Emma Bennett
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
Por un instante ninguno de los dos quiso apartar la mirada.
-¿Emma? -escuché la voz de Allison a mi lado.
Parpadeé varias veces, obligándome a volver a la realidad.
-¿Qué? -susurré distraídamente e inconscientemente. Mi boca respondió rápidamente.
-Te estoy hablando desde hace un minuto.
Mis mejillas se sonrojaron de inmediato.
-Lo siento...
Pero de verdad no escuchaba nada...
Porque mis ojos seguían en él.
Y por primera vez una sonrisa apareció en su rostro.
Sentí que mis mejillas tomaron el color de un tomate.
Allison me tomó del brazo, acercándonos más a la mesa.
Un pequeño temblor recorrió mis piernas. Seguí a Allison sin pensar; era como si no pudiera controlar o manejar mi cuerpo.
Cuando estábamos lo suficientemente cerca de la mesa, un chico pelirrojo se levantó de su asiento y salió casi corriendo hacia Allison.
-Rubiecita, mi vida, ¿cómo estás?... Esta debe ser la famosísima Emma... -afirmó dirigiendo su mirada hacia mí.
-Hola... -susurré casi audiblemente, enfocando mi mirada hacia el pelirrojo.
-Encantado de conocerte, mi lady... -añadió tomando mi mano en un apretón amistoso.
-Ahh, mucho gusto, Emma Bennett... -correspondí al apretón de manos.
-Perdón por mis modales. Mucho gusto, Eliam Carter. -Me regaló una dulce sonrisa ladeada.
-Bueno, y él es mi mejor amigo, el famosísimo capitán y mejor jugador de básquetbol, Nic...
-No exageres, Eliam -interrumpió.
Y DIOS, su voz.
Era grave y suave a la vez, de esas que te hacen sentir cómoda desde la primera palabra. Pero para mí no; era todo lo contrario. Se sentía mucho más profunda de lo que pensaba y escucharla por primera vez hizo que mi corazón latiera mucho más rápido...
-Mucho gusto, Nicolás Rossi -confirmó acercándose a Allison y estrechándole la mano.
Justo para mi suerte, cuando se acercaba hacia mí para hacer lo mismo, Eliam se atravesó.
-Bueno, chicas, tomen asiento -ordenó Eliam.
Allison y yo asentimos.
Tomamos asiento una al lado de la otra, mientras que los chicos se sentaban al frente de nosotras. Eliam y Nicolás se ofrecieron a ir a comprar el desayuno mientras nosotras nos quedábamos en la mesa.
-¿Qué te parece? ¿No es muy simpático Eliam? -preguntó Allison muy emocionada.
-Se ve amistoso... -confesé en voz baja.
-Sé que no eres muy sociable, pero si le das una oportunidad vas a ver que es buena persona -comentó Allison muy segura de sí misma.
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Estábamos comiendo tranquilamente hasta que Eliam sacó conversación.
-¿Y qué tal sus clases, chicas?
-Estamos bien, aunque Emma necesita algunas clases de matemáticas o si no le tocará repetir año -comentó Allison, como si a todo el mundo le importara mi relación con las matemáticas.
Una pequeña risa burlona se escapó de los labios de Nicolás.
Lo fulminé con la mirada, frunciendo el ceño.
-Eso explica muchas cosas -dijo Nicolás con una sonrisa burlona.
-¿Qué se supone que signifique eso?
-Nada, nada. Solo que ahora entiendo por qué tardaron tanto en encontrar nuestra mesa.
-Para tu información, llegamos tarde porque llegué tarde a la escuela. Y, en segundo lugar, ¿qué tiene que ver eso con las matemáticas?
-Pensé que estabas calculando la distancia hasta la cafetería.
Eliam y Allison soltaron una carcajada hasta que sintieron mi mirada y dejaron de reírse.
-Qué gracioso -comenté sarcásticamente.
-Lo sé -respondió Nicolás encogiéndose de hombros.
-Por lo menos no tengo el ego tan grande como otros.
Esta vez Allison y Eliam soltaron un "uhhhh" al mismo tiempo.
Nicolás frunció el ceño.
-¿Eso fue un insulto?
-Si necesitas que te lo explique, eres otra persona que necesita clases. ¿No lo crees?
Una sonrisa apareció en sus labios.
-Vaya, Bennett. Tienes más carácter del que pensaba.
-Y tú eres más insoportable de lo que imaginaba.
-Perfecto, entonces ya nos conocemos mejor.
-Ya, chicos. Venimos fue a desayunar, no a estar discutiendo -exclamó Eliam queriendo bajar la tensión que se sentía en el ambiente.
-Nos reunimos para hacernos amigos, no para ser enemigos -añadió Allison a la conversación.
-Bueno, ¿le puedes decir a tu amiga o a la niña de preescolar que deje de estar diciéndome insultos? -comentó Nicolás mientras me veía fijamente a los ojos.
-No soy una niña de preescolar -repliqué cruzándome de brazos.
Nicolás soltó otra risa.
-¿Segura? Porque llevamos cinco minutos hablando y ya me andas insultando.
-Eso no cuenta si te lo mereces.
-Vaya, qué amable.
-Gracias, me esfuerzo mucho con alguien como tú.
-¿Siempre son así? -comentó Eliam mientras se llevaba una mano a la frente.
-Acabo de conocerla -respondió Nicolás.
-Y ya me caes mal -añadí al mismo tiempo.
Por un segundo nos miramos antes de apartar la mirada.
Allison soltó una carcajada.
-No sé por qué, pero siento que ustedes dos van a dar muchos problemas.
-Yo también tengo ese presentimiento -murmuró Eliam.
-Tranquilos -dijo Nicolás con una sonrisa burlona-. Mientras Emma no intente resolver nuestras discusiones con matemáticas, todo estará bien.
-Y mientras tú no intentes resolverlas usando una sola neurona. Ah, por cierto, la única que tienes.
Fue lo último que dijimos antes de terminar de desayunar e irnos a nuestras clases.
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-Ahss, qué estúpido. ¿Cómo se le ocurre llamarme niña mimada y de preescolar? ¿Qué le pasa? -dije molesta con tan solo recordar lo que dijo el estúpido de Nicolás.
-Ya, Emma, supéralo. Piensa que fue en forma de juego. Como se están apenas conociendo, de seguro después se llevarán mejor -dijo regalándome una dulce sonrisa.