Amazonas | Libro 2 | Saga Estaciones

Capítulo Treinta y tres

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Carol ajustó aún más la venda y el dolor en mis heridas me hizo gruñir.

—Es demasiado —dije mientras me movía incómoda y adolorida.

—Mejor así. Dolerá, pero lo agradecerás cuando tengamos que correr o… hacer otras cosas —dijo mientras aseguraba el nudo.

—¿Será peligroso llegar a la cordillera? —pregunté cuando ella se irguió y finalmente pude verle los ojos.

—Mucho —contestó—. La cordillera te quiere y los científicos también, pero si el uno te tiene, el otro te preferirá muerta. Haré lo mejor que pueda para mantenerte viva —me aseguró.

—Lo mismo digo —dijo Ian.

—Supongo que será más peligroso que saltar de un acantilado de más de 20 metros —murmuré. No recibí más que una mirada distante de parte de Carol. Moví un poco el vendaje, ya que me pellizcaba la piel.

Se oyeron cuatro golpes en la puerta de madera que apenas se mantenía en su lugar. Carol murmuró que ya volvía antes de salir.

Me giré hacia Ian.

—Tal vez deberían darnos un arma para defendernos.

Él llevó su mano a su espalda y dejó ver una reluciente pistola. Fruncí el ceño.

—¿Y la mía?

—No sería prudente darte una —dijo mientras se la guardaba de nuevo.

—¿Prudente? ¿Y eso qué quiere decir? —dije un poco enojada.

—¿Entonces no trataste de matarte afuera del refugio? —preguntó. Avanzó los pocos pasos que nos separaban. Me tocó el cuello, donde estaba la costra del corte que me había hecho cuando traté de rebanarme el cuello. Si no hubiese sido por el disparo, lo habría conseguido—. Como dije, no sería prudente.

—Fue diferente. No lo iba a hacer porque quisiera.

—Como haya sido, no te daré la oportunidad.

Respiré hondo y eso me provocó dolor. Decidí no seguir con el tema, así que lo cambié.

—Melanie dijo que Eliel y Venecia están aquí. ¿Los viste?

—Solo por unos segundos. Se los llevaron abajo.

—¿Y qué hay abajo?

—No sé. —respondió. Se cruzó de brazos—. ¿Melanie mencionó algo importante?

—Solo que el grupo que se fue está intacto. Así que Andrea está bien —le conté y le di una mirada de complicidad.

—Y también Canek. —Me dio la misma mirada que le di yo—. Supongo.

Negué con la cabeza mientras le daba la espalda.

—No te ves…

Comenzó a sonar algo a la distancia. Aunque todavía estaba lejos, era inconfundible. Las alarmas en mi cabeza hicieron reaccionar a todo mi cuerpo. Ian se aproximó hacia la puerta, pero antes de que llegara a ella, esta se abrió. Carol dijo algo, pero no se le escuchó. Un estruendo descomunal sonó por encima de nuestras cabezas.

Me cubrí la cabeza y agaché por instinto. Ian me agarró desde esa posición y arrastró hacia afuera. No había notado que el edificio temblaba hasta que mis pies tocaron el suelo. Desde la distancia podía ver que la puerta se había abierto y las personas salían. Estábamos tan cerca, cuando una especie de bala enorme entró por esa misma puerta impactando en una persona que salía y explotando al instante. Una potente onda de color lanzó nuestros cuerpos varios metros atrás. Cuando caí al suelo, un potente me dejó sin respiración. Cuando mis pulmones al fin aceptaron el aire, pude medio gritar, medio gruñir.

Con el dolor todavía latiendo en toda su potencia, me obligué a reaccionar. Se sentía muy caliente a nuestro alrededor, Ian había aterrizado encima de mí, eso explicaba por qué sentía que me ahogaba. Los pies de Carol estaban a mi lado. Apretando los dientes para soportar la agonizante punzada en mi estómago, empujé a Ian para liberarme de su peso.

Me tomó unos segundos de descanso y un par de lágrimas sentarme. Llevé mis manos hacia el cuello de Ian, rogando a lo que sea que esté escuchando que no esté muerto. No me imaginaba sobrellevar su muerte de la mejor manera. Derramé más lágrimas cuando noté su pulso, no sabía si era débil o fuerte, pero lo tenía. Evité tocar su rostro, ya que un lado de su cara estaba quemado. Intenté detener las lágrimas, pero no pude. El dolor y el miedo se apoderaron de mí por unos segundos.

Luego de intentar sin éxito despertar a Ian, me dije a mí misma que tenía que ver a mi alrededor y actuar con base a ello. Es lo que nos decía Emily en los entrenamientos. La puerta seguía en llamas, pero había ventanas que estaban cubiertas con plástico unos metros atrás de nosotros. Podíamos salir por ahí.

Una parte de mi cerebro me recordó la existencia de Carol. Gatee hacia ella y me di cuenta de que ella se veía mucho peor que él, sin contar con que parte de su vestimenta estaba quemándose. Con mis manos apagué las pequeñas llamas. Mi piel ardía por el contacto con el fuego, pero no se veía como las quemaduras de Ian. Intenté despertarla, y reaccionaba parcialmente, pero segundos después quedaba inconsciente de nuevo. Me puse de pie, y mientras valoraba mis opciones para sacarlos de aquí, decidí que por el momento debía arrastrarlos a ambos lejos de las llamas que se acercaban cada vez más rápido. Cuando me di la vuelta, me encontré con Eliel.




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