Amo de Todo

7. Empieza el show

Esperamos que el evento sea multitudinario.

Lo que no me esperaba era que me terminen tratando como a una suerte de superestrella donde me maquillan, me eligen el vestuario y me hacen ver a una persona lista para asumir compromisos maravillosos.

No tolero tantas manos encima de mí.

—¿En verdad no puedo mejor ponerme el delantal blanco, las gafas y peinarme el cabello hacia atrás?

—Por supuesto que no puedes—decreta el estilista a cargo quien está detrás de mi silla, supervisando todo lo que me hacen—. ¿O acaso crees que Eva Perón, Michelle Obama o Margaret Thatcher fueron las mujeres imponentes que fueron solo por hablar bonito? Además de saber cómo dirigir comunidades enteras.

—¡¿Qué?! ¡No quiero ser como ninguna de ellas! Ni me identifico con ninguna de ellas. Solo quiero ser yo misma.

—Todos cedemos un poco a nuestra esencia para agradar a los demás, cariño—me dice el chico de cabello platinado acercando su rostro el mío y observándome a través del espejo. La mujer que se está haciendo cargo de mi cabello se aparta, mostrándome mi pelo alisado y con las puntas cortadas a la altura donde termina mi cuello estilo carré, también se aparta la persona de maquillaje y me sorprende que me han quitado las ojeras, se destacan mis pómulos y mis labios parecen ser mucho más llenos de repente.

Quizá no esté tan mal ceder un poco a la esencia propia para marcar tendencia o, simplemente, para sentirme mejor conmigo misma.

No me importan las tendencias.

Pero ver una mejoría en mi aspecto realmente consigue que me sienta bien, un poquito bien luego de la intensa angustia que he pasado este último tiempo.

¿De eso se trata? ¿En verdad? ¿El poder se trata de darle a todo la fachada perfecta hasta que nadie sabe cuál es la esencia correcta de las cosas?

A final de cuentas, desde que llegué acá, solo se ha tratado de eso.

Disfrazarlo todos.

Ahora me toca ser yo la que se disfrace.

—Un momento—le digo al estilista—. ¿Quién tomó la decisión de cortarme el pelo?

—Solo fueron las puntas cariño todo lo demás es producción. Ahora vámonos porque nuestro presidente ya está por hablar.

Inspiro profundamente e intento llamar a los ángeles de la meditación para que me den la calma que necesito, porque en cuanto comienzo a sumar dos y dos, el poco bienestar que consigo construir se viene abajo y la angustia amenaza con derrumbarme.

Me pongo de pie y el chico retrocede, con una sonrisa en los labios, seguramente que sumergido en el victorioso sentimiento de hacerme ver como una empoderada matrona que tiene capacidad de tomar decisiones.

—Vámonos—convengo.


 

El estadio cerrado donde se está llevando a cabo este evento es enorme, hay una multitud dentro y seguramente muchos medios y personas alrededor se están conglomerando para captar algo de lo que está sucediendo.

Conozco el protocolo de punta a punta, sé que nada de lo que nos puedan enseñar ahora tendrá que ver en absoluto con el resto de las mentiras que vienen lanzando, solo que han convertido un hallazgo fundamenta para la ciencia en un espectáculo cuasi deportivo. Mejor eso que nada, aunque mucho mejor sería una convocatoria seria y abierta a investigar qué carajos es lo que tenemos encima de nuestras cabezas.

Y no me refiero al techo.

Porque han buscado un estadio techado para poder proyectar ya que afuera la luz es demasiado intensa como para enseñar lo que están a punto de hacer ahora.

A mi derecha está el presidente Cruz, mientras que a la derecha de él yace el vicepresidente con su esposa y nos acompaña una horda de inútiles que viven solo para que les aplaudan y para montar shows que no aportan belleza como los artistas sino que aportan mentiras para mantener entretenida a la población mientras le hacen creer a todos que tienen los hilos controlados cuando en verdad no tienen la menor idea de qué hay que hacer de verdad: solo montar el bendito show y ya.

—Por favor, sonríe—me dice Cruz, tomándome de mi mano y eso consigue sacarme un suspiro. Su mano fuerte y grande se ha aferrado a la mía y es fascinante su tacto con el mío. Lo que se vuelve aún más incómodo considerando que todo el mundo nos está mirando, tomando fotos, filmando y nuestras caras no solo se transmiten por pantallas gigantes en todo el estadio sino en móviles y TVs de todo el país.

—¿No te parece curioso?—. Me acerco a él y le hablo mientras falseo una sonrisa en mi rostro.

—¿Curioso el qué?

—El techo nos mostrará una proyección que dice cómo es realmente el mundo cuando allá afuera el brillo es tan intenso que nos enceguece, entonces decidimos encerrarnos y ver lo que queremos ver.

—Ajá y la gente enloquece por ver lo que les queremos enseñar porque están aburridos de mirar directo hacia la realidad y no hallar las respuestas que necesitan. De eso se trata gobernar: ocuparnos de nuestra población. Ahora, por favor, sonríe y saluda. Ya tienes fans.

Asiento, siguiendo la corriente sin más.

Que empiece el show de una vez, ¿no?

 




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