No sabía que ese día iba a cambiar mi vida.
Salí como cualquier tarde, sin expectativas,
sin imaginar que el destino estaba a punto de ponerle nombre
a lo que después llamaría hogar.
Lo conocí a través de un amigo.
No hubo nada extraordinario al principio,
solo una tarde larga, risas sueltas
y un balón rodando mientras el sol se iba escondiendo.
Jugamos fútbol hasta que nos dolieron las piernas
y se nos cansó la risa.
Pero a mí no se me cansó mirarlo.
Había algo en él…
algo tranquilo, algo sincero.
Era amable sin intentarlo,
lindo sin darse cuenta,
y desde ese primer momento sentí que quería quedarme ahí,
aunque no supiera por qué.
Nos volvimos amigos rápido.
Demasiado rápido.
Como si el tiempo nos hubiera estado esperando.
Todos los días salíamos.
Hablábamos de todo y de nada.
De sueños, de miedos, de la vida que apenas empezábamos a entender.
Él me escuchaba de verdad.
No solo oía mis palabras,
me entendía.
Y sin darme cuenta, se convirtió en mi refugio.
Una noche hablamos hasta que el cielo empezó a aclararse.
Las horas pasaron sin que lo notáramos.
Fue ahí cuando me confesó lo que sentía.
Su voz temblaba un poco cuando dijo que estaba enamorado de mí.
Y yo tuve miedo.
No de él…
sino de sentir tanto.
Tenía miedo de enamorarme,
de que me lastimaran,
de perderme en alguien.
Pero aun así, lo quería a él.
Lo quería incluso antes de admitirlo.
Cuando me pidió que fuera su novia,
sentí que el corazón se me salía del pecho.
Quise gritar de emoción.
Quise decir que sí sin pensar.
Y lo hice.
Aunque sabía que no sería fácil.
Aunque mis padres no lo aceptaban.
Aunque tuvimos que intentarlo a escondidas.
Porque cuando se ama así,
el miedo no es suficiente para detenerte. .............................................................................................................................................................................. Gracias por acompañarme en esta historia tan personal.
Cada capítulo es un suspiro, una herida y un recuerdo que aprendí a escribir en lugar de callar.
Si llegaste hasta aquí, quiero que sepas que no estás leyendo sola: yo también estoy contigo.
Gracias por quedarte.