Amar en el momento equivocado.

Capítulo 45: El Laberinto de la Huida

El callejón era angosto y oscuro, su ambiente opresivo mientras Elena, Alex y Martín corrían con el corazón en un puño. La voz del oficial resonaba en su mente mientras intentaban mantener el ritmo: “No hay tiempo para la duda”. Cuando la tensión parecía aliviarse un poco, unas sirenas a la distancia comenzaron a aterciopelar la atmósfera, acercándose lentamente.

—¿Estamos a salvo? —preguntó Martín, su voz imperceptiblemente temblorosa.

—No lo sé —respondió Alex, mirándose alrededor—. Pero si realmente logramos salir de esto, debemos encontrar una forma de alertar a Beatriz.

Elena sintió un resquicio de esperanza mientras atrapaba su aliento en el callejón. Sabía que el tiempo estaba en su contra y que la información que llevaban era crítica. La verdad siempre había estado presente, pero el camino hacia su revelación seguía siendo incierto.

A medida que avanzaban más profundamente en el callejón, pudieron ver el bullicio de la ciudad al fondo; las luces se encendían y las sombras danzaban. Sin embargo, la única pregunta que retumbaba en su mente era: ¿lograrían escapar de la red de corrupción que les seguía los pasos?

La figura del líder se había desvanecido temporalmente, pero su advertencia aún resonaba en el aire. No podían relajarse.

—¡Entremos en ese edificio! —gritó Elena, señalando una puerta entreabierta que parecía llevar hacia un refuge. La escapatoria les ofrecía la oportunidad de deshacerse de la presión, al menos temporalmente.

La decisión para moverse se tornó crítica en un instante. Se apresuraron hacia la entrada, sintiendo que el silencio del interior les otorgaba un momento de calma mientras se deslizaban.

Dentro, el lugar estaba desordenado, cubierto de polvo y enseres olvidados. Las luces parpadeaban tenuemente y el aire se sentía cargado. Sin embargo, tenían que seguir adelante.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Martín, tratando de encontrar dirección en el lugar.

Elena giró hacia él, su mirada llenándose de determinación.

—Debemos buscar un teléfono, una forma de comunicarnos —dijo, sintiendo el pulso de esperanza fluir entre ellos. Necesitaban encontrar una manera de contactar a Beatriz o alertar a alguien que pudiera ayudarlos.

Mientras exploraban el edificio, el ajetreo del exterior se desvanecía lentamente. Sí estaban seguros donde se metían.

—Mira, ahí hay un teléfono —dijo Alex, señalando a un antiguo aparato que estaba sobre una mesa cubierta de polvo. Sin más dudar, se acercaron rápidamente para evaluarlo.

Elena sintió cómo la ansiedad comenzaba a disiparse. La posibilidad de comunicarse podía ser un punto de inflexión.

—Déjame intentar—dijo Martín, sintiendo cómo la determinación inundaba su ser justo al acercarse al dispositivo.

Pero justo cuando se disponían a intentar conectarse, un ruido resonó al fondo del edificio. La puerta trasera se abrió de golpe, y Elena sintió que el pánico se apoderaba nuevamente de ella.

—¡No dejen que se escapen! —gritó una voz familiar, el líder y sus hombres volvían a hacer su aparición, aferrándose a la oportunidad de recuperar lo que habían perdido.

El ambiente se tornaba más caótico, resonando con la mezcla de sus gritos mientras corrían hacia la entrada; el tiempo estaba contra ellos y sabían que debían hacer frente antes de perder todo.

—¡Rápido! —gritó Alex, mientras los tres se dirigían hacia la parte trasera, el oficial allí continuando sin pensarlo.

Mientras corrían, una barrera de sombras se cernía sobre ellos. Elena sintió que el impulso de proteger lo que habían encontrado prevalecía. La verdad que llevaban consigo debía verse expuesta; no podían dejar que la oscuridad cubriera su camino.

Con un último empujón, se lanzaron hacia la puerta trasera, sintiendo que la libertad estaba a un solo paso. Pero cuando la abrieron, una ola de luz brillante iluminó el espacio, revelando un tumulto en el afuera.

La policía había tomado el lugar y el sonido de las sirenas crecía. Sin embargo, al tratar de atravesar la puerta, los hombres de la corrupción se lanzaron de nuevo al ataque.

—¡Atrápenlos! —gritó el líder, mientras trataba de sacar una pistola de su chaqueta.

El cambio de la situación era súbito y el caos reinaba. Las sombras se lanzaban hacia ellos mientras el futuro comenzaba a tambalearse ante sus ojos.

Elena sintió la fuerza de la lucha en su interior. Sin dudar, comenzó a correr hacia el lado izquierdo, mientras Alex y Martín hacían un esfuerzo por protegerla de los hombres.

La luz de las patrullas iluminaba el espacio, pero la pregunta seguía resonando: ¿tendrían el coraje para enfrentar el caos o caerían en la red oscura que los había atrapado una vez más?

Mientras se adentraban en la lucha, el destino se tornaba cada vez más incierto. La verdad estaba buscando su camino al futuro, aunque el camino estaba lleno de peligros.




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