Aún recuerdo la última vez que vi a Alessandro. Estábamos en la habitación y después de todo… de esa conversación que terminó rompiéndonos un poco más, él me dijo que se iría del penthouse. Que no quería molestarme. Yo no podía permitirlo. Era su casa, su espacio, su vida. Intenté decirle que si alguien debía irse era yo.
Pero Alessandro no me dejó.
Simplemente… se fue y desde entonces han pasado dos meses.
Dos meses en los que no lo he visto.
Solo hablamos por mensajes. Conversaciones cortas, educadas, casi frías. Él siempre pregunta por Amelia, por mamá, por el bebé… por mí.
Pero nunca hablamos de nosotros.
Y eso duele más de lo que imaginé.
Estoy tan arrepentida de aquella noche.
Le mentí, pero en ese momento pensé que era la mejor decisión. Porque aunque lo amo… no puedo confiar en él.
Tengo miedo.
Mucho miedo.
Lo extraño hasta los huesos.
Pero ¿cómo se vuelve a confiar en alguien que te rompió así?
No lo sé.
Mamá dice que me estoy equivocando, mi corazón también, pero mi razón —esa voz que casi nunca escuché en mi vida— me dice que esto es lo correcto y esta vez… la escuché.
Hoy sabré el sexo de mi bebé, solo pensarlo me hace sonreír, estoy emocionada y Alessandro irá a la cita. Eso significa que hoy… después de dos meses… volveré a verlo.
Solo pensarlo hace que mi corazón lata más rápido.
—¿Ya empezaste a desayunar sin mí?
La voz de Fiorella me sacó de mis pensamientos. Levanté la mirada y la vi frente a mí con una sonrisa enorme.
Solté una carcajada.
—El bebé tenía hambre —me defendí—. No hagas esperar a una embarazada.
Fiorella rió mientras se sentaba frente a mí.
Terminamos planeando el baby shower, hablando de decoraciones, comida, juegos ridículos y regalos para el bebé.
Entre risas… terminé comiendo más de lo que debía.
Hasta que mi mirada se detuvo en alguien al otro lado del restaurante y todo mi cuerpo se tensó, la reconocería en cualquier lugar.
—Aurora… ¿estás bien? —preguntó Fiorella.
Señalé discretamente.
—Esa mujer… —dije con los dientes apretado
—. Esa es la chica que estaba con Alessandro aquella vez en su oficina.
Fiorella siguió mi mirada.
—¿Cuál?
—La de camisa blanca.
Ella frunció el ceño.
—¿A ella te refieres?
—Sí. Esa misma—sentí la rabia subir por mi pecho.
—Le estaba comiendo la boca… y el descarado todavía me decía que era un malentendido, que no era lo que parecía.
Recordarlo todavía me hervía la sangre.
Fiorella siguió mirando a la mujer unos segundos y de repente abrió los ojos.
—Ay… Aurora…
—¿Qué?
—No… esto no puede ser.
—¿Qué no puede ser?
—Esa mujer es la ex de Alessandro.
Bufé.
—Sí, ya lo sé. Él me lo dijo. Eso lo hace peor.—Fiorella negó con la cabeza rápidamente.
—No, Aurora. No entiendes—la miré confundida.
—Todo tuvo que ser un malentendido.
—¿De qué hablas?
—Esa mujer traicionó a Alessandro… con mi primo—parpadeé.
—¿Qué?
—Con Fabrizio—mi mente tardó en procesarlo.
—Escúchame… —continuó Fiorella— lo destruyó. Alessandro se alejó de los dos, nunca más volvió a hablarles. Odia a esa mujer.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—Es imposible que Alessandro haya consentido algo con ella —añadió Fiorella—. No después de lo que pasó.
El mundo pareció girar, u a ola de náuseas subió desde mi estómago.
No.
No podía ser.
¿Significaba que…?
¿Que todo este tiempo lo juzgué por algo que no hizo?
—¿Estás segura, Fiorella? —pregunté con la voz temblando.
—Sí, Aurora. Muy segura, desde ese día Alessandro dejó de ser mejor amigo de Fabrizio, nunca lo perdonó.
Me miró con preocupación.
—De hecho escuché a Marco decir que ella iba a ser contratada como influencer para promocionar el hotel. Alessandro no lo sabía…
Mi corazón dio un vuelco brutal, 5 meses, 5 meses castigándolo, creyendo que me había traicionado.
Me levanté de golpe.
—Tengo que hablar con Alessandro.
—Aurora, espera—
Pero ya no escuché nada más.
Salí del restaurante casi corriendo.
Tomé el primer taxi que vi.
—A la empresa Falconi Group, por favor.
El taxi avanzaba entre el tráfico y yo miraba por la ventana sin ver realmente nada. Milán pasaba frente a mis ojos como una mancha gris mientras mi cabeza no dejaba de repetir la misma idea.
Alessandro estaba jugando conmigo. ¿O no?
Cerré los ojos un momento y apreté las manos sobre mi vientre. Ni siquiera había querido escucharlo aquel día. No le di la oportunidad de explicarse. Simplemente me fui… con el corazón ardiendo y la cabeza llena de conclusiones que tal vez ni siquiera eran verdad y lo peor era que… yo ya lo había perdonado.
Lo que pasó en el pasado entre nosotros, todo ese dolor, toda esa historia… yo ya lo había dejado atrás,por mí… y porque, muy en el fondo, una parte de mí siempre había querido creer que Alessandro podía cambiar.
Pero después lo vi con esa mujer, la imagen volvió a mi cabeza con una claridad cruel.
Sentí el mismo nudo en el pecho, lo odié ese día, lo odié por hacerme sentir tan pequeña… tan reemplazable y ahora estaba ahí, en un taxi camino a su empresa, pensando que tal vez todo había sido un malentendido.
Tal vez él solo quería explicarse, tal vez yo había reaccionado mal y las consecuencias fueron desastrosas, pude morir, pude perder al bebé.
Tal vez…
El taxi se detuvo frente al edificio y mis pensamientos se rompieron.
Respiré hondo antes de bajar.
Las puertas de vidrio del edificio se abrieron y entré sintiendo el corazón demasiado rápido para algo tan simple como subir a verlo.
Me anuncié en recepción.
—Necesito ver al señor Falcony.
Camil la recepcionista me sonrió y me dejo pasar, fui al ascensor lo mas rápido que pude, las puertas metálicas se cerraron y quedé dentro con dos chicas que hablaban animadamente sin prestarme atención.
Hasta que escuché un nombre.