Amar en el momento equivocado.

Capítulo 20: La Revelación en la Oscuridad

El aire estaba tenso y lleno de electricidad cuando Elena, Alex y Martín alcanzaron la oficina de Beatriz. La expectativa crecía dentro de ellos, y el eco del viaje pasado reverberaba en sus pensamientos. Sabían que cada segundo contaba y que el tiempo se deslizaba entre sus manos.

El edificio era discreto, iluminado tenuemente por las luces del exterior, y al acercarse, Elena sintió cómo la adrenalina comenzaba a fluir nuevamente. La idea de que estaban a punto de compartir la verdad con alguien que podría ayudarles les infundía valor.

—Estemos listos para cualquier cosa —advirtió Alex mientras se acercaban a la puerta—. No sabemos qué podría estar sucediendo aquí.

Con un movimiento decidido, Elena empujó la puerta, dejando escapar un chirrido bajo el peso de la presión. Al entrar, la familiar colisión de papeles y el olor a café fresco la envolvieron. La oficina parecía desordenada, pero un rayo de luz iluminaba un rincón donde Beatriz había estado trabajando.

—¡Beatriz! —gritó Elena, alzando la voz mientras la necesitaban cerca.

No hubo respuesta inmediata, y el silencio pareció responderles desde el fondo. Elena sintió que su corazón se encogía. Sin embargo, el apremio de actuar pronto impulsaba su determinación.

—¿Dónde estará? —preguntó Martín, mientras buscaba alrededor, con un aire de creciente preocupación.

Elena respiró profundamente, manteniendo la fe en que su amiga estaría allí.

—Espero que no haya pasado nada. —dijo, su voz temblando con un toque de ansiedad.

A medida que pasaban los minutos, una sombra emergió del fondo de la oficina. Era Beatriz, su rostro cansado, pero familiar.

—Elena… ¡qué bueno verte! —dijo, su voz llena de alivio al ver a su amiga. Pero al notar la tensión en los rostros de los demás, su expresión cambió—. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué están todos tan agitados?

—No tenemos tiempo para explicaciones ahora —comenzó Elena, alzando rápidamente el documento que había llevado con ella—. Necesitamos que esto llegue a los medios urgentemente.

El rostro de Beatriz se tornó serio al ver la gravedad en la expresión de Elena.

—¿De qué se trata? —preguntó, sin poder quitar los ojos del documento.

—Es una evidencia devastadora de corrupción —respondió Alex, acercándose, impaciente por explicarle la gravedad de la situación—. Necesitamos que lo protejas y que organices una difusión inmediata. Su vida puede depender de esto.

El rostro de Beatriz se tornó aún más grave al escuchar las palabras de sus amigos. Recogió el documento con manos temblorosas y comenzó a revisar la información.

—Esto… es increíble —murmuró, sus ojos escaneando las páginas—. ¿Están seguros de que esto es auténtico?

—Tenemos que actuar rápido. Hay hombres que nos siguen —dijo Martín, incapaz de contener la urgencia en su voz. —No hay tiempo que perder.

Beatriz cerró el documento, su mirada decidida.

—Llamaré a algunos contactos de inmediato. No despertaré sospechas. Necesitamos tiempo para que esto se disuelva y asegurarnos de que sean mantenidos a salvo.

Pero antes de que pudieran procesar lo que estaba ocurriendo, un sonido resonó, como un golpe en la puerta. La incertidumbre corrió por la habitación y la presión se agudizó.

—¡Rápido! Ocúltensé —ordenó Beatriz, mostrando su experiencia mientras indicaba una habitación trasera.

Elena, Alex y Martín se movieron rápidamente hacia el fondo, sintiendo cada segundo como una eternidad. Con un movimiento ágil, Beatriz cerró la puerta, su mirada intensa buscando entre las sombras por una pista que les dijera qué estaba pasando.

Mientras la presión aumentaba, el silencio en la habitación se volvió un nudo en el estómago de Elena.

—¿Crees que sean ellos? —preguntó Martín, la ansiedad inundando su mente.

Elena sintió que el peligro inminente empezaba a desbordar. La lucha por la verdad nunca había parecido más intensa. La pregunta resonaba en su mente con cada pulso de su corazón: ¿lograrían mantenerse a salvo?

Un nuevo sonido cortó el aire, un golpe fuerte en la puerta. La silueta de un hombre se cernía más allá de la madera, la amenaza palpable en sus expresiones.

—¡Ábranme! Sabemos que están ahí —dijo una voz familiar llena de desprecio.

El corazón de Elena dio un vuelco al reconocer la voz del líder de los hombres que habían atacado el almacén. La tensión creció, y la desesperación comenzó a transformarse en una sensación de claustrofobia.

—Tienen que salir de aquí —susurró Beatriz, la preocupación colando su voz ante la inminente amenaza—. Si los atrapan, no existe forma de proteger la información.

Elena sintió que el tiempo se volvía difuso. Las decisiones que habían tomado hasta ahora se necesitaban en un giro dramático, y la verdad de la situación comenzaba a desplegarse.

—Rápido, hay una ruta hacia el sótano —dijo Beatriz, su voz suave y rápida. —Desde allí, podemos salir sin ser vistos en las calles.

Con el sonido de otra vez golpeando en la puerta, la incertidumbre se llenó de horror. Sin tiempo que perder, el grupo tomó una decisión rápida para moverse hacia el pasillo trasero.

—¡Vayamos! —gritó Elena, sintiendo cómo la urgencia comenzaba a dominar el momento.

Mientras corrían hacia la salida, el grupo estaba atento al sonido de los hombres más allá de la puerta. Cada paso resonó en el aire como un anuncio de que la verdad y el peligro se producirían simultáneamente.

Al caer al sótano, Elena sintió una extraña calma en medio del caos; ahora debía asegurarse de que el documento no cayera en manos equivocadas.

—¿Dónde estamos? —preguntó Alex, su mirada abrasadora en el oscuro túnel del sótano.

—Es un acceso lateral que nos lleva hacia una calle perdida —respondió Beatriz, moviéndose con determinación—. No hay tiempo que perder, lo que hemos encontrado puede ser decisivo, pero también peligroso.

A medida que se movían rápidamente por el ángulo cerrado, Elena comprendió que se acercaban a un destino que podría cambiar no solo sus vidas, sino el futuro de muchos.




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