Había personas que llegaban a un lugar y conseguían que todos voltearan a mirarlas.
Él era una de esas personas.
Ella, en cambio, prefería pasar desapercibida.
Aquella mañana parecía ser como cualquier otra. El ruido de los estudiantes llenaba los pasillos, algunos corrían para llegar a tiempo a clase y otros se quedaban conversando antes de que sonara el timbre.
Ella caminaba con sus libros contra el pecho, intentando no llamar demasiado la atención.
Era tímida. Siempre lo había sido.
No le gustaba hablar frente a muchas personas, mucho menos convertirse en el centro de atención. Muchas veces pensaba demasiado las cosas antes de decirlas y, cuando finalmente reunía el valor para hablar, la oportunidad ya había pasado.
Pero aquel día ocurrió algo diferente.
Al levantar la mirada, lo vio.
Estaba al otro lado del pasillo, hablando con algunos amigos. Reía mientras contaba algo y parecía completamente seguro de sí mismo. No tenía idea de que, a unos cuantos metros de distancia, alguien acababa de quedarse completamente distraída observándolo.
Ella apartó la mirada rápidamente.
"No lo mires."
Intentó continuar caminando como si nada hubiera pasado.
Pero volvió a mirar.
Y entonces sus ojos se encontraron.
Solo fueron unos segundos.
Quizá para él no significaron absolutamente nada.
Para ella fueron suficientes.
Sintió que el corazón le latía más rápido y bajó la mirada, fingiendo estar concentrada en sus libros.
—¿Estás bien? —preguntó una amiga que caminaba a su lado.
—Sí —respondió rápidamente.
Demasiado rápido.
Su amiga la observó con curiosidad, pero decidió no insistir.
Ella volvió a mirar hacia donde estaba él.
Ya no estaba allí.
Y, aunque no lo sabía todavía, aquella pequeña mirada iba a convertirse en el comienzo de una historia que cambiaría muchas cosas.
Durante los siguientes días intentó convencerse de que solo había sido una casualidad.
Nada más.
Él no sabía quién era.
Ni siquiera sabía su nombre.
Entonces, ¿por qué iba a fijarse en ella?
A veces, cuando lo veía desde lejos, comenzaba a imaginar conversaciones que probablemente nunca sucederían. Se preguntaba cómo sería conocerlo, qué cosas le gustaban, qué música escuchaba o qué pensaría si algún día llegaran a hablar.
Después se reprendía a sí misma.
—Deja de imaginar cosas —murmuraba.
Porque en su cabeza siempre aparecía la misma respuesta:
Él nunca se fijaría en alguien como ella.
Ella era demasiado insegura.
Demasiado callada.
Demasiado diferente.
Y él parecía pertenecer a un mundo completamente distinto.
Por eso decidió guardar aquel sentimiento.
No decir nada.
No acercarse demasiado.
Simplemente observarlo desde lejos y conformarse con esos pequeños momentos en los que sus miradas coincidían.
Sin saber que, algunas veces, él también comenzaba a buscarla entre la gente.
Y que aquella historia que ella creía estar viviendo solamente en su imaginación…
quizá no era tan unilateral como pensaba.