Amor bajo la luna

Capítulo V

Miramos con curiosidad hacia el lugar de donde provenía el ruido e intercambiamos miradas de aprensión al comprender que venía de uno de los monolitos. Una grieta que parecía cincelada en la roca viva se abría.

Era imposible...

Nos volvimos a mirar sin comprender, con el terror y la sorpresa escritos en nuestro rostro.

—Madre de Dios...— dijo Hilda con un hilo de voz entrecortada por algo parecido al llanto —.Vámonos, Kyla...vámonos de aquí, por lo que más quieras.

La luz de la luna iluminó entonces la grieta que ahora había adoptado la forma de una enorme puerta.

—¡Joder...! lo que faltaba.

Nuestro corazón empezó a latir con violencia, yo apreté los labios intentando no gritar, las manos me sudaban y no podía moverme del sitio mientras buscaba con desesperación un lugar donde pasar desapercibidas a lo que quiera que aguardaba al otro lado.

—¿Has...has visto eso? — preguntó mi amiga aterrorizada agarrándose a las mangas de mi plumífero.

—Ssshh...— le dije tratando de pensar.

—Nos vamos, te digo...— dijo de manera apremiante delatando en la voz el terror que sentía.

Yo la detuve antes de que se levantara y emprendiera una huida a todas luces desesperada.

—¿A dónde vas? ¿estás loca? Nos verían...

Le señalé el lugar más adecuado. Nos ocultamos como pudimos detrás de uno de los monolitos; el más grande de todos, intentando pasar desapercibidas a lo que fuera a aparecer por aquella maldita abertura. Me asomé un momento con el pulso martilleándome en los oídos y sintiendo que las piernas me fallaban.

—¿Ves algo...?—inquirió Hilda con aprensión.

—Ssshhhh...cállate un momento ¿quieres? No consigo ver nada—protesté mientras ella atisbar algo.

Nos asomábamos por turnos, impacientes, angustiadas y aterrorizadas.

—Déjame ver...aparta un poco, por favor—le pedí a mi amiga mientras escuchaba cómo su respiración se iba volviendo cada vez más pesada —. Tranquilízate ¿quieres?...Desde aquí es casi imposible que nos descubran—susurré intentando calmarla en vano.

Ella se encogió de hombros y se abrazó el torso adoptando una postura defensiva.

—Si tú lo dices...

—Claro que lo digo. Poniéndote histérica no vamos a arreglar nada—le susurré yo intentando no perder la cordura.

—Está bien— concedió tras un largo suspiro.

Todo pareció calmarse en ese momento. Así que las dos pudimos respirar aliviadas durante varios minutos. Estábamos valorando si era buena idea echar a correr hasta el coche era una buena idea hasta ese momento. Y no estábamos preparadas para lo que aconteció después.

—Dios de los Cielos...—murmuró Hilda mientras apretaba mi hombro con fuerza—Mira, mira...por Dios Bendito...

Sin poder creer lo que veían nuestros ojos, alcanzamos a ver avanzar la alta figura de un hombre de cabello largo y claro. Estaba vestido con una túnica tres cuartos abierta en uve por el pecho, bordada con intrincados motivos vegetales en plata. Estaba ceñida por un cinturón de cuero y pantalones con botas de media caña. Tenía barba y parecía uno de esos druidas sacados de una novela épica.

—¿Ves...? ¡te lo dije, Kyla! te dije que no era buena idea venir hasta aquí hoy— protestó Hilda con los labios temblorosos y los ojos desorbitados por el miedo.

Pero a mí no me parecía tan grave la cosa. Solo era un tipo enorme, con anchas espaldas y el porte más impresionante que había visto en mi vida. Es más, estaba buenísimo y no entendía por qué mi amiga estaba montando aquel drama.

—Solo es un tiarrón, tonta...

—No sabes lo que dices, Kyla— dijo ella llorando de puro terror.

No había manera de convencerme de lo contrario pese a que ella empezaba a contagiarme su estado de ánimo.

Sonreí comprendiendo que lo que mis ojos estaban viendo ahora, nada había tenido que ver con el monstruo que me había imaginado al principio.

— Solo es un hombre excéntrico, Hilda. Es un... ¡Un maldito hippie...! —exclamé yo riendo nerviosa tras haber sentido aquel pánico.

No podía evitarlo. Tenía que asegurarme.

—Volví a echarle un vistazo.

Tenía que serlo, tenía que ser solo un hombre. Había visto muchos jóvenes vestidos con aquella pinta en las fotos antiguas que guardaba mi madre y estaba segura de que aquel era un lugar frecuentado por comunas de tipos como ese.

El miedo dio paso a una risa nerviosa que mi amiga sofocó con su mano en mi boca.

—¡Calla tonta, que nos van a oír...!—siseó.

El hombre se quedó un instante parado, mirando justo en nuestra dirección. Era más que evidente que había oído algo y nosotras nos quedamos paralizadas por el terror, pensado que esa vez sí que estábamos perdidas. Ese hombre o lo que fuera nos iba a encontrar y quién sabe lo que haría con nosotras.

Puede que fuera un delincuente o peor...un maldito psicópata desequilibrado.

Habría jurado que podía escuchar no solo los latidos de mi corazón, sino también los de mi amiga Hilda que temblando, había tomado mi mano y me la apretaba sin compasión.

—No puede ser...—murmuré intentando buscar una explicación racional a todo aquello.

—¿Te atreves a volver a mirar?—me preguntó ella con un hilo de voz.

—De acuerdo.

Asomé la cabeza y me quedé mirando aterrorizada a lo que estaba sucediendo. Podía sentir el miedo en la mano de Hilda, que había empezado a sudar tanto como la mía, pese al frío.

Le busqué la mirada intentando tranquilizarla con la esperanza de que así fuera a lograr tranquilizarme yo también.

—No pasa nada...solo son gente trasnochada, como nosotros— intenté decir sin que se me notara la aprensión y el miedo que sin avisar, se había instalado en mi pecho.

Pero mi amiga no estaba demasiado convencida.

—Déjame ver...

Para nuestra tranquilidad el hippie continuó caminando como si nada hubiera ocurrido y nuestra respiración inmediatamente se volvió más regular. Luego él hizo señas detrás suyo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.