Amar en el momento equivocado.

Capítulo 12: Entre la Luz y la Oscuridad

El caos estalló en el almacén. La atmósfera se tornó electrizante mientras Elena, Alex y Martín luchaban contra los hombres que habían irrumpido. Los cuerpos se movían con rapidez, y los impactos resonaban en el aire. Las sombras se retorcían, convirtiéndose en un torbellino de acción en el que la necesidad de sobrevivir dominaba cada pensamiento.

Elena sintió la adrenalina comprarla con fuerza. El sonido de las voces y los gritos se mezclaban con los golpes de los cuerpos enlazados en una lucha desesperada. A pesar de la confusión, ella sabía que tenía que actuar con precisión y determinación.

Un hombre frente a ella se abalanza, y en un instante, sus ojos se encuentran. Era uno de los hombres que había estado persiguiéndolos, y era evidente que no tenía intención de dejarla escapar. Sin pensar, Elena se lanzó hacia adelante y, con un rápido movimiento, usó una de las sillas del almacén para bloquear su camino.

—¡Martín, cuida de la puerta! —gritó Elena, sintiendo cómo la ira comenzaba a brotar de su interior. Pero el caos se intensificaba a medida que los hombres entraban. La carga emocional de proteger sus vidas se unía a la urgencia del momento.

Con una fuerza renovada, ella continuó luchando mientras el ruido de la batalla resonaba.

—¡Alex, cuidado! —gritó Martín, quien justo había sido empujado hacia un lado por uno de los hombres.

Elena vio el peligro y, sin pensarlo, se arrojó hacia su amigo. El hombre que atacaba a Alex se distrajo temporalmente y, con un impulso, Elena logró empujarlo al suelo.

—¡Ahora! —gritó Alex, tomando impulso y ayudando a Elena a derribar al hombre por completo.

Ambos se giraron rápidamente hacia Martín, quien trataba de mantener la puerta segura, pero el número de atacantes se estaba multiplicando, y el momento de decisión se acercaba.

Elena sintió que el tiempo se desvanecía. Ya no podían permanecer allí; necesitaban salir y encontrar un lugar seguro donde proteger el documento y planificar su siguiente movimiento.

—¡Salgan! —ordenó Alex, mirando a sus amigos con una determinación feroz.

Con una rapidez ensordecedora, hicieron retroceder a los hombres que intentaban entrar. Martín encontró un espacio por donde escapar, y ahí fue cuando se dieron cuenta de que ese era su mejor momento.

En un formado impulso, el trío corrió hacia la salida, aterrizando ensombrecidos por la sombra de la noche. La ciudad estaba iluminada frente a ellos, pero el peligro todavía acechaba detrás de las sombras.

—¿Dónde vamos? —preguntó Martín, su rostro aún tenso, mientras se recuperaban de la última emboscada.

—Necesitamos un lugar seguro —respondió Elena, sintiendo que la urgencia comenzaba a florecer de nuevo—. Debemos encontrar un sitio donde podamos ocultar el documento.

A medida que avanzaban, el silencio de la noche se volvía profundo. Las luces de la ciudad brillaban a lo lejos, pareciendo prometer una salida a su aflicción, pero también llenaban el aire de preocupación. La percepción del peligro se incrementaba, y la sensación de libertad se tornaba cada vez más esquiva.

—Podemos ir a mi apartamento —sugirió Alex, su mente corriendo para recuperar el aliento—. Ahí podemos analizar el documento y revisar nuestros pasos.

Elena no podía creer lo que estaba escuchando. La prisa de su corazón se intensificó nuevamente al imaginarse dentro de su hogar, donde podría trabajar en un lugar seguro y proteger el informe. Pero la negativa de la ciudad también la preocupaba, y la imagen de los hombres atacando su hogar pesaba en su mente.

—Pero, ¿qué hay de los hombres que nos siguen? —preguntó Martín, recordando la tensión que había llenado el almacén.

—No tienen idea de adónde nos dirigimos, debemos aprovecharlo —respondió Alex, y era evidente que no podían permanecer fuera tampoco.

Cuando llegaron a la primera esquina, la mirada de Elena se desvió hacia un reflejo en la ventana de un edificio cercano, lo que la hizo detenerse en seco. Con un ligero escalofrío recorriéndola, sintió que había algo más en juego.

—Esperen —dijo, con voz tenue—. Vemos gente cerca de nosotros.

Las siluetas apareciendo en la distancia parecían ser hombres en trajes oscuros, claramente observando hacia la dirección que habían partido.

—Rápido, escóndanse —dijo. La ansiedad comenzaba a crecer en su pecho. La vida de cada uno dependía de su capacidad para actuar rápido.

Los tres se lanzaron detrás de un coche estacionado, la respiración entrecortada mientras esperaban a que la amenaza se disipe.

—¿Los ves? —susurró Martín, intentando asomarse desde la parte trasera del vehículo.

Elena asintió, observando la escena desde su escondite. A pesar de que la distancia parecía funcionar a su favor, entender el motivo por el que esos hombres los seguían era inquietante. Podían tener la confirmación de que su búsqueda para desmantelar la corrupción había alcanzado un nivel nuevo y peligroso.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Alex, su tono conteniendo una mezcla de desesperación y desafío.

Elena sintió que el tiempo se deslizaba en un torrente, pero su mente estaba afilada, dispuesta a encontrar posibles alternativas. Sabía que no podían dejarse llevar por el miedo.

—Vamos a tener que cambiar de dirección —sugirió. Aunque la idea de ser capturados las aterrorizaba, también sabía que seguir adelante era su única opción.

—¿Pero hacia dónde? —preguntó Martín, todavía manteniendo la mirada en la silueta que los había estado siguiendo.

—Debemos alejarnos de aquí y seguir caminos menos transitados. Si calculamos bien, podríamos evitar que nos encuentren —respondió Elena, y el corazón de todos resonó en la misma frecuencia.

Con cada segundo que pasaba, el aire se volvía más denso. Sabían que necesitaban actuar rápido o el peligro se haría tangible antes de que pudieran darse cuenta.

—Está bien. Prepárense —dijo Alex, tomando la iniciativa—. Nos vamos por la calle trasera, deben seguir mi ritmo.




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