Amo de Todo

18. Ejecución

Una guerra podría desatarse si no hago pleno uso de mis habilidades diplomáticas. Las cuales no poseo, pero por algún motivo a esta gente se le acaba de ocurrir que puedo llegar a aportar algo que prevenga una guerra más allá de mis conocimientos técnicos. Y porque quieren que yo sea el rostro visible de las investigaciones llevadas a cabo con las figuras.

Una vez que me sientan en la mesa, encienden pantallas delante y me indican desde la derecha que habrá una pantalla junto a la que me muestra al grupo de guerrilleros que me dará indicaciones de cómo proceder.

Decido hablar inglés y es la manera en la que me contesta el hombre al otro lado de la pantalla en cuanto aparece.

Lleva puesto turbante, tiene barba y gafas. Tras él puedo verlo.

Cruz.

Está de rodillas, con dos personas más que permanecen de la misma manera, atados de manos, inmovilizados.

—¿Doctora Mercy?—me contesta el hombre en cuanto caigo en la cuenta de lo que me tiene preparado la realidad con absoluta vehemencia. Es una bofetada con rudeza. Hay otros hombres detrás, con los rostros cubiertos, sosteniendo armas de guerra.

Doy un ligero vistazo a la pantalla que dice “Hasan Kazem, líder del grupo adjudicado al secuestro del Presidente, están por fuera de todos los tratados diplomáticos establecidos de manera oficial con Irak.”

—Señor Kazem—digo contestando directamente. No puedo creer que estoy haciendo esto, no lo puedo creer—. Sí, con usted se comunica la doctora Alba Mercy, persona al mando de las investigaciones por las Siete Figuras.

—Vaya, ¿entonces es usted la responsable de que se haya mentido a toda la humanidad en asuntos de extrema importancia para toda la población?

Trago grueso.

Es grave, es sumamente grave ser quien tenga que dar la cara en esta situación porque están mintiendo en mi nombre y ahora yo debo ser quien muestre la cara.

—Soy la persona que intermedia los anuncios oficiales, las decisiones gubernamentales y hace una bajada de la información confidencial de nuestros…centros de estudio—. Casi se me escapa la palabra “laboratorios”, pero he firmado un pacto de extrema confidencialidad acerca de la existencia de estos—. Mis obligaciones no involucran solo la coordinación de las investigaciones, señor Kazem. Estoy a disposición de responder a sus dudas.

Se adelanta también el jefe de Defensa quien le habla directamente a Hasan Kazem. Sus manos sobre la mesa sirve para adelantar la silla y habla:

—Señor Hassan Kazem, le habla Kenan Fritz, comandante en jefe de Defensa en el Comité de la Agenda 2030. Estamos acá para negociar la liberación de nuestro presidente quien fue con motivos diplomáticos a una reunión en su país.

—¿Nuestro país?—contesta al otro lado—. Ustedes solo venían a convencernos de las mentiras que le están dando al mundo entero, no solo a “nuestro país”.

—El deber de gobernar implica comunicar de manera eficaz, sencilla y llevar la paz a toda la población, no tenemos potestad de emitir ningún tipo de mentira.

—Recibimos de muy buena fuente que el “error astronómico” detectado en los cielos por lo que tenemos luces y vibraciones en nuestra ciudad fue la respuesta de vida fuera de nuestro planeta a una señal emitida por vuestro gobierno. ¿Es así?

Trago grueso.

Me sudan las manos.

Cruz está ahí atrás.

Su vida pende de un hilo.

—Las operaciones llevadas a cabo por nuestros centros de investigación tienen carácter confidencial y, en caso de poder estar estableciendo contactos de manera fluida con entidades extraterrenales sería inmediatamente difundido a la población completa al saber que no hay peligro en ello.

—¿Y cómo determinan ustedes el significado del “peligro”? Las explicaciones tienen que brindarlas a otros, no solo a nosotros.

—¿Qué es lo que quieren, señor?

—Acceso a la base lunar militar.

—...

El funcionario de defensa hace silencio.

El clima en la sala se vuelve áspero.

Abro la boca y no lo puedo contener cuando pregunto:

—¿La…qué?

Una media sonrisa se esboza en el rostro de Hassan.

—¿Qué sucede, doctora? ¿No es usted quien está a cargo de las investigaciones?

—No hay bases militares fuera de nuestro planeta, señor, esa idea es absurda—interviene el jefe de Defensa.

—¿De verdad arriesgarán sus vidas a condición de sostener una mentira?—pregunta Hassan.

—¿Está usted amenazando directamente al Comité completo?—pregunta el el comandante Fritz. Me pregunto si su colega, la comandante que estaba al trabajo de defensa en el Palacio de Elíseo tiene idea de todo esto.

—Podemos empezar con nuestros visitantes.

Uno de los guerrilleros empuja hacia adelante de una patada a uno de los hombres trajeados de nuestro equipo.

El corazón se me viene a la garganta, pero un ligero atisbo de alivio se genera en mí al notar que no es Cruz. Alivio que no hace justicia en absoluto al profundo estado de malestar que vive en mí al caer en la cuenta de una cosa.

Lo van a ejecutar.

Le quitan la capucha y capto que se trata del jefe de relaciones institucionales del Comité a quien reconozco del evento en el estadio cerrado días atrás.

—¡No!—me levanto de la silla.

En la pantalla aparece “CALMA”.

Trago grueso.

El comandante insiste:

—No hay ninguna base lunar, le sugerimos no tomar la determinación que están planeando hacer…

—¿Sostiene esa mentira, Kenan Fritz?

—No es ninguna menti…

¡BOOM!
Una vez.

Dos.

Tres.

Diez.

No llego a contarlas.

Los tiros con los que acaban de ejecutar al sujeto delante.

Me tiritan las piernas.

Cruz está al medio.

Lo hacen avanzar.

Le dan una patada por la espalda.

—Es un delito de extrema gravedad y la alianza entre las naciones que forman parte de nuestro Comité tomarán severas cartas en el asunto si se atreve a hacer eso, Kazem—le dice Fritz a Hassan quien vuelve a preguntar:




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