Amor a alta velocidad (run1)

Capitulo 43

Capítulo 43

Riley.


Desayuno con Olivia y Alessandro antes de su carrera. Tenía varias semanas que no veía a Ales ya que he estado muy ocupada, la culpa. El chico de las carreras. No sé en qué parte del paddock se encuentre Colin ahora, él  llegó a desayunar muy temprano, yo dormí hasta tarde por obvias razones y no tuve el tiempo de desayunar. Hoy es viernes y tiene práctica general con sus demás compañero de carreras.

Llevo la taza humeante a mis labios bebiendo con cuidado el café caliente servido en ella, Ales está frente mío con Olivia a su lado. Solo está pendiente a dos cosas; a todos los movimientos realizados por mí y a que Olivia devore cada fruta picada de su plato.

Dejo la tasa sobre la mesa y acomodo varios mechones que sobre sale de mi cabello, hoy decidí llevarlo todo recogido en una trenza baja de sirena.

—Tenía más de dos semana que no sabía nada de ti Riley— comenta Ales interesado en mi respuesta. —. Desde la última carrera.

Presiono mis labios  tratando de ocultar la sonrisa que se asoma con salir. El y Bernardo me propusieron salir a pasear un día por Italia y me negué para cuidar de Colín.

—Estuve muy ocupada estas semanas— me encojo de hombro retándole importancia. —, seré Julieta el próximo fin de semana en la obra.

—Lo sé, Olivia lo comentó en la cena esa misma noche— informa. Miro a la rubia a su lado que se disculpa con una sonrisa. Vuelvo y lo digo no somos amigas, pero no hemos llevado mejor en las últimas semana. —. ¿Pero eso no era lo que te mantenía ocupada?

Pues claro que no Ales, tu compañero también me mantenía muy ocupada, pero eso tú no tiene que saberlo.

Respiro callando la voz dentro de mi cabeza.

—No te diré lo que quieres saber— contesto más sonriente que antes. —, eso es mío y simplemente no te lo diré Ales.

Ahora es él el que le resta importancia, besa la mano de Olivia entrelazándola con la suya.

—Camil si lo hará— expando mis ojos al escucharlo mencionar a su hermana. Camil sabe la gran mayoría de todo lo que pasa con el chico de las carreras. Últimamente no veo mucho a mi amiga ya que el ballet y un trabajo que hace para uno de los clubes Enzo le consume su tiempo, pero siempre nos ponemos al día de todo. —. Sabes que solo tengo que pedírselo con amabilidad o exigírselo como su hermano mayor.

Le mandó dagas a través de mis ojos. Sus celos le funcionan con Camil, pero conmigo no. Que el destino nunca decida darle una hija porque que será difícil lo que sufrirá esa niña con el celoso padre que le tocará.

—Si la presionas a que te cuente algo mío personal, te voy a matar Alessandro Lombardi y luego no lo lamentaré, ¿lo sabes cierto?

Olivia me mira sorprendida por la manera en la que le acabo de hablar, pero el que ella me vea de ese modo no me importa ahora. Puedo lucir que soy una de las pocas personas en este planeta que pueda insultar a Alessandro y no morir en el intento.

—¿Hacías algún pecado que no me puedo enterar?— sigue preguntando.

Rio internamente cuando tengo recuerdo de esos pecados.

Le muestro una sonrisa al no contestarle, yo no le diré nada y él no seguirá preguntando porque sé que esta es su manera de presionar a la personas cuando él quiere algo. Soy testigo cada vez que él y Bernardo lo hacen con Camil.

Me doy la razón cuando lo veo ignorarme y entablar una conversación con Olivia en Italiano. No me molesta que lo hagan, ello tienen su cosas de las cuales hablar. Sigo comiendo de mis pancakes con tranquilidad, están delicioso, no más que los de mi madre, pero están rico. Colin le pidió a Mónica que los consiguiera para mí, no estuve pendiente de su elaboración al momento de hacerlo, solo sé que lo que Colin llegue a pedir en el paddock lo consiguen a como dé lugar.

Ya va un rato que no sé de él, aseguro que lo vería antes de la carrera.

—¿Iras con Prescott a la ópera esta noche?— Alessandro pregunta sacándome de mis pensamientos.

¿Qué ópera?

Niego confusa a su pregunta, dejando de beber el café que aún se mantiene tibio. Estoy por formular la pregunta, pero igual debo de esperar que termine de hablar con unas personas que se detuvieron a saludarlo.

