Amo de Todo

32. Un abrazo salvador

 

La cacería de brujas no ha terminado.

Creo que el mundo entero se ha detenido en cuanto me encuentro con la situación de los agentes apuntando directo hacia nosotros y no sé en qué punto se supone que voy a poder deshacerme de la causa que me abrirán ahora por encontrarme con estos grupos. ¿Sería mi deseo librarme de la condena que sea que posteriormente quieran imponer? No soporto más seguir con estos engaños.

Me cuesta entornar la mirada ante lo encandilada que estoy por la luz cuando distingo a Benoit levantarse con su hijo. Dos de los agentes se quitan las máscaras y ellos corren en su dirección a fin de estrecharlos en un abrazo que me deja aliviada.

Nuevamente el alma me vuelve al cuerpo en cuanto noto que esos agentes están camuflados. Son de los nuestros.

Otro de los agentes se quita también su máscara y descubro que es una mujer. Benoit me presenta a ambos y entro en detalles respecto de nuestros nuevos compañeros quienes nos ayudarán a pasar de un extremo a otro.

Su cuñada y su hermano.

El chico les habla como “tíos” así que me queda más que clara la relación familiar entre ellos.


 

—¿Por qué haces esto, Alba?

—Estás a tiempo, Cruz. Tienes que librarte de ellos, debes dejar atrás todo aquello con lo que no acuerdas.

—Sabes que es imposible escapar de lo que ya ha sucedido, de lo que hemos hecho y si sigues con esto, sólo conseguirás una cosa: condenarte a ti y a tu hija.

—No. Yo tengo muy en claro por lo que trabajo y el objetivo es salvarla, no delegarle un mundo plagado de incertidumbre y de horrores.

—Alba, regresa. Estás a tiempo.

—No lo haré.

—¡Estás a tiempo, Alba!

—¿A tiempo para qué?

Cruz me observa fijo.

Pero algo me aleja de él.

O a él lo aleja de mí.

—¡Cruz!—grito, cargada de desesperación, pero mi voz es cada vez más un eco lejano—. ¡Cruz, dime qué es lo que va a pasar!

—¿Alba?

No es él.

No es quien me acaba de hablar.


 

—¡Alba!

Cuando me mueve en la cama, Benoit me encuentra cara a cara y sé que estoy a salvo en cuanto descubro que no es Cruz quien está acá.

¿Qué ha significado eso? ¿Qué clase de mensaje es el que ha pretendido darme? No, no puede ser ya que esas situaciones no pasan en la vida real.

Cruz no puede meterse en mis sueños.

Miro a Benoit y hago un repaso desde la huida que emprendimos.

Llegamos a la frontera, nos pasaron camionetas de a SWAT, nos otorgaron credenciales falsas y ahora estamos pasando la noche luego de “viáticos oficiales” tras haber cenado en el hotel donde estamos alojados ahora.

Las habitaciones son un lujo, pero limitadas. Benoit y yo tenemos que compartir un cuarto matrimonial en el que él me ha asignado a mí su cama, pero él se ha quedado en el suelo. Yo no sé en qué momento he comenzado a tener una de las pesadillas más inquietantes de este último tiempo, pero ha sido suficientemente clara como para hacerme caer en la cuenta de que extraño a Cruz.

Pensé que podría ser factible algo entre él y yo, llegué a admirarlo, a quererlo, a sentir cosas por él, a creerle.

Llegué a creer que me protegía.

Cuando en el intento de cambiar mi destino por el suyo, conseguí ser secuestrada y una parte de mí sí, pretendía negociar con el enemigo para conocer la verdad.

Y aquí estamos, camino a mezclaron con una de las bases más importantes de la Tierra que trabaja vía satelital con la base militar en la luna y es la única manera de descubrir si esa realmente existe o es un mito.

—¿Estás bien?—me pregunta Benoit incorporando una mano en mi frente—. Estás sudada, ¿tienes calor?

—¿Tengo…fiebre?—pregunto, tratando de espabilarme?

—Creo que no. Probablemente solo fue un mal sueño.

Acto seguido se dirige hasta la ventana y la abre.

Su figura recordándose entre las estrellas de la noche me hace considerar que es un hombre demasiado atractivo, pero ¿hasta qué punto vale la pena hacer todo lo que estamos haciendo si esta clase de momentos solo pueden ser un preámbulo al final de nuestro mundo?

—¿La dejo abierta? No quiero que te enfermes.

En efecto está fresca la brisa, pero no me significa molestia.

Al contrario, me ayuda a respirar.

—Benoit…¿puedes abrazarme?—le pregunto con la voz ahogada.

—¿Qué? Oh. Ejem, sí, claro.

Parece estar un poco incómodo y caigo en la cuenta del verdadero motivo por el cual él no me ha quitado los ojos de encima.

Sigo siendo una prisionera potencialmente peligrosa y no puedo hacer nada que ponga en riesgo nuestro destino.

Él me tiene vigilada.

—¿Así está bien?

Se sienta en un borde de la cama y me estrecha contra su pecho. Rayos, se siente tan bien. Su aroma es delicioso, el hecho de pasar por este hotel también nos ha ayudado a disponer de servicios esenciales que también se tradujeron en una ducha exquisita que me hace sentirlo suave al igual que a estas sábanas.

Él me sostiene e inspiro profundamente, llenando mis pulmones buscando calma a nuestro alrededor.

No me importa que no crea en mí.

Yo solo me dejo caer en lo que siento en el momento y permito que me abrace como si este realmente fuese el final de nuestro mundo.

Porque más allá de que pueda existir o no un mañana, nunca sabemos en qué punto todo se pueda terminar.

 




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