05/10/2021, Casanay
Amo escribir. Amo despertarme a medianoche y correr por mi lápiz y cuaderno porque me ha llegado una improvisación al instante que no puedo dejar pasar por alto.
No soy una escritora conocida como para escribir, leerlo miles de veces, corregir, poner o quitar. Pero son puros mis pensamientos; no llevan intelecto. Quizás en partes me equivoque, pero todo es sincero.
Me gusta dejarlo así: sin pulir. Que se sienta real, con más cuerpo. Que se vea genuino y a su vez feroz; no cruel, solo que se sienta sin preámbulos.
A veces me dicen: "Mira, España, estás como loca". Pues sí, también lleva un poco de locura. Siempre he dicho que cada quien piensa y opina como mejor le parezca; de ser todos iguales, el mundo fuera aburrido. Cada quien tiene un toque teocrático que lo caracteriza.
Por ejemplo, depende de mi estado de ánimo: mis escritos a veces son más profundos, más que todo cuando estoy melancólica. Pero a veces solo me hacen reír o botar energías negativas (¡no son contagiosas, jajaja!), pero las amo.
Siempre con el deseo de tocar el corazón de alguien y ver que existen muchísimas personas que piensan parecido a mí, y se identifiquen. Cuenten sus anécdotas; tampoco todo es color de rosas, a veces hay lágrimas de más. Lo importante es analizar y sentir esas ganas de expresar, sin miedo alguno.
¿Que estoy loca? ¿Qué importa? Total, no le hago daño a nadie escribiendo.
Dime, ¿cómo te va a ti?