ATENCIÓN amigas bellas. ❤❤❤🌹🌹🌹
Mini maratón para todas ustedes 😜
Espero que disfruten de las aventuras de nuestra tenaz anticuaria Kyla y su más que insoportable cliente Willey.
Espero que lo disfruten con ganas...🤗🤗
¡¡Nos leemos!! 😘😘😘
El peor proveedor posible para un anticuario es y siempre iba a ser un acumulador compulsivo con miedo a deshacerse de sus cosas... y aquel hombre, Willey Cunningham, cuyos ojos habría jurado sentir clavados en mi espalda mientras me acercaba a mi furgoneta, encarnaba al mismísimo Rey de todos esos tipos raros que preferían coleccionar objetos de manera caótica y descontrolada, ocupando metros y metros cuadrados de espacio, a deshacerse de algo.
Seguro que era de esos que pensaba que era bueno conservar las cosas por si llegara el caso de necesitar usarlas de nuevo. Y así se iba a pasar las próximas décadas de su vida si las hipotéticas deudas- porque ahora tenía mis dudas- no acababan con él vendiendo su propiedad por una décima parte de su valor.
¿Por qué demonios tenía que ponérmelo todo tan difícil? Estaba visto que de no ser porque tenía espacio de sobra aquel tipo iba a desarrollar un ostensible síndrome de Diógenes cuando fuera anciano.
"Al cuerno Lord Willey y toda su colección de objetos extravagantes..." pensé irritada.
Ahora tenía que volver a mi casa taller con las manos vacías y también tenía que enfrentarme a la incertidumbre de no saber cómo pagar los gastos fijos del mes siguiente. Sentí un escalofrío mientras la frustración me volvía a hacer golpear el volante con fuerza con los puños.
Pero ¿a quién quería engañar? mi negocio no iba a despegar de la noche a la mañana y tendría que buscar un proveedor de calidad enseguida, si no quería verme en serias dificultades. Los encargos se habían ido espaciando demasiado y tampoco cobraba con la suficiente antelación para hacer frente a los pagos que se me acumulaban. No tardaría en tener que enfrentarme a una suspensión de pagos y eso iba a ser mi ruina.
"Mierda...mierda ¿por qué tiene que ser todo tan complicado? ese tipo quería vender ¿no? ¿qué trabajo le costaba soltarse un poco y facilitarme las cosas. Él necesita deshacerse de todo eso y yo lo necesito para mi tienda..."
Me pareció que el cielo se había oscurecido aún más y luego observé con creciente aprensión cómo se agrupaban las nubes grises, densas, panzudas. Estaba claro que se preparaba una buena tormenta y yo no estaba dispuesta a seguir allí para comprobarlo. Ya había tenido bastante con el trueno que por poco me había hecho tener un accidente en casa de aquel estirado.
Ahora tenía frío.
—¿Dónde demonios lo he puesto...?— mascullé mientras me arrebujaba en mi pobre chaqueta de lana y ansiosa buscaba con la mirada mi plumífero azul.
Al fin lo encontré en la parte de atrás de la furgoneta.
Sonreí con alivio.
Me lo puse con rapidez .Ahora el paisaje ya no me resultaba tan encantador como al principio, sino que parecía haberse transformado en algo mucho más amenazante e impredecible. Iba a diluviar y todavía estaba allí, en el culo del mundo. Me mordí los labios al comprender que el aguacero me iba a pillar de lleno en un lugar que estaba demasiado alejado de mi casa y de mi entorno como para sentirme segura.
Ahora mis expectativas se habían vuelto contra mí.
Me iba con las manos vacías y con el recuerdo de los burlones violáceos ojos del señor Cunningham clavados en mi nuca o puede que en mi trasero. Sentía que estaba en aquel lío por su culpa y no estaba segura de poder llegar en buenas condiciones a mi casa. No cuando lo que se estaba preparando parecía una auténtica galerna y desconocía todo o casi todo de la maldita carretera. Había sido la primera vez que transitaba por allí y eso me hizo volver a maldecirle.
Arranqué la furgoneta. Me puse en marcha.
Miré por el espejo retrovisor la silueta del castillo de Lews recortándose una vez más entre la niebla y los viejos árboles del jardín. ¿Me merecía la pena pedirle a Lord Cunningham refugio mientras pasaba el aguacero? ¿o era mejor hacer caso a mi orgullo ofendido y largarme pitando de allí?
—¡No, ni muerta...!—me oí decir en voz alta.—Me largo de aquí, ahora mismo...—dije en voz alta mientras observaba cómo la distancia se iba alargando entre nosotros. Para mi más completo asombro pude ver desde el espejo retrovisor, una silueta que parecía observarme de lejos desde uno de los ventanales principales que estaba abierto.
—¿Será posible...?— dije entre dientes.
Le hice un gesto obsceno con el dedo y fruncí el entrecejo volviendo a concentrar mi atención en la carretera. Volví a mascullar una maldición esta vez dirigida a la mismísima persona del Lord que me había hecho recorrer más de cien kilómetros para nada.
Me sentía decepcionada.
Era dinero tirado en tiempo y gasolina.
Todo parecía irse por el desagüe y me sentía frustrada, enfadada conmigo misma por haber sido tan loca como para emprender un negocio como aquel en Stornway sin tener idea del mercado local.
Necesitaba desesperadamente que mi negocio despegara, había apostado duro y fuerte. Mis pocos ahorros se agotaban en gastos e inversiones que ya casi no podía asumir. Además tenía que hacer frente al préstamo que había pedido al banco para poder hacer una pequeña reforma en el taller.
El viento soplaba ahora con fuerza y ya había visto caer una rama de uno de los árboles que franqueaban la estrecha carretera por la que circulaba haciéndome frenar de golpe.
—Por favor. Esto no puede estar pasándome ahora... ¿es una puta broma? — gemí mientras intentaba quitar el vaho que se había formado en el parabrisas delantera con la mano.
Estaba empañado y no veía casi nada.
Puse el aire acondicionado intentando hacer que la temperatura del interior de la furgoneta bajara para intentar atajar la condensación y para mi eterna frustración no solo tardaba una eternidad en desempañarse, sino que la tormenta tampoco parecía suavizarse.
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Editado: 04.06.2026