A veces me pregunto
si él sabe que aún lo recuerdo
cuando escucho ciertas canciones
o cuando el silencio se parece demasiado a su voz.
No lo busqué.
No volví a escribirle.
Aprendí a respetar lo que fuimos
sin intentar cambiarlo.
Guardo sus cartas.
Un peluche.
Y la certeza de que el amor que vivimos fue real.
No me arrepiento.
Porque aunque dolió,
también me enseñó
lo que merezco,
lo que soy capaz de sentir,
y lo que significa amar de verdad.
Tal vez en otra vida
nos habríamos quedado.
Tal vez en otro tiempo
no nos habríamos roto.
Pero en esta historia,
nos tocó amarnos así:
intenso,
breve,
eterno en los recuerdos.
Y eso…
también es amor.