos, pero también son humanos. Si tenemos suerte, se alejarán —dijo Alex, su voz baja pero decidida.

Esperaron, el silencio llenando el entorno, el viento susurraba suaves palabras de esperanza. A medida que los hombres se alejaron, el grupo puso atención en el camino que se cortaba a un lado de ellos, donde las sombras del mundo parecían abrirse ante ellos.

—Deberíamos salir de aquí —sugirió Lucas, su voz temblando.

Eran conscientes de que debían actuar con rapidez, pero también de que la situación seguía siendo delicada. Cada paso que daban contribuía a la decisión que afectaría no solo su vida, sino la posibilidad de cambiar la corruptela que amenazaba su existencia.

—Necesitamos encontrar un teléfono y avisar a alguien —decidió Elena, sintiéndose responsable ante la amenaza que se cernía sobre ellos.

Tomando la iniciativa, salió del arbusto y se dirigió a un sendero que se abría frente a ellos.




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