Amar lo que No es amor

Capítulo 19

Renata evitaba los espejos.
No por vanidad ni por inseguridad. Los evitaba porque le devolvían algo que no quería ver: la verdad de lo que era, la ausencia de lo que sentía y la extensión de sus miedos.
Esa mañana, sin embargo, no pudo escapar. La luz entraba por la ventana y se reflejaba en el vidrio del pasillo, obligándola a mirarse. Se detuvo, respiró hondo y levantó la vista. Allí estaba ella: impecable, elegante, segura… y vacía.

Los ojos que la miraban eran fríos, calculadores, pero también cargados de algo que Renata había aprendido a ignorar: un cansancio profundo, un anhelo silencioso, un miedo persistente.

No era un rostro falso. Era su verdadero rostro, uno que había moldeado durante años para sobrevivir. Cada línea de expresión contenía decisiones estratégicas, cada gesto había sido entrenado para proyectar control. Pero debajo de todo eso había un vacío que ninguna apariencia podía llenar.

Se acercó, tocó el vidrio con la yema de los dedos, y por primera vez se permitió un instante de vulnerabilidad. Ni Daniel, ni Sebastián, ni sus estrategias podían sostenerla ahora. Solo estaba ella, frente a sí misma, sin excusas, sin defensas, sin máscaras.

Y en ese espejo, Renata reconoció lo que siempre había temido: no amaba a ninguno de los hombres que la rodeaban. No amaba nada más que el hecho de no quedarse sola.

Un escalofrío recorrió su espalda.
Porque comprender la verdad era distinto a vivirla. Y Renata sabía que enfrentarla sería la decisión más difícil de su vida.



#346 en Joven Adulto

En el texto hay: mentiras, vacío, conflicto

Editado: 09.01.2026

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