Amar en el momento equivocado.

Capítulo 14: La Trampa del Destino

El sonido de la sirena resonó a lo lejos, cortando la calma de la noche y llenando a Elena y Alex de un terror latente. La adrenalina aún palpitaba en sus venas mientras corrían por las calles desiertas, tratando de mantener el ritmo y la atención en su entorno. Las luces de la ciudad parpadeaban a su alrededor, iluminando breves destellos de esperanza mientras la oscuridad se cernía sobre ellos.

—No podemos quedarnos en la calle —dijo Elena, su voz tensa mientras se dirigían hacia una esquina oscura. La sensación de ser perseguidos era un lastre que los mantenía alertas.

—Necesitamos un lugar para pensar, planear lo siguiente —respondió Alex, respirando con dificultad. Su mente estaba en un torbellino de estrategias y posibles caminos a seguir, mientras la necesidad de actuar se apoderaba de él.

En medio del pánico, Elena sintió que su mente buscaba una ruta. Recordaba vagamente un pequeño café antiguo en el que a menudo se encontraba con Beatriz. Era un lugar discreto, donde podían hablar sin que nadie les prestara atención.

—Conozco un lugar, un café cerca de aquí. Es un buen refugio —sugirió, su determinación aumentando con cada palabra.

Alex asintió, y con un guiño de entendimiento, se dirigieron hacia el café. Cada paso que daban se sentía como un pequeño triunfo, pero la sombra del peligro los seguía.

Al llegar al café, el ambiente era acogedor; el murmullo de las conversaciones suaves y el aroma del café recién hecho alivió momentáneamente la tensión que llevaban consigo. Elena se dirigió hacia una mesa en el rincón, asegurándose de que no fueran visibles desde la entrada.

—¿Estás segura de que puedes confiar en este lugar? —preguntó Alex, mirando por la ventana.

—Sí, confío en Beatriz. Sabe cómo manejar situaciones sensibles —respondió, sintiendo que su voz apenas se sostenía—. Debemos conseguir su ayuda.

Se sentaron en la mesa y comenzaron a discutir cómo proceder. Elena sacó el documento y lo colocó sobre la mesa, mirando a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie que pudiera sentir el peligro.

—¿Cómo pensamos enviarlo a Beatriz? —preguntó Alex, su mente trabajando para averiguar cómo exponer la verdad sin comprometerse.

Elena sintió un temblor. Iban a tener que arriesgarse, pero el efecto de sus decisiones estaba más allá de lo imaginable.

—Voy a llamar. —Susurró, decidiendo ser la que tomara la iniciativa—. Si puedo conectar con ella, será más fácil.

Mientras Elena sacaba su teléfono, un sonido atronador retumbó en la puerta del café. La cerradura se rompió, y de repente, la oscuridad que la había perseguido durante toda la noche se materializó en forma de hombres de traje oscuro que irrumpieron en el lugar.

El pánico se apoderó de la escena. La calma momentánea en el café se interrumpió por los gritos de sorpresa y frustración de los clientes. Elena sintió una oleada de terror mientras miraba a los hombres acercarse, sabiendo que no estaban ahí solo para pedir un café.

—¡Todos al suelo! —gritó uno de ellos, sus ojos fijos en Elena mientras se abría paso hacia su mesa.

El tiempo parecía ralentizarse.

—Debemos irnos —rugió Alex, empujando a Elena mientras el caos comenzaba a desatarse.

Pero ya era demasiado tarde. Los hombres los rodeaban, y el aire estaba lleno de tensión.

—¡Los hemos encontrado! —dijo uno de los hombres con una risa oscura, un brillo siniestro en sus ojos—. No hay forma de que escapen esta vez.

El corazón de Elena latía con furia; eran acorralados. Sabía que no podían dejar que Capturaron el documento, su único camino hacia la verdad y la justicia. Pero también comprendía que no podían salir por la puerta principal.

Con el instante de inspiración llenándola, recordó una salida trasera que había en el café.

—¡A la salida trasera! —gritó, agarrando a Alex de la mano—. ¡Vamos, ahora!

Sin dudarlo, se lanzaron hacia la parte trasera mientras el caos informaba su estrategia. La adrenalina corría por sus cuerpos mientras se apretaban en la salida.

Los hombres intentaron alcanzar a los otros, y Elena sintió la presión de upit de liberar el documento en un paso más y la desesperación de la lucha en el aire.

Al salir a la calle trasera, el aire fresco los golpeó, y sintieron que la libertad era una ilusión en ese momento. La oscuridad los envolvía, pero el camino parecía abrirse ante ellos.

—¡Están detrás de nosotros! —dijo Alex, apretando la mano de Elena, la ansiedad en su voz palpable.

La mente de Elena corría en todas direcciones.

—Debemos escondernos en el callejón —propuso, observando cómo el camino se perdía en la distancia.

El grupo se metió en un callejón angosto, donde se sintieron más seguros. La sombra de la noche les daba un respiro momentáneo, pero sabían que no podían rendirse.

—¿Qué haremos ahora? —preguntó Martín, panting levemente por el esfuerzo.

Elena sintió una mezcla de frustración y decisión. En ese oscuro rincón, sabían que sus decisiones podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

—No pueden encontrar el documento, nunca —respondió Elena, sintiendo que una chispa de determinación brillaba en su interior. —Así que trabajaremos juntos, y haremos lo que sea necesario para protegerlo.

Su voz resonó en el callejón, y aunque el peligro estaba cerca, sintió que la verdad podía iluminar el camino a seguir. La fuerza de su decisión parecía reavivar sus esperanzas, incluso cuando el futuro se volvía incierto.

—Mantengamos la calma. Si logramos salir de este lío, aún podemos llevar el documento a Beatriz y exponer la verdad —dijo Alex, sintiendo la electricidad del momento, la conexión entre ellos vibrando en el aire.

La preocupación en sus miradas fomentó un sentido de unidad. Mientras esperaban a que los hombres se alejaran, comenzaron a trazar su próximo movimiento en la penumbra.

Las decisiones tomadas en los siguientes momentos serían cruciales. ¿Lograrían encontrar una salida y proteger el documento antes de que el peligro reapareciera en sus vidas? La lealtad y el coraje se probaban en ebullición.




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