Los chicos se siguieron viendo y saliendo en las vacaciones y también fueron mejores amigos durante el siguiente año. El día de la graduación del bachillerato, todos se sentían un poco nostálgicos, pues irían a universidades diferentes, estudiarían carreras diferentes y tomarían decisiones diferentes.
En la ceremonia, hecha en el auditorio de la escuela, le tocó a Samuel decir el discurso. Cuando finalizó todos le aplaudieron de pie. Al finalizar la entrega de diplomas, los chicos se acercaron entre ellos para felicitarse. Iban a festejar con sus familias pero habían quedado de acuerdo ambos grupos para ir cenar en la noche y después acudirían al baile que se organizaba cada año.
—¡Lo hicimos! —Exclamó Rosa cuando les terminaron de tomar unas fotos—. Creí que este momento nunca llegaría para mí, pero gracias a las tutorías de matemáticas de Samuel pude pasar… Gracias, amiguito —dijo con sincera gratitud.
—No hay de qué.
—A mí también me ayudó. Gracias, amiguito, por dos —se burló Rogelio.
—Tú no me digas amiguito —le reclamó.
—¿Por qué no, amiguito?
—Agh, para qué te ayudé —se quejó a modo de broma.
En ese momento se acercó la señora Lina y les dijo que se tomaran unas fotos con sus hijos. Todos accedieron y los fotografió sin parar, pero tomó más de Rebeca junto a Samuel. Los chicos, que al principio se sentían incómodos por su cercanía después de la declaración no correspondida, al final lo aceptaron con naturalidad y acordaron ir al baile juntos, como amigos; incluso llegaron a hacer bromas de esa situación.
En ese momento Renata, que se terminó de tomarse fotos con Rogelio por obligación de su madre, se acercó a Samuel.
—Muchas felicidades, Samuel —dijo, ignorando a Rebeca—, tu discurso estuvo muy padre.
—Gracias, Renata —respondió el chico, ruborizándose un poco. Rebeca se dio cuenta del gesto.
—Samuel, no seas asalta-cunas, ¿en serio no te fijaste en mí pero sí en una de primaria? —Dijo para hacer enojar a Renata, pues le cayó como patada al hígado que solo hubiera felicitado a Samuel y no a ella.
Samuel se ruborizó aún más.
—¡¿Qué dijiste?! —Reclamó la pelinegra furiosa.
—¡Rebeca! —La regañó Samuel.
—¿Qué? Es verdad, no me culpes a mí, sino a ti. —Entrelazó sus dedos en su cabello y se aguantó la risa.
—¡¿Qué te pasa?! —Volvió a reclamar Renata, pero Rebeca la ignoró y siguió platicando con Samuel.
Mientras Sonia y Sofía, que terminaron de tomarse selfies entre ellas, se acercaron a Rogelio para tomarse fotos con él. Nunca se le dio volverse novio de alguna en todo el año pero aún así se sentía libre de coquetear más abiertamente con ellas, en especial con Sofía. Cuando terminaron con las cien fotos que se tomaron, Sonia jaló a Sofía del brazo.
—Vamos con Javier.
—Ahorita voy.
Sonia se abalanzó hacia el pelirrojo y sacó su celular para tomarse otras cien fotos con él. Si bien al principio no quería hablar con ellas, al final, por insistencia de Rebeca más que nada, volvieron a ser sus amigas con la condición de que no lastimaran a su hermana. Ellas aceptaron pero insistieron que le comentara a Rebeca que no fuera tan mala con ellas.
—Me cambian por Javier. —Rogelio se hizo el ofendido—. Es el último día de escuela y lo siguen prefiriendo.
—Sonia sí… No le digas a nadie, pero ella tiene un ligero enamoramiento hacia él, solo que todavía no se da cuenta.
—¿Y tú? —Alzó una ceja.
—No, yo no. —Le restó importancia moviendo la mano.
—¿No te gusta?, ¿o no me cambias por él?
—Ninguna —expresó luego de fingir que lo pensaba durante unos segundos.
—Eso es bueno —respondió, recargándose en la pared—. Igual ya no veré a ninguna de ustedes, mi tía me mandó a estudiar a otra ciudad.
—Sonia y yo iremos a la misma universidad, pero también es en otro estado.
—Qué mal… O sea, qué bien por ustedes, pero qué mal que ya no nos veremos.
—En vacaciones podremos vernos.
—Eso sí.
—De cualquier manera, creo en esa leyenda del hilo rojo, que si uno está destinado a alguien, al final se reencuentra con esa persona.
—Es un buen cuento. —Se encogió de hombros.
—Sí, cuento… Bueno, tengo que ir a tomarme fotos con Sonia y Javier, me están esperando.
—Ve.
Sofía se alejó un poco, pero al final regresó con Rogelio y se acercó para darle un pequeño beso en los labios. El chico no reaccionó en ese momento, y cuando salió del estado de estupor, la rubia ya se había separado de él.
—¿Y eso? —Preguntó él finalmente.
Sofía se encogió de hombros.
—Pues… estuviste ganándote méritos todo el año, los perdías un poco cuando coqueteabas con Sonia, pero luego los volvías a ganar —explicó—. Pero como dije, me tengo que ir. Llámame al rato, ¿quieres?
—Por supuesto —respondió sin salir de su incredulidad.