Amarnos fue fácil. Soltarnos, no.

Las palabras que no eran nuestras

Nada se rompe de un día para otro.
Primero aparecen las dudas.
Después, las palabras que no pedimos escuchar.

Empezaron a decirme cosas sobre él.
Cosas que no quería creer.
Cosas que se clavaban en el pecho
aunque yo intentara arrancarlas.

Me hablaban con voces seguras,
como si supieran más de mi historia
que mi propio corazón.

Y yo…
yo dudé.

No porque dejara de amarlo,
sino porque el miedo sabe disfrazarse
de verdad cuando se repite demasiado.

Lo miraba
y seguía viendo al chico que me cuidaba,
al que me abrazaba cuando estaba triste,
al que me regaló un peluche
como si me entregara su mundo.

Pero las palabras seguían ahí.
Insistentes.
Dolorosas.

Y un día, sin pensarlo demasiado,
dejé que la rabia hablara por mí.

Dije cosas que no sentía.
Cosas que nacieron del dolor,
no del amor.

Vi en sus ojos algo romperse.
Y ese fue el momento
en el que entendí
que las palabras también pueden herir
cuando salen del miedo.

No gritó.
No se defendió.
Solo se quedó en silencio.

Y ese silencio dolió más que cualquier mentira.



#6742 en Novela romántica

En el texto hay: romance

Editado: 06.01.2026

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