El grupo sintió que el tiempo se desvanecía mientras la oscuridad del callejón se volvía más densa. Las sombras de los hombres buscando a Elena, Alex y Martín se acercaban rápidamente, y el silencio tenso del momento se convertía en un eco de incertidumbre.
—¡Tenemos que encontrar una salida! —gritó Alex, intentando mantener la calma a pesar de que su corazón latía con fuerza. La presión aumentaba, y el peligro se cernía sobre ellos.
Elena observó a su alrededor, buscando desesperadamente la ruta de escape de su laberinto. En sus manos, el documento seguía siendo un recordatorio de su misión. La verdad debía ser revelada, sin importar el costo. Pero en ese momento, todo parecía abrumador.
—¿Por aquí? —dijo Martín, señalando hacia una vecindad a lo largo del lado de la calle. Era un acceso que podría servir como un claro refugio momentáneo.
—Sí, ¡vamos! —respondió Elena, sintiendo que el tiempo se deslizaba como arena entre sus dedos.
Sin pensarlo dos veces, el grupo corrió hacia el callejón, la adrenalina embriagando cada movimiento. Elena sabía que debían ser rápidos. Cada paso resonaba en la noche oscura y, a medida que se acercaban al ingreso de la vecindad, la sensación de urgencia se hacía más latente.
Al entrar, encontraron un pequeño espacio oscuro y polvoriento. Las luces estaban apagadas, pero la calma del refugio momentáneo les trajo un breve respiro.
—Cierra la puerta —susurró Alex, mientras se apretaban todos contra la seguridad que la sombra ofrecía en ese momento.
Detrás de la puerta, el eco de las voces resonaba en el exterior. Sabían que no podían arriesgarse; la decisión que tomarían ahora podría influir en el futuro de cada uno de ellos.
—¿Cómo seguimos? —preguntó Martín, entrecerrando los ojos en la oscuridad—. ¿A dónde llegamos desde aquí?
Elena sintió la tensión acumulándose en sus hombros. La presión del documento seguía guiando sus pensamientos. Sabía que el tiempo era esencial, y que la verdad estaba al borde de convertirse en un arma, si podían manejarla correctamente.
—Necesitamos llegar a un lugar donde podamos contactarnos con Beatriz —dijo Elena, sintiendo cómo cada palabra resonaba en el silencio—. Ella es quien puede ayudar a asegurarse de que la verdad salga a la luz.
—Pero, ¿cómo podremos hacer eso? Sin comunicarlo, todo lo que hacemos podría ser en vano —respondió Alex, la incertidumbre en su voz clara como el día.
Mientras reflexionaban sobre sus opciones, una idea comenzó a tomar forma en la mente de Elena. Las comunicaciones y conexiones estaban a su alcance, pero debían ser rápidas y astutas para llevar el documento de manera segura a Beatriz.
—Podría usar Internet desde el viejo ordenador que probablemente haya aquí —dijo, alzando la voz mientras su instinto comenzaba a tomar forma.
—¿Crees que esté conectado? —preguntó Martín, sintiendo que las posibilidades estaban comenzando a florecer, pero el temor seguía presente.
Elena se movió con determinación hacia una esquina oscura, donde un viejo escritorio y un ordenador oxidado se encontraban abandonados. Sus ojos se iluminaron por la oportunidad de conectar con Beatriz y llevar el documento a la prensa de una manera segura.
—Todo lo que necesitamos es un momento —dijo, mientras se arrodillaba y comenzaba a buscar la forma de encenderlo.
Pero antes de que pudiera encenderse, el sonido de pasos resonó en el exterior de la puerta. Los hombres que los habían perseguido estaban más cerca de lo que pensaban.
—¡Rápido! —chilló Alex, sintiendo que la tensión comenzaba a aumentar a medida que la puerta se tambaleaba bajo el peso de quienes intentaban entrar.
Elena se giró, su corazón latiendo con rapidez al sentir que el tiempo se les estaba acabando.
—¡Enciéndelo! —dijo, sus ojos llenos de ansiedad.
Cuando la pantalla se iluminó y el ordenador comenzó a iniciar, el grupo las envolvió en la angustia de su dedicación. Cada segundo contaba. Mientras preparaban el camino, el sonido de la puerta continuaba resonando, y el miedo comenzaba a girar como un torbellino.
—¡Estamos atrapados! —gritó Martín, mientras Elena sentía la presión crecer rápidamente.
A medida que comenzaba a navegar en el sistema, se dio cuenta de que podría encontrar una manera de conectarse con Beatriz para enviar la evidencia antes de que la oscuridad se cubriera de nuevo. Pero, para su sorpresa, alguien más apareció: un mensaje en la pantalla de inicio de sesión.
Era un correo electrónico reciente de un contacto, y la dirección de Beatriz estaba en él. La urgencia de completar la información se hizo evidente.
—De acuerdo, aquí está. —dijo, sintiendo el aliento de la libertad junto a sus posibilidades mientras comenzaba a redactar un mensaje que podría salvar sus vidas.
Pero justo en ese momento, un cuerpo lanzado a la puerta intentó abrirla con una fuerza desmesurada, y el sonido de su golpe resonó como un trueno.
—No tenemos tiempo —gritó Alex, mientras se alineaba en la entrada—. Tienen que salir ahora, o seremos descubiertos.
Elena sintió que el miedo comenzaba a apoderarse de ella de una forma emocional. Sabía que todo dependía de su capacidad para comunicar la verdad en el corto tiempo que les quedaba.
—¡No, esperen! —gritó, intentando conectarse por un breve momento con la luz que se acercaba.
Mordiendo el camino que había tomado, sabía que cualquier instante podía ser la clave que liberara la verdad que había sido reprimida.
Los golpes en la puerta comenzaron a intensificarse, y el sonido de las sirenas del exterior se deslizó como un eco sobre ellos.
—¡Enciéndelo! —dijo Alex, y la determinación se apoderó de todos mientras esperaban el momento de actuar.
Con las sombras envolviendo la puerta, Elena sintió el impulso de enviar el mensaje mientras la situación se desmoronaba a su alrededor.
¿Lograrían conseguir que el mensaje se enviara antes de ser atrapados, o verían que la oscuridad se tragara por completo su búsqueda de la verdad?
#5773 en Novela romántica
#2145 en Otros
#221 en Aventura
historia conmovedora, drama emocional, romance aventura y suspenso
Editado: 03.02.2026