—Le gustaban los gatos —dijo Mia, como si respondiera a un pensamiento que él no había pronunciado—. Benito fue su vida y así lo quiero recordar.
Gregory esbozó una pequeña sonrisa.
—¿Será prudente hacer una broma justo en este momento?
Mia esbozó una enorme sonrisa.
—¿Gregory Anniston preguntándome si puede hacer una broma? ¿Quién eres tú y que le hiciste a Greg?
El hombre se carcajeó.
—¿Puedo?
—Hazla.
—Los gatos detestan permanecer en un solo lugar, son independientes, libres y aventureros. A Christopher no lo podías tener en un mismo lugar más de dos días.
Mia lo acompañó en su risa.
—Así es. Christopher tenía alma felina.
—Y el collar, ¿qué significa?
Mia dudó apenas un segundo:
—Bueno, ya sabes. La Voinsin.
—Claro.
Mia asintió, pero no añadió nada más. Sus dedos se detuvieron un instante sobre el dibujo todavía fresco, como si algo más quisiera salir… pero se quedara guardado.
Gregory no insistió y regresó a su propio lienzo.
—¿Qué hay del tuyo, Greg? ¿Qué pintaste?
—Mmmm, realmente no lo sé, no tiene forma.
Mia lo observó durante varios segundos.
—Pero algo significa.
Desordenado… como él mismo.
—No lo sé, quizá después lo termine.
La música siguió sonando, afuera no había dejado de llover, pero conforme los segundos iban pasando, el silencio se hacía cada vez más y más pesado.
—Iré por un poco de té, ¿quieres algo de beber?
—No, gracias —la mujer le sonrió—, estoy bien.
Gregory fue a la cocina, se sirvió agua caliente en una taza de porcelana y después regresó a la sala, no obstante, en su camino la taza resbaló de su mano y cayó al piso; produciendo un fuerte sonido y partiéndose en varios pedazos.
Los recuerdos regresaron a ella como una espantosa avalancha.
.
—Será mi debut como una Hada del Maven´s Croowl.
Chris estiró los brazos, y antes de que pudiera siquiera respirar, ya la tenía fuertemente abrazada.
—Lo lograste, princesa.
—Eres el primero en saberlo.
Chris y ella permanecieron un largo rato abrazados, los dos sentados en el largo sillón de la habitación. Y en un momento dado, Mía le pasó una taza de porcelana para que él pudiera darle otro sorbo a su jugo de manzana.
—Mía —ella se giró hacia él en cuanto escuchó su voz—, ¿podrías llevarme al balcón? Quiero tomar aire fresco.
—Por supuesto. Traeré el porta suero para que no lo vayas cargando.
Pero cuando ella se dio la vuelta y Christopher intentó levantarse, el estremecedor sonido de la taza al romperse le heló el corazón.
—¡Christopher! —Mía se movió tan rápido como pudo, llegando justo a tiempo para sostener el cuerpo de su mejor amigo antes de que este se estrellara contra el suelo— ¡Chris! ¡Chris! ¡Respóndeme! ¡¡¡Christopher!!!
Estaba respirando, seguía respirando cuando ella lo apretó entre sus brazos y luchó con todas sus fuerzas para mantenerlo de pie.
—¡Christopher! ¡Ayuda! ¡Fabián, Ethan, alguien que venga, por favor! ¡Christopher, abre los ojos, por favor!
.
—¡Con un demonio! Que bueno que tenía zapatos puesto, me pude haber cortado —Gregory había ido por una servilleta y ahora se encontraba acuclillado, limpiando el agua y recogiendo los pedazos—. ¿No te brincaron los trozos hasta allá? ¿Mía? ¿Mía, me estás escuchando?
Preocupado, se acercó a ella.
—¿Mía, estás bien?
Amelia estaba petrificada, sus ojos estaban llenos de lágrimas, su respiración era acelerada y su rostro estaba pálido.
—Mia, por favor, mírame.
—Los recuerdos no desaparecen. Lo que cambia es el lugar que ocupan dentro de ti. Lo que cambia es el lugar que ocupan dentro de ti…
.
—¿Mia? —Estaban en el hospital cuando Fabián se acercó a ella—. Gracias.
Pero Mia no lo miró; las lágrimas seguían escurriendo sobre sus mejillas.
—¿Por qué? Él está muy mal y yo no pude hacer nada.
—Al contrario, lo sostuviste para que no cayera.
Y entonces sí lo miró.
—No quiero que le pase nada, no quiero que se vaya.
—No puedo responderte a eso, pero te diré que si mi hermano no sale de ese cuarto con vida, tú fuiste lo último que vio y la última con la que habló, y para él eso valió muchísimo.
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Editado: 11.04.2026