Samuel estaba anonadado. Fernanda y Roberto seguían mirando la foto sin decir una palabra. La chica la analizó con detenimiento.
—Samuel, ¿acaso…?
—Sí. —La interrumpió.
—¿Qué? —Roberto alzó una ceja—. No entiendo.
—El niño de la foto es Rogelio. —Lo señaló Fernanda—. Al parecer ya conocía a Samuel. ¿Por qué no nos habías dicho?
—¡No recordaba que era él! Cambió mucho.
—Se nota.
—¿Apoco ese es Rogelio? —Roberto lo miró con atención y se acomodó los lentes para enfocarlo mejor—. ¡Woaaah!
—Con razón cuando llegó se me hizo conocido el nombre… Pero en serio que no recordaba que era él, ¡y es mi mejor amigo de la infancia!
—Ahora ya sé por qué te caía tan bien, de seguro tu subconsciente siempre lo recordó, por eso le prestaste los apuntes de matemáticas cuando nadie más quiso hacerlo —musitó Fernanda.
—Tal vez… Y yo que dudé de él, ¡soy tan mal amigo! —Colocó las manos en su rostro.
—No eres malo —lo consoló Roberto—, solo creíste lo obvio. Rogelio tiene unos métodos de ayudar muy extraños.
—Eso. —Apoyó Fernanda.
Pero Samuel seguía sintiéndose mal. Tenía que hablar bien con Rogelio al día siguiente.
***
En la mañana, Rogelio llegó temprano a la escuela. Aventó su mochila en su banca y salió a tomar un poco de aire fresco antes de que empezara la clase. Es más, si no le daban ganas, no entraría. Se iba a dirigir a la cancha, cuando escuchó que alguien lo llamaba.
—¡Rogelio!
El chico volteó y vio que Samuel se dirigía a él con paso apurado.
—Hola, Sam, ¿qué hay?
—Rogelio, toma. —Le extendió la foto que le dio el día anterior—. Es tuya.
—Puedes conservarla.
—No, yo tengo una igual… Ayer les comenté a mis padres que tú eres el chico nuevo de mi escuela, se pusieron muy contentos al saber que estás bien.
Rogelio sonrió un poco.
—¿Y cómo están ellos?
—Muy bien, gracias, te mandan saludos. De hecho dicen que cuando gustes, puedes ir a la casa, tienen muchas ganas de verte.
—Gracias, igual mándales mis saludos y diles que trataré de ir pronto.
Ambos se quedaron callados un momento.
—Rogelio, en verdad siento haber dudado de ti.
—No te preocupes, Sam —le sonrió. Rogelio estaba consciente de que Samuel y su familia lo apoyaron mucho. Ahora él quería devolverle el favor al chico, logrando que anduviera con la niña que le gustaba.
—¿Qué fue de tu vida en todo este tiempo? —Se atrevió a preguntar Samuel. En seguida agregó—. No tienes que responder si no quieres.
—Cuando murió mi madre, mi tía se hizo cargo de mí. Yo vivo con ella y con mi prima, y es la que nos ha sacado adelante —explicó—. Le debo mucho, aunque a veces mis acciones no sean del todo agradables para ella.
—¿Por qué dices eso?
—Justo en estos momentos pensaba salarme la clase.
Samuel frunció el entrecejo.
—Rogelio —dijo con tono de reproche.
—¿Qué? Es verdad —rio sin ganas—. Mi tía Mónica es muy buena, pero también muy estricta. No me deja salir mucho. —Se encogió de hombros—. Es por eso que, cuando me invitas a salir, no voy.
—Entiendo.
En ese momento vieron llegar a los mellizos Molina. Javier se separó de su hermana para dirigirse con sus amigos Alfredo, Félix y Carlos, los mismos que jugaban con ellos de niños. La chica, en cambio, se dirigió con su mejor amiga, una chica delgada y con lentes cuyo nombre era Clarisa.
—También recuerdo a todos ellos —comentó de pronto Rogelio—. Y a Rebeca también…
—Nos hizo jugar con sus muñecas.
—Nunca olvidaré eso en toda mi vida.
Ambos rieron un poco.
—¡Qué locura, Rogelio! No creí que te vería de nuevo, es decir… ¡Mírate!, has cambiado mucho. Por eso ninguno te reconoció.
—Tú no has cambiado nada.
En ese momento Sonia y Sofía, que venían hablando los chismes del día anterior, los enfocaron y se acercaron a ellos.
—¡Ya son amigos de nuevo!
—Samuel, ¿perdonaste a Rogelio tan pronto?
El ojiazul les sonrió y Rogelio las fulminó con la mirada, pero antes de que pudiera decir algo, Samuel se apresuró a hablar.
—Es él el que debe de perdonarme a mí.
—¿Y por qué?
—¿Sí? ¿Por qué?
Samuel les extendió la foto para que las chicas la vieran.
—Por dudar de mi mejor amigo.
—¿Ese niño tan flaquito es Rogelio? —Preguntó Sofía con indiscreción.
—No se parece nada —agregó Sonia devolviendo la foto a Samuel, el cual se la pasó a Rogelio.