Amor bajo la luna

Capítulo I

Me llamo Keyla Mc Namara y mi vida siempre ha sido un completo desastre.

¿Por qué? No tengo ni la menor idea.

Trabajaba como restauradora y tasadora de arte para una importante empresa de compraventa de antigüedades y las cosas me iban lo bien que cabría esperarse de una becaria joven y sin experiencia. Según mis jefes, esa falta de rodaje se compensaba con mi espíritu de trabajo y sacrificio.

Me motivaba el sentirme útil y pensar que formaba parte "de una familia" dentro de la organización. Algo que me animaba, me llenaba de energía y me hacía sentir parte de algo más importante. Luchábamos por lograr un objetivo común: un proyecto empresarial al que yo contribuía con toda mi ilusión y esfuerzo.

Tampoco era verdad. Aunque en aquél entonces yo no lo sabía. Pronto iba a averiguar que solo era palabrería sacada de un libro de coaching empresarial para manipularme haciéndome creer que debía darlo todo por ellos.

Me empecé a dar cuenta de que el precio de hacer algo que me apasionaba era caro, demasiado caro. No tenía horario, mi móvil no descansaba y mi salud empezaba a resentirse. Aunque era joven, mis energías tenían un límite y eso lo aprendí a la fuerza. Ese trabajo era mi pasión, pero también mi veneno. Estaba cansada la mayor parte del tiempo y mi novio no tenía ni la paciencia, ni la empatía necesaria para apoyarme en aquellos momentos críticos.

Las cosas no estaban resultando como había esperado. Mis noches sin dormir, los enfados con mi pareja de entonces; nunca tenía tiempo para él, para nadie, para mí misma. Llegó un momento en que me tuve que plantar.

Si era tan valiosa para ellos, seguro que me permitirían bajar el ritmo.

Pues, no... Me equivoqué, para variar.

Las cosas en el trabajo se empezaron a poner peor en el momento en que empecé a hacer menos horas. Y ellos ya no eran tan amables , ni tan simpáticos. Y los trabajos que me encargaban eran cada vez peores.

Empezaba a desilusionarme, harta de tener que aguantar a jefes despóticos y horarios imposibles.

—¿Pero qué estoy haciendo mal?—me pregunté derrumbada.

Mi novio me había engañado. Mi vida se empezaba a desmoronar y mi mejor amiga trataba de consolarme.

Ella era sincera y directa, al contrario que la persona que había sido lo más importante de mi vida.

Ella me dejó claro lo que pensaba de mi supuesto trabajo soñado, otra parte de mi vida que también se desmoronaba.

—Desperdicias tu talento, Kyla. Estás haciendo ganar dinero a otros cuando tu cuenta corriente está bajo mínimos —dijo tras pedir una cerveza de importación.

Yo suspiré, miré al techo buscando calmarme y después levanté la barbilla con determinación. Estaba claro que me estaba dejando pisotear como una colilla y que debía tomar una decisión si no quería transformarme en un felpudo.

—Tienes razón, el pago de mis horas extra brilla por su ausencia—dije tras terminar con la última caña de la tarde.

No.

Mi vida no estaba resultando como esperaba.

Por todos los diablos, yo había sido una buena chica: había terminado los estudios en el tiempo fijado, siempre me había portado bien en clase y sacaba las mejores notas. Había hecho lo que mis padres esperaban de mí y por su puesto que había salido solo con un chico, con mi primer amor con el que tenia planes de futuro.

Enzo era el hombre de mi vida.

Y entonces ¿qué podía salir mal?

Pues TODO.

Él se fue a estudiar un máster en otra ciudad y fue en ese momento cuando decidimos llevar una relación a distancia

No era algo fácil de soportar pero confiaba en la fuerza de nuestro amor para salir adelante.

Su familia, conservadora y rígida, nunca había visto con buenos ojos que estuviéramos juntos ya que mi familia no tenía dinero. Y ellos eran influyentes: su padre era un alto cargo en el gobierno de mi país y mi familia era de clase media trabajadora.

Mi padre había muerto en un accidente laboral y mi madre se había quedado sola con cuatro hijos. Sin embargo, eso nunca me impidió ir hacia adelante y luchar por mis sueños. Mi madre me había dado el empuje necesario para sortear cualquier obstáculo y creía que si confiaba en mis capacidades podría labrarme el futuro que quería. Y por suerte, aunque me doliera porque lo echaba terriblemente de menos, mi padre nos había dejado medios suficientes como para poder salir adelante.

Y además, mi hermana mayor se había hecho cargo del negocio familiar.

La hermana de mi Enzo: Rycelys y yo éramos buenas amigas.

Y yo creía en aquel entonces que contaba con una buena aliada para poder llevar a buen término aquella relación soñada. Era mi primer amor, el hombre que me había robado la inocencia. Lo único que conocía y lo único que quería.

Pero eso se quedó solo en eso: un sueño.

La realidad se impuso a pesar de todos mis esfuerzos y todo se quedó en castillos construidos en el aire.

Teníamos amigos comunes que ya me habían advertido sobre él. Pero yo no quise hacer caso: me había enganchado a su forma de amar, a la forma en que me hablaba y en que me miraba con aquellos enormes ojos castaños de cervatillo salvaje.

Me gustaban las sensaciones que él me había hecho descubrir después de clase, al caer la tarde los viernes, en los asientos traseros del utilitario que le habían comprado sus padres. Sabía cómo arrancarme gemidos de placer y cómo hacer que disfrutara de nuestros encuentros furtivos.

Pensaba que eso era amor.

Y qué equivocada estaba.

Luego comprendí que las hormonas no me había dejado pensar con claridad. Aunque me entregara por completo, para alguien como Enzo eso nunca iba a ser suficiente y por desgracia tardé en comprenderlo.

Que le entregara mi corazón y mis desvelos, los largos mensajes telefónicos y mis noches sin dormir nunca fueron bastante para que él considerara que merecía la pena crear un futuro juntos. Qué tonta ... qué ilusa.




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