Amo de Todo

25. Padre e Hijo

 

—Mi nombre es Benoit De Lucca, pero nuestro equipo tiene sus propios seudónimos para proteger nuestras identidades.

Benoit. Entonces, así se llama el soldado que me tiene raptada.

Una vez que me sacan del hospital, salimos a caminar por el pueblo donde estamos. Hay niños jugando en terrenos áridos, no parece ser este un lugar que cuente con servicios básicos como agua potable y sospecho que los gobiernos se olvidaron hace rato de este lugar. Ya entiendo por qué están aquí asentados.

—¿Por qué se supone que me revelas tu nombre?—le pregunto llena de dudas y suspicacia, aunque una parte de mi me sugiere aún confiar en él.

Me tiene raptada, estoy segura que no es por el Estocolmo, pero esa sensación va un poco más allá, quizá un enemigo común que nos une y propósito que alguna vez nos hizo volvernos unos chicos malos.

—Porque tienes que saberlo como yo sé el tuyo—asegura, sacando de su bolsillo una billetera y de ésta una licencia de conducir. Parece ser una fotografía vieja, la licencia debe estar vencida, pero no llego a encontrar el detalle ya que la guarda y añade—: De cuando trabajaba en la armada.

—¿Es broma? ¿Pertenecías a las Fuerzas?

—Así es.

—Otro motivo más para desconfiar de ti.

—Eres la pareja oficial del presidente del Comité de la Agenda 2030. O ex presidente. Siento mucho lo que está sucediendo a Cruz, realmente creí que algún día tomaría el camino correcto, pero se vendió por nada.

Parpadeo, atónita, tratando de cuadrar cabos sueltos.

Por la calle pasan unos niños corriendo y me obligo a detenerme, lo cual viene acompañado de las palabras que surgen en mi interior para procesar lo que acabo de escuchar.

—¿”Cruz”?—así le llamamos las personas cercanas. Ni “presidente”, ni “señor presidente” o su nombre de pila, sino de esa manera—. ¿Le conoces?

—Por supuesto. Era cadete mío en la Armada hasta que inició su carrera política. Tenía convicciones, tenía principios y todo se vino al demonio en cuanto comenzó a pregonar sus ideales junto a partidos que le propusieron el poder.

—Él no…

—No tiene el poder. Es un títere más. Y lo supo incluso antes de entrar, pero creía que el que tendría la posibilidad de ser quien toma las decisiones sería justamente él. Vil error. Cruz no conseguiría cambiar las cosas.

—Confío que aún queda nobleza en él.

—Quién sabe…

A propósito, ahora que recuerdo, Cruz sí ha pasado alguna vez por las vinculaciones militares que le protegen delante de mí, aún conserva esos nexos, tiene sentido que haya tenido a alguien de confianza.

También que se haya apartado de él cuando fue necesario.

—¿Cómo puedo estar segura de que puedo confiar en ti y de que me estás diciendo la verdad?—le suelto, perspicaz.

—No confíes en mí. Confía en ti. Si confiaras de buenas a primeras en nosotros, te hubiésemos disparado de entrada.

—¿Qué?

—Pero no somos así. Evaluamos bien nuestros ataques antes de jugarnos la vida para concretarlos.

—Tú sabías que todo eso era una farsa.

—Exacto.

—¿Cómo es posible que hayan conseguido algo así?

—Estamos organizados.

—Claro, por ello tienen base aquí en medio de la nada.

—Hay diferentes bases aliadas en todo el mundo, los poderosos ya saben de varias de ellas y han liquidado a muchos de nuestros compañeros. Cada baja es un motivo nuevo por el cual consideramos que hay que destronar ese poder pre-establecido que ahora van por todo. Y cuando digo “todo” me refiero al universo, literal. Esa gente no tiene límites y nos destruirá a todos.

Seguimos andando hasta llegar a una motocicleta que está fuera de una casita de adobe. Él saca sus llaves y me invita a subir.

—¿Dónde me llevarás?—le pregunto.

—Cerca.

—¿No vamos a ponernos cascos? Al menos para la arena.

—Agradece que tenemos una Harley, aunque ya está un poco vieja.

—Robada.

—Donada por megaempresarios.

—¿Qué?

—Arriba también hay de los dos bandos. Tú solo conociste a uno de esos bandos.

—¿Cómo sabes que yo…?

—Para ser un títere de los suyos, tuviste que haber negociado en algún punto. Por ello cerraste la boca cuando iluminaron el techo de un estadio y le dijeron al mundo que todo fue producto de la misma naturaleza y de que debemos tener mayor conciencia ambiental.

Trago grueso, hasta es ruidoso en mi garganta

—Lo… Lo siento—murmuro.

—¿Qué sucede?

—Sigo sin poder creer. Lo que sea que vayas a mostrarme puede ser…

—No te pido que creas de antemano.

Sube a la moto.

Me señala subir también.

—Solo que nos ayudes a descifrarlo.

—¿No lo han hecho ustedes, ya? ¿Cómo saben entonces de la base lunar y que las imágenes en los cielos no son solo para la conciencia ambiental?

Parece un chiste de mal gusto hablar de esto último.

Él esboza una risita gutural y subo tras él.

—Porque el mensaje está claro. Nadie viene a crear invasión alguna, los invasores somos nosotros y eso ya se dio cuenta hace rato ¿verdad, Doctora Mercy? Pero como bien sabemos la historia, el Hijo que intente derrocar a su Padre, perecerá en el intento.

Trago grueso, con un escalofrío.

Acaba de citarme un pasaje bíblico.

Acto seguido me aferro a la cintura de Benoit quien suelta el pedal de su moto y salimos dejando una estela de tierra detrás en dirección a la base.

 




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