Mi mirada se fija detrás de Olivia y Ales, los dos me miran al seguir su conversación, su cabello rojo va rizado en las puntas el cual acomoda con todo el glamur en cada movimiento.
 

¿Que hace ella aquí?. La última vez que supe algo de ella fue en la última carrera de Colin y fue en Italia, mas nunca supe de ella o de la mordida que Trueno dejó en su muñeca.

Michael le susurra algo en el oído de ella haciéndola reír con delicadeza sin apartar la mirada de mi. Me espantó al sentir los labios de Colin pegarse a mi mejilla en un tierno beso. Giró mi rostro para encontrármelo con una amplia sonrisa frente mío, al igual que Ales lleva su traje de piloto puesto dejando que la parte superior caiga y se sujete en sus caderas. Esta acompañado de su padre.

No le prestó más mi atención a Jessica y Michael frente mío.

—Riley— su padre dice mi nombre a modo de saludo. —. ¿Cómo te has sentido en Mónaco?

Sonrió con amabilidad, Emilio es unas grandes personas, no pude pedirle a la vida alguien más maravilloso que él. Es un gran padre y suegro.

—Genial, no me puedo quejar del mi corta estadía.

Apenas llevo un día aquí en Mónaco.

—Espero lo disfrute— dice, acomodando el reloj que adorna su muñeca. Esta vestido con un traje de vestir y aunque no sea un hombre de mayor edad debo decir que el padre de mi novio se ve muy varonil a su edad aún. Si se lo propusiera podría conquistar a cualquier mujer que quisiera, Emilio es bastante guapo. —,Y que mi hijo cumpla cada cosa que dijo que haría contigo cuando te tuviera aquí— inclina su cuerpo al mío para hablar bajo. —. un secreto entre nosotros. El no dejo de mencionar cuanto deseaba tenerte en Mónaco a su lado.

Al igual que su hijo recibo un beso en mí otra mejilla despidiéndose de mí.

—Espero ver a ambas parejas esta noche— dice al enderezar su cuerpo nuevamente. —, especialmente a ti Riley, mucha personas no creen que Colin quiera sentar cabeza.

—Ella está ahí papá, me aseguraré de ello.

Emilio asiente despidiéndose de los demás y todos conversamos un rato antes de que inicie la carrera. Colin me cuenta sobre el tema de la ópera y me dice lo ansioso que está por ella.



Mónica, Olivia y yo no mantenemos viendo las practicas de nuestros chicos. Olivia a Alessandro, Mónica y yo al chico de las carreras. Si a nuestro chico, Mónica me ha demostrado que quiere a Colin como a un hijo y lo conoce mejor que nadie, Colin también confía en ella. Así que con la única mujer que lo comparta por momento es con su agente de publicidad, nada más.

Frente a nosotras hay dos pantalla gigante en donde los podemos ver en todo el tiempo, las tres llevamos unos audífonos que cubren la mayor pared de nuestras orejas, por ello escuchamos la carrera en tiempo real y a nuestros chicos.

Estoy concentra en mirar todas la vueltas que Colin hace, estas son más rápidas y más dominantes que la que hizo en su prueba de ayer en Italia. Sus compañeros  respetan la velocidad que usa en estos momentos.

—Disculpe señorita— una chica frente a mí aparece en mi campo de visión. Dejo de mirar la pantalla y me centro en ella que me sonríe con nerviosismo. —, le envían esto.

Miro la bandeja en sus manos arrugando mi ceño.

—Lo siento, pero creo que no soy la persona que busca— digo con educación.

Ella me sonríe más y se acerca a mí, siento como deja un trozo de papel en la palma de mi mano.

—No Me equivoque— susurra bajo —, mucho menos el señor Michael, su descripción es perfecta al hablar de usted.

No sé si es por lo que confiesa o por la manera en que lo dice, pero sus palabras y su confección hacen que cada bello de mi cuerpo se ponga de punta al escucharla.

Él nunca se equivoca cuando desea algo. Esas palabras se siguen repitiendo en mi cabeza, miro a la chica frente a mí, es de mi misma altura y por lo que puedo asegura mi misma edad. Su sonrisa nunca se borra y vuelve a extenderme la bandeja con el postre en el ella haciendo que la tome dudosa.

Se va sin decir nada más. Olivia y Mónica miran la bandeja en mis manos sin borrar su sonrisa.

—Adoro la manera en la que Colin siempre está pendiente de ti— dice Mónica con una sonrisa. —. ¿Y es extraño por qué Colin no me lo pidió a mí esta vez?




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