Amar lo que No es amor

Capítulo 13

Esa noche, Renata no llamó a nadie.
No escribió mensajes.
No buscó excusas para salir.
Se quedó.

El departamento estaba en silencio, un silencio limpio, sin interrupciones, sin voces que la sostuvieran desde afuera. Por primera vez en mucho tiempo, no lo llenó con música ni con ruido. Se sentó en el suelo, apoyó la espalda contra el sofá y dejó que el tiempo pasara.

Al principio no sintió nada.
Luego, incomodidad.
Después, una sensación difícil de nombrar.
No era tristeza.
No era miedo.
Era ausencia.

Renata entendió entonces que ese vacío no había aparecido de la nada. Siempre había estado ahí, esperando. Ella solo se había ocupado de cubrirlo con personas, rutinas, estrategias. Con presencia ajena.
Pensó en Daniel y no sintió culpa.
Pensó en Sebastián y no sintió deseo.
Solo sintió silencio.
Y en ese silencio, algo se desarmó.

No había un gran trauma escondido ni una herida abierta. Lo que había era una mujer que nunca había aprendido a estar consigo misma sin sentirse incompleta. Una mujer que había confundido compañía con identidad.
Renata cerró los ojos y respiró hondo. El vacío no desapareció. Tampoco la devoró. Simplemente estuvo ahí, como una verdad que ya no podía ignorar.
No era amor lo que la había llevado hasta ese punto.

Era miedo.
Miedo a quedarse sola.
Miedo a no saber quién era sin alguien mirándola.
Cuando se levantó, no había tomado ninguna decisión. No había finales ni rupturas. Pero algo había cambiado de lugar.

Renata ya no podía fingir que el vacío no existía.
Y eso, más que cualquier riesgo externo, era el verdadero comienzo de todo.



#346 en Joven Adulto

En el texto hay: mentiras, vacío, conflicto

Editado: 09.01.2026

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