El ansiado miércoles al diez para las cinco, Javier estaba con Rebeca en su auto para llevarla al cine. Lo que estresó y puso de malhumor a la chica era que a su hermano se le ocurrió invitar a Sonia y a Sofía con él, ya que en lo que ella estaba en el cine, él pasaría tiempo con sus amigas en un café cercano. Las chicas platicaban atrás entre ellas mientras Rebeca terminaba de ponerse lápiz labial. Casi nunca usaba maquillaje, así que se estaba tardando un poco. En un momento, Javier se frenó de repente y la chica se pintarrajeó la cara de más.
—¡Javieeeer!
—¿Qué quieres, Rebeca? ¿Que atropelle al viejito que se cruzó?
La chica tomó un pañuelo para limpiarse y comenzó a murmurar cosas. Sonia y Sofía rieron sin disimular, hecho que enfureció más a la chica. Cuando Javier se estacionó cerca del cine, tardaron diez minutos más en bajar del auto en lo que Rebeca se terminaba de maquillar.
—Si quieres te ayudo. —Se ofreció Sonia.
—No, gracias —respondió con tono hosco—, no quiero parecer payaso —agregó bajito. Solo Sofía la pudo escuchar, ya que Javier y Sonia empezaron a conversar.
Una vez que finalizó, entraron al cine y vieron a Samuel, que se acercó con timidez a ellos.
—Chicos, ¡también vinieron! —Comentó con alivio.
—Tranqui, compa, no voy a arruinar tu cita con mi hermana, las chicas y yo vamos a un café, si quieren alcáncenos cuando acabe esa película que se ve toda chafa y aburrida.
—Oh… claro. —Ahí se le quitó el alivio.
Sofía, que aún seguía molesta con Rebeca, no dudó en provocarla.
—Por cierto, Samuel, te ves muy bien —lo halagó, mirando de reojo a la chica, que se aguantaba el coraje por el simple hecho de estar frente a Samuel. Sonia y Javier tuvieron que disimular su risa.
—Oh, gracias, ustedes también, chicas.
—Gracias, lindura.
Antes de que Samuel pudiera contestar algo, Rebeca lo tomó de la mano y lo jaló hasta la fila de los boletos.
—Sí, sí, ya nos tenemos que formar antes de que nos ganen las entradas.
Y sin más se alejó, llevándose al chico con él.
—Nos vemos, chicos —comentó Samuel antes de alejarse por completo.
***
Una vez que Samuel pagó los boletos —ya que él se ofreció a hacerlo—, se dirigieron a la dulcería. Rebeca no quería pedir nada, ya que él era el que pagaría, así que el chico terminó comprando un combo de palomitas con dos refrescos. Después de eso, entraron a la sala y esperaron a que pasaran los aburridos y largos comerciales para ver la película pero descubrieron, con horror, que ésta era aún más espantosa que los mismísimos cortos.
Eran tan aburrida que Samuel casi se queda dormido. Rebeca notó, con preocupación, que la estaba pasando mal. Se maldijo así misma por haber escogido tan mala película pero fue porque era la única romántica que estaban pasando en los cines en ese momento, y ella quería ver algo de ese estilo junto a él.
Cuando terminó la película y salieron de la sala, Rebeca se disculpó.
—Lo siento, Samuel, en verdad, no creí que estuviera tan aburrida esa película.
El chico le quiso dar ánimos.
—No es tan mala.
—Está horrible. —Oyeron una voz que se dirigía a ellos. Ambos voltearon y vieron a una chica de lentes con cabello castaño perfectamente peinado en una trenza junto con otras dos chicas.
—Sí, lo sé —concordó Rebeca. La chica se alejó junto a sus amigas y las escucharon debatir sobre la película: una decía que estuvo bonita, la otra que no era tan mala y la castaña opinaba que era horrorosa. Al final las ignoraron y la pelirroja volvió a dirigirse a Samuel—. Lo siento. —Volvió a disculparse. Ambos caminaron hacia la salida del cine.
—No hay problema —le sonrió.
Rebeca le devolvió el gesto. Podía ser una chica grosera, prepotente y malhumorada, pero cuando estaba con Samuel solo sentía ganas de abrazarlo y hacerlo feliz.
—Samuel…
—Mande.
—Yo… Este, sabes, yo… Amm, es que tú…
—¿Sí?
La chica estuvo punto de decirle que le gustaba mucho pero prefirió no hacerlo.
—¿Que si tú quieres ir con Javier y sus amigas al café?
—Sí, pero vamos rápido que está a punto de llover.
Ambos cruzaron la calle para llegar al café de enfrente y pusieron más sillas para sentarse al lado de las chicas y Javier. Ellos hablaban animadamente, metiendo a Samuel en la conversación. También intentaban meter a Rebeca, pero en un momento la chica se quedó sumida en sus pensamientos, ignorándolos por completo. «¿En verdad pensé en decirle a Samuel que me gusta?, ¿qué estaba pensando…? En cambio, sí siento que tengo que hacerlo, es horrible el sentimiento de angustia de no saber si me va a corresponder o no, tengo que decirle… Aunque si me dice que no, ¿cómo lo tomaré?».
—Rebeca… Rebeca… —La voz de Samuel la sacó de sus cavilaciones.
—¿Qué pasa, Samuel?
—¿Tú qué opinas de lo que dijo tu hermano?