Amén al Diablo

El diablo cruza el umbral

LÍA

El hombre apareció en la puerta del convento como si el infierno hubiera aprendido a usar traje italiano.

Negro. Impecable. Caro.

Y con una mirada que no pedía permiso… lo tomaba.

Yo estaba barriendo el patio. Por razones que desafían toda lógica, se me cayó la escoba.

—Amén… —murmuré—. Y no en el buen sentido.

Se acercó sin prisa, como si supiera que nadie aquí podía tocarlo.

—¿Es aquí donde esconden a las mujeres que no quieren pecar? —preguntó, voz baja, con un dejo de burla.

Le clavé la mirada.

—Es aquí donde no aceptamos hombres con cara de problema.

Sonrió.
Oh, Dios. Sonrió.

—Entonces vine al lugar correcto.

—¿Qué quiere? —crucé los brazos bajo el hábito—. La madre superiora no recibe demonios sin cita.

—Dante De Luca.

Ese nombre sonó caro.
Y peligroso.

—Lía Moretti. Y no me importa.

Su ceja se arqueó.

—Las monjas deberían ser más amables.

—Los mafiosos deberían ir al infierno.

Silencio.

Él me observó como si yo fuera un rompecabezas que quisiera romper… con guantes de hierro.

—No pareces una monja.

—Y usted no parece un donante.

—¿Y si soy ambas cosas?

—Entonces Dios tiene mal gusto.

Sus labios temblaron.
¿Eso fue… una risa?

DANTE

La monja tenía lengua de cuchillo.
Y ojos que no coincidían con su uniforme.
No bajaba la mirada.
No se escondía.
No temblaba.

—Busco a la madre superiora —dije.

—Y yo busco paciencia divina, pero hoy no tenemos —respondí—. Espere.

Me gustó.

No debía gustarme.

—¿Siempre hablas así?

—Solo con los que creen que el mundo es suyo.
Me acerqué un paso.

—El mundo no es mío… pero se comporta como si lo fuera.

No retrocedió.
Se quedó firme.

—¿Y qué hace un hombre como usted aquí?

—Donación.

—¿De dinero o de pecados?

—De silencio.

Sus labios se apretaron.
Interesante.

—Pasa —dijo finalmente—. Pero si roba algo, le confieso los pecados inventados más horribles.

—Espero que incluyan mentiras jugosas.

—Incluyen su funeral.

Sonreí.

—Monjita peligrosa.

—Mafioso con complejo de turista.

LÍA

Caminó por el pasillo como si el convento fuera suyo.
Yo iba detrás, vigilándolo.

—No toque nada.

—¿Por qué?

—Porque Dios ve.

—Que mire —respondió—. Yo pago entrada.
Entramos al despacho de la madre superiora.
Me quedé junto a la puerta, como guardiana mal pagada.

—¿Por qué un mafioso vendría aquí? —susurré.

—Porque los lugares santos esconden bien los pecados.

—Eso no suena tranquilizador.

—Tampoco lo es.

Me miró de reojo.

—¿Siempre fuiste monja?

—Siempre fui problema.

—Te creo.

DANTE

Ella no sabía quién era yo.
Eso me divertía.

—¿No te da curiosidad saber qué hago? —le pregunté.

—Me da curiosidad saber por qué no está preso.

—El dinero es buen abogado.

—Dios no acepta sobornos.

—Por eso no hablo con Él.

Me observó como si quisiera rezarme… o golpearme.

—¿Por qué me mira así? —pregunté.

—Porque quiero entender qué clase de pecado camina con traje caro.

—El tipo que no se confiesa.

—Entonces está perdido.

—Tal vez —me incliné—. O tal vez encontré una santa que miente bien.

Sus mejillas se encendieron.

—No miento.

—Claro que sí. Tus ojos dicen que no perteneces aquí.

—Mis ojos dicen que rece.

—Mis ojos dicen que corras.

Silencio.
Algo crujió entre nosotros.

LÍA

No me gustaba.

Eso era mentira.
Me gustaba demasiado.

—¿Cuánto tiempo se queda? —pregunté.

—Lo suficiente para que empieces a odiarme.

—Eso será rápido.

—Me gustan los retos.

La madre superiora entró en ese momento.

—Hermana Lía, acompáñenos después.

Genial.
Castigo celestial.
Cuando salimos, él susurró:

—¿Rezas por mí?

—No.

—¿Por qué?

—Porque Dios tiene cosas más urgentes… como perdonarme por conocerte.

Sonrió.

—Entonces volveré mañana.

—Este no es un hotel.

—Para mí, lo será.

DANTE

La vi alejarse por el pasillo con pasos furiosos.
Monja.
Lengua afilada.
Mirada herida.
Y algo más.

—¿La monja sabe quién soy? —pregunté a la superiora.

—No.

—Mejor.
Porque si lo supiera…
Habría corrido.
Y yo ya no quería que corriera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.