Amor a 300 Km/h

╰┈➤EL RUIDO DEL PRINCIPIO

ROMA, 15/04/2023

El rugido del motor era lo único que me mantenía cuerda.

Si frenaba, perdía.

Si dudaba, moría.

Y yo no había dejado Córdoba, a mis amigos ni había renunciado a mi butaca en el TC para venir hasta Italia a perder.

El aire olía a gasolina quemada y caucho. Decenas de luces de celulares parpadeaban entre la multitud apiñada a los costados de la calle. Había risas, gritos y un murmullo eléctrico que me erizaba la piel. Todos esperaban lo mismo: un espectáculo.

El Mustang temblaba bajo mis manos. Viejo, restaurado, ruidoso. No tenía nada que ver con los autos modernos de mis rivales, pero en las manos correctas era una bestia. En mis manos.

El olor a tabaco barato inundo mis fosas nasales y un tipo delgado, con el pelo bañado en gel, se asomó por mi ventana, sonriéndome con sorna.

— ¿Segura que sabes manejar un clásico como este, muñeca? —lanzo con el acento italiano más pesado que había escuchado jamás. Le sostuve la mirada.

—Lo suficiente como para dejarte oliendo a humo —conteste.

Las risas del público estallaron alrededor. El tipo se alejó mascullando insultos. El semáforo improvisado —dos bengalas rojas levantadas por un organizador— se encendió. El corazón me golpeó contra el pecho como si quisiera salirse

Tres... dos... uno...

Las bengalas verdes iluminaron la noche y el Mustang rugió como una fiera liberada.

El asfalto vibraba bajo las ruedas. Las primeras curvas fueron un caos de motores gritando y autos peleando cada centímetro de espacio. Yo era la única mujer en la línea de salida, y la única que no pensaba quedarse atrás.

Metí tercera y el Mustang derrapó con un grito metálico. El rival del comentario se cruzó frente a mí, tratando de cerrarme el paso. Un error. Tiré del freno de mano, el auto giró de costado y me colé por un hueco imposible. La multitud rugió.

El aire me golpeaba la cara, cargado de humo y adrenalina. Era como volar a ras del suelo, con la certeza de que un movimiento en falso podía acabar conmigo contra una pared. Y sin embargo, nada en mi vida se había sentido tan correcto.

Última curva. Recta final. El arrogante me seguía de cerca. Lo vi en el espejo retrovisor, los ojos inyectados de rabia. Sonreí.

"Chau, muñeca", parecía decir con los faros encima de mí.

—Chau para vos, tarado... —murmuré.

Pisotón al acelerador. El Mustang rugió como si estuviera vivo, y en el último instante lo lancé hacia afuera. El otro se comió la curva. Yo crucé la línea con el humo ardiendo bajo las ruedas.

El griterío fue ensordecedor. Los celulares apuntaron hacia mí, destellos en la noche. Abrí la puerta del auto y bajé, con las piernas todavía vibrando. Algunos me miraban incrédulos, otros festejaban como si hubieran ganado conmigo.

No sonreí. Algo en mi interior decía que no bastaba. Ganar aquí era solo eso: ganar en la oscuridad.

Entre la multitud vi una silueta que no festejaba. No gritaba, no filmaba. Solo observaba. Ojos claros, traje demasiado elegante para ese lugar. Cuando nuestras miradas se cruzaron, el tipo asintió apenas y desapareció entre la gente.

El celular vibró en mi bolsillo. Un mensaje desconocido:

"Tienes algo que el mundo necesita ver. Llámame."

Tragué saliva. La adrenalina seguía corriendo por mis venas, pero un escalofrío me recorrió la espalda.

Cerré los ojos un segundo y me vi en Córdoba, un año atrás. Las valijas apiladas en la puerta, mi papá engrasado hasta los codos despidiéndose con un abrazo torpe. "Andá a hacer ruido, nena", me había dicho. Yo lo había prometido.

Abrí los ojos de nuevo. Italia no iba a ser mi final.

Apenas era el principio.

— ¿Estás segura que no es una estafa? —me pregunto papá por enésima vez mientras me veía preparar mis maletas

— ¿Estás segura que no es una estafa? —me pregunto papá por enésima vez mientras me veía preparar mis maletas.

Habían pasado 2 semanas desde la carrera en Roma y yo había vuelto a Sicilia solamente para preparar mis maletas e irme. Pero esta vez me iba del país, precisamente me iba Inglaterra.

Después de recibir aquel mensaje no me puse en contacto con dicho número hasta que llegue a mi casa y les mostré los mensajes a mis padres. Fue ahí cuando nos enteramos que la persona que se estaba poniendo en contacto era un cazatalentos de la Formula 1, nunca nos dijo a qué equipo pertenecía, pero lo que si nos dijo en las 3 videoconferencias que habíamos tenido en estas 2 semanas es que UN EQUIPO DE LA FORMULA 1 ESTABA INTERESADO EN MI.

Va, estaban interesados en formarme y en agregarme en su academia de jóvenes pilotos.

—Yo ya te dije que ese señor es tan hermoso que parece hecho con inteligencia artificial. —esta vez hablo mi madre.

—Ma, el señor Glendale te ha demostrado de todas las formas que existen que es una persona real. —Dije tranquila mientras me sentaba en mi maleta rosa con brillos para que papá la cerrara —También les dijo que si tienen dudas de dejarme ir sola que uno de ustedes me acompañara que los dos pasajes los pagarían ellos —recalque y ella volvió a rodar los ojos.

—Ya hablamos entre nosotros y llegamos a un acuerdo con tu padre —un tono de seriedad relució en la voz de mamá.

—Queremos que afrontes esta decisión tu sola. Te estamos dando total libertad de elegir tu futuro y pensar como la persona madura y adulta que ya eres. —dijo papá mientras me bajaba de la maleta sin hacer mucha fuerza para alzarme —Obviamente que como padres nos preocupamos por ti y tu bienestar, pero es hora de que te dejemos emprender tu propio camino sin dejar que nuestras opiniones influyan en tus decisiones y tu vida.



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En el texto hay: f1, mika, liadistefano

Editado: 12.02.2026

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