La mujer tenía los ojos abiertos de par en par, llevaba una pequeña maleta en la mano y un paraguas escurriendo en la otra.
—¿Interrumpo algo? —preguntó.
—¡No! —Mía arrancó sus manos de la calidez de Gregory y rápidamente se puso de pie. Algo que sin duda le causaría más vergüenza todavía, ya que desde aquella posición dejaba ver perfectamente que solo llevaba una bata de baño, la bata de él, puesta sobre su cuerpo desnudo.
—Hola, Joss —Greg le sonrió con ternura.
Gregory adoraba a esa mujer.
—Desgraciado, ¿por qué no me dijiste que tendríamos visitas?
—¡No! —Mía se adelantó a dar una respuesta—, yo ya me iba, solo estaba esperando a que mi ropa se secara.
—Eso no es del todo cierto —Gregory se puso de pie y envolvió con su enorme brazo bronceado la delgada cintura de Mía—. Lo de la ropa es verdad, pero eso de que ya tiene que marcharse es mentira. Amelia se va a quedar durante una semana. Joss, te presento a Amelia Langford. Amelia, te presento a Josselyn Clark.
—No puede ser —Joss dejó que sus cosas cayeran al suelo, su sorpresa estuvo por encima de su parte racional—, eres Mía Langford, eres la modelo oficial de La Voinsin y de AURA.
Greg le gruñó.
—Ya te había dicho que éramos amigos.
—Pero no te lo creí —después se giró hacia ella—. Es un total placer conocerte y aún más estar en tu presencia.
Mía esbozó una sonrisa, aunque ni por asomo llegó a sus ojos.
—Amelia, Josselyn es mi roomie.
—¿Tu roomie? —las mejillas de Mía se pusieron rojas—. Pensé que era...
—¿Su novia? —Joss estalló en carcajadas— ¡Oh, cielos no! A mí me gusta otro tipo de "espécimen".
Esta vez fue Gregory quien estalló en risas.
—Ahora resulta que yo soy un espécimen.
—Ya tuvimos esta discusión y terminamos sacando el tema de Charles Darwin, así que no, no la tendremos de nuevo. Señorita Langford, perdonarás mi atrevimiento pero me veo en la necesidad de preguntarte qué deseas cenar. Como puedes ver, en este humilde hogar no hay más que fideos congelados.
Gregory sonrió.
—Hemos tenido días peores. Aquí entre nos, un día estuvimos a punto de canibalizarnos… —pero entonces tuvo que guardar silencio cuando Josselyn agarró su pequeña maleta y lo golpeó en el hombro.
—No le creas, supongo que tú sabrás que tiene un pésimo humor negro.
Un nuevo esbozo de sonrisa tiró de los labios de Mía.
—Te agradezco el ofrecimiento de cenar, pero no tengo apetito.
—¿Cómo así? No no no, tienes que comer algo o terminarás en los huesos.
Quizá para Josselyn sus palabras pudieron haber parecido una broma, pero para Amelia, y para cualquiera que esté o haya sufrido problemas alimenticios, fueron los peores vocablos a elegir. Por suerte, Gregory pareció notar su incomodidad.
—Joss, qué te parece si tú buscas la cena mientras yo ayudo a nuestra nueva huésped a instalarse.
Josselyn le mostró las llaves del auto mientras se dirigía a la puerta y volvía a abrir el paraguas.
—Estoy en eso. Con su permiso.
Gregory centró su atención en Amelia.
—Y bien, ¿tenemos un trato?
—No me has dicho el «a cambio».
—¿De verdad importa?
—Por supuesto que importa.
—¿Por qué crees que espero recibir algo a cambio? ¿No has pensado que solo quiero ayudarte? Vamos, Amelia —la volvió a tomar de las manos—, somos amigos, y tú más que nadie sabe la importancia de aquella palabra.
Mía sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
—Acepto el trato, pero.
—Pero...
—No me llames Amelia, por favor, sabes que detesto ese nombre.
—Entonces ahí tendremos un problema. La idea de este trato es que ames todas y cada una de tus partes: las rotas y las enteras, y eso incluye el nombre que por alguna extraña razón no sé por qué tanto aborreces.
Mía suspiró, estaba tan agotada de vivir que ni siquiera buscó palabras para debatir con él.
—Está bien, pero utilízalo muy poco, por favor.
—Trato hecho, guapa. Ahora, vayamos a tu dormitorio.
—No es necesario, puedo quedarme en el sofá.
Gregory se llevó una mano al pecho.
—Me estás ofendiendo —sujetó su mano con fuerza y tiró de ella hasta las escaleras—. Arriba tenemos una diminuta habitación para los invitados, y aunque seguramente no es un palacio como tu habitación en Los Ángeles, promete mantenerte abrigada en las noches más heladas.
Después de varios escalones, Gregory y ella se pararon frente a una bonita puerta de madera. Gregory la abrió y ante ellos quedó un espacio bastante reducido pero que bien podía albergar una cama, un ropero y un tocador.
—El sanitario ya sabes en dónde está y las otras dos puertas que hay allá afuera son las habitaciones de Joss y la mía. También hay un pequeño armario en donde se guardan las escobas, pero te recomiendo que no entres ahí.
#5035 en Novela romántica
#1761 en Otros
#121 en Aventura
amistad aventuras romances y misterios, duelo tristeza miedo, amor dulzura seguridad
Editado: 01.01.2026