Amarte a ti

Realidad 6: Visiones

Comencé a tener anormales visiones durante el día, imágenes que venían a mi mente como sacadas de mis sueños. Algunas eran imágenes sobre seres monstruosos, creaturas que gobernaban la noche y aterraban a la gente. Es difícil describirlas pues no podía identificar lo que eran. A veces también la imagen del sol azulado se interponía con la del sol normal que siempre miraba.

Junto a eso, el miedo que había experimentado en el mundo anterior me tuvo atado a mi casa. El miedo es como viento helado en el estómago, te sofoca y debilita pues es el presentimiento de amenazas que se ocultan en lo desconocido.

No se cuanto tiempo me la pase encerrado, mi distinción de los días estaba distorsionada. Solo se que en toda esa locura y penumbra, la única estrella que me alumbraba era Stella, su recuerdo, la elevaba en mi mente como una diosa. O al menos fue así hasta que empecé a tener visiones acerca de ella.

La veía andar en una calle, llena de majestuosas casas, vestida de blanco y con la cara cubierta por un velo. Y aunque no la podía ver por completo supe que estaba llorando, que sufría en silencio.

Eso me lleno de inquietud, tenía que hacer algo, pues sentía que estaba por perderla para siempre.

Y si no la volvía a ver....

Por los cambio en los que andaba en mis visiones supe a donde se estaba dirigiendo. Así rompí el miedo de salir de mi encierro, cambiándolo por un miedo más grande, el miedo a perderla.


Lleno de desesperación salí corriendo de casa en dirección al lugar donde su alma llamaba a la mía.


Podía ver las multitudes de gente vestidas de etiqueta, los niños que regaba flores amarillas por el suelo, los melódicos cantos de los monaguillos, el padre en lo alto alabando a Dios y las estridentes campanas de la iglesia que anunciaban la próxima unión de dos vidas terrenales.

Y entre todo aquello, estaba Stella sobre el altar, junto a su príncipe de fábula, esperando el final feliz que muchas mujeres suelen soñar en su niñez.

Entre a la iglesia como si fuera yo mismo un ejército, mis pasos producían un eco, como tambores de batalla. Todo el público me miró horrorizados, sin entender tal caos, producido por un invitado no llamando. Pero no me importo, corrí hacia ella, con mi alma ardiendo con mayor fuerza que nunca.

Aquello era una bajeza para todo el que me miraba, y al verme acercarme a la joven de blanco en el reluciente altar, todos murmuraron :

"Trata de robarse a la novia"

"Quien es este loco"

"Que alguien lo detenga"

Pero no me detuve, ni la misma mano del destino podía detenerme o eso creí, pues al tomar a la novia de frente a mi y quitarle, el velo que su príncipe elegido a un no le habia quitado... Triste fue mi sorpresa al no encontrar a Stella, solo vi a una mundana mujer aterrada, que no podía comprender lo que pasaba.


De más esta decir la paliza que me llevé, por el novio y algunos de sus padrinos, fui arrojado de ahí como si fuera un leproso y arrojado a la basura.

Habían sido solo unos instantes de aquel suceso, pero ya me parecían una eternidad. Un eternidad buscado a la que nunca encontraría.


Como pude me arrastre a un bar, un triste rincón sucio y oscuro donde comencé a desahogar mis penas en licor.

No se cuantas copas llevaba o cuantos cigarrillo se apagaron en mis manos, pero en todo momento pedí, clame a los cielos por que ella apareciera a salvarme de la locura, en la que me habia metido. Del amor que dado por sus ojos fue olvidado por su alma.


-¿Día largo eh?

Una voz femenina me pregunto, pero no era hermosa como la de Stella, no era una voz que envidiaran los ángeles, era una voz común

- Más bien han sido realidades largas últimamente

Le conteste si mirar, si quiera a la mujer que se sentaba a mi lado en la barra del bar.

-Esa, es una extraña forma de decir las cosas

Dijo la mujer en un tono de burla, sonaba ya algo tomada. Me negué a continuar aquella inútil conversación, hasta que ella rompió el hielo diciendo:

-Mientras persigas un destino que no es tuyo, vas a seguir sufriendo

La mire, era una mujer de piel blanca, pelo rojizo y con pecas en las mejillas. Me recordaba a la luna.

-¿Tu que sabes?

Pregunté molesto, estaba arto de toda esta situación.

-Se algunas cosas

-¿Como qué?

-Se que tu y yo somos iguales

-¿Eh?

-Ambos hemos estado en lugares donde no pertenecemos, estamos malditos por los dioses

-¿Como podrías saberlo?

-Puedo verlo, estos ojos míos pueden verlo todo, veo las energías que te rodean, energía acumuladas por tratar de influir en el karma del destino

-No puedo entenderte

-Haz usado esa droga ¿No?

-¿Tu como sabes de ello?

-Te lo dije somos algo parecidos, solo que tu tienes una la salida fácil, te han maldecido pero no durará, a menos que quieras seguir tal camino

-¿Tu también haz usado los polvos?

Ella me miro, sus ojos eran grises casi muertos.

-Ahí es donde nos diferenciamos, yo no necesito esos polvos, para cambiar de realidades, yo fui maldecía con ese don desde mi nacimiento

-¿Pero que dices?

Sentí que el suelo se movía, un mareo repentino me sobrevino.

-Solo te puedo dar el consejo de que te detengas antes de que ya no puedas volver, no importa cuanto busques aquello que deseas no te pertenece

-Dijiste que tenia una salida fácil, pero ¿A que te referías?

-La única salida fácil que existe para todo el mundo...Olvida

Sus ojos afilados me miraron largo tiempo. Sobre mi aun mano apretaba la bolsa se polvo de bruja. Debía tomar una decisión.

Pero antes de que pudiera hacerlo, se escucho fuera un terrible griterío, un caos se habia desatado. A nuestro alrededor la gente que también bebía comenzo a salir corriendo del bar.

-Vamonos!!!

La mujer me grito, mientras se unía todos lo que estaban escapando.

Por fin me di cuenta de lo que estaba pasando. El suelo, las casas, los edificios, todo estaba temblando, estaba sucediendo un terremoto.




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