Amistades duraderas

Capítulo 9. El baile

El lunes temprano, Samuel hizo el intento de hablar con Rebeca, pero la chica no quería hablar con él así que le pidió a Clarisa que lo confrontara.

—Lo siento —murmuró la chica—, pero Rebeca no quiere hablar contigo.

—Entiendo. —Bajó la cabeza—. Solo dile que lo siento mucho.

—Sí, yo le digo.

El chico pensó que a lo mejor en unos días Rebeca luciría más animada, pero no, se veía igual o incluso más triste. Ya ni siquiera le hablaba ni lo saludaba como antes.

Las cosas se empezaron a animar más cuando notaron que se acercaba el fin de curso, venían las vacaciones y eso significaba despertarse tarde, cero tareas, nada de exámenes, salidas, etcétera.

—En parte me pongo un poco nostálgico —comentó Roberto un día en que todos estaban sentados en círculo— por saber que solo nos quedará un año más juntos.

—Son etapas —comentó Fernanda—, hay que disfrutar cada una de ellas.

—Lo importante es permanecer unidos, a pesar de los caminos que tomemos, hay que seguir manteniendo contacto —comentó Samuel.

—Sobres, hay que hacer un trato —secundó Rosa. En seguida le escupió a su mano y se las extendió—. Por nuestra amistad… Vamos, síganme la corriente.

Roberto y Rogelio también les escupieron a sus manos y las pusieron encima de la de Rosa.

—Faltan ustedes.

Samuel y Fernanda no estaban muy convencidos pero los chicos les insistieron. Al final Samuel suspiró e hizo lo mismo.

—¡Wuuuu!

—¡Eso, Sam!

—Yujuuu.

Luego voltearon a ver a Fernanda.

—No, yo no —murmuró la chica.

—Vamos —le dijo Rosa—, no seas así, si no al final mantendremos contacto entre nosotros pero a ti ya no te vamos a ver.

—Sí, Fer, cierra el trato —dijo Rogelio.

—Si no, en un futuro ya no seremos tus amigos. —Roberto hizo como que se limpiaba una lágrima.

—Ayyy, está bien, ni modo, después me tendré que echar ácido en la mano. —Sin decir más, le escupió a su mano y la puso encima de las de los demás.

Después exclamaron, entre risas, que su puercada había sido el mejor trato y rápidamente fueron a lavarse las manos.

***

Como cada fin de curso se hacía un baile escolar, independientemente de si eran alumnos de primer, segundo o tercer año, todos los chicos andaban entusiasmados, organizando las cuestiones del baile y viendo quién sería su pareja.

En un día en que se encontraban solo los chicos, discutían por ver cuál llevaría a Fernanda al baile, pues de tres amigos con los que se juntaba y que ninguno la invitara iba a ser muy grosero, en palabras de ellos.

—Roberto, tú la vas a llevar.

—No, llévala tú, Rogelio.

—Yo la puedo invitar —comentó Samuel.

—No, Sam, tú vas a ir con Rosa, ya le dije que tú la ibas a invitar y estuvo de acuerdo —le dijo Rogelio. Después volvió a mirar a Roberto—. Llévala tú, eres su amigo de más tiempo y de seguro le agradas más que yo.

—Es que yo quiero invitar a Sonia… O a Sofía, a la que sea.

—Y yo quiero invitar a Sofía… O a Sonia, la que sea está bien.

Al final decidieron jugar piedra, papel o tijera, el que perdiera llevaba a Fernanda.

—Chicos, que yo puedo llevarla.

—Que no, ya te conseguí una cita con Rosa —dijo Rogelio.

—Creo que Rosa entenderá si uno de ustedes la lleva y yo voy con Fernanda. Además, Rosa ya no me gusta…

—Te amuelas, tú vas con Rosa. Ahora esto se decide con el juego.

Jugaron y perdió Roberto.

—Dos de tres.

—Va.

—No me parece bien que estén jugando eso para invitar a una chica al baile, nuestras amigas son personas…

—Cállate, Samuel —lo interrumpió Rogelio—. Mira, perdí por tu culpa. La tercera es la decisiva. Deja que me concentre.

Samuel solo rodó los ojos.

—Que yo puedo invitarla —repitió, pero ambos chicos lo ignoraron.

—¿Listo, Roberto?

—Va.

Al final Rogelio terminó sacando la piedra y Roberto la tijera.

—¡Sí, gané! —Murmuró Rogelio.

—Está bien, yo la llevaré.

—¿Llevar qué? —En ese momento los dos escucharon la voz de Fernanda y se tensaron.

—Nada, Fernandita bonita. —Roberto se acercó a ella—. Que me llevaré una materia a extraordinario. Por cierto ¿quieres ir al baile conmigo?, digo, como buenos amigos que somos.

Fernanda rodó los ojos.

—Pues ya qué.

—¿Y todavía te pones así? Yo, que soy súper buen amigo, te invito y me contestas con un «ya qué».

—Pues sí.



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En el texto hay: amistades, amigos amorjuvenil, amistad adolescente

Editado: 02.02.2026

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