Amar lo que No es amor

Capítulo 24

La culpa no llegó como un golpe.
Llegó como una presencia constante, discreta, imposible de ignorar.

Renata la sintió al escuchar la voz de Daniel al otro lado del teléfono. No había reproche, ni preguntas directas, ni sospechas abiertas. Solo esa forma suya de hablar, pausada, honesta, que hacía que cada mentira pesara el doble.

Se encontraron sin planes especiales. Un café sencillo, una conversación trivial. Daniel habló de su día, de cosas pequeñas, de recuerdos compartidos que Renata ya no habitaba del mismo modo. Ella escuchó, asintió, sonrió cuando debía.

Y mientras lo hacía, la culpa crecía.
No porque lo engañara.
Sino porque permanecía.
Daniel la miró con una ternura que la incomodó.

—A veces siento que estás lejos —dijo, sin dramatizar—. Como si estuvieras aquí solo por compromiso.

Renata bajó la mirada. No negó. Tampoco confirmó. El silencio fue su respuesta más honesta y más cruel.
La culpa se le instaló en el pecho, no como castigo, sino como evidencia. Ella no estaba allí por amor. Estaba por deuda emocional, por pasado compartido, por miedo a cerrar una historia que había definido una parte de su vida.

Cuando se despidieron, Daniel la abrazó un segundo más de lo habitual. No para retenerla, sino como quien intenta comprobar que alguien sigue ahí.

Renata se alejó con pasos firmes, pero por dentro algo se deshacía lentamente. Comprendió que la culpa silenciosa era más peligrosa que cualquier confrontación. Porque no exigía decisiones inmediatas, solo desgaste.
Y el desgaste, tarde o temprano, rompe incluso lo que parece más resistente.



#346 en Joven Adulto

En el texto hay: mentiras, vacío, conflicto

Editado: 09.01.2026

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