Amor Ciego

Epílogo

Diez años después.
—¡Papá, más rápido!
La voz de Mateo resonó por toda la playa mientras corría delante de mí.
Sacudí la cabeza.
Era increíble cómo un niño podía tener tanta energía.

—Si corro más rápido voy a necesitar un médico, campeón.

—¡Excusas!

—Definitivamente eres hijo de tu madre.

—¡Te escuché!
La voz de Aurora llegó desde la terraza de la casa principal. Giré la cabeza para mirarla y una vez más me quedé sin aliento, porque después de tantos años seguía ocurriéndome.
Seguía siendo ella.

Mi mirada se quedó fija en su cabello rojo moviéndose con la brisa del mar, en sus pecas, en esa sonrisa que había cambiado mi vida para siempre.

Pero no estaba sola.
Sentada sobre sus piernas había una pequeña niña de cuatro años que protestaba porque su madre intentaba peinarla.

—¡No quiero!

—Lina, si no te peinas pareces un coco despeinado.

—¡Quiero parecer un coco!
Aurora soltó una carcajada y yo también.
Porque nuestra hija era exactamente igual a su madre. Tenía el mismo cabello rojo intenso, las mismas pecas, la misma piel clara y la misma sonrisa capaz de iluminar cualquier lugar.

Era como ver una versión diminuta de Aurora.
Solo que más traviesa.
Mucho más traviesa.

—Papá.
Luna me vio desde la distancia y levantó los brazos.

—¡Cárgame!
Y ahí terminó cualquier intento de resistencia.
Porque yo jamás había sido capaz de negarle algo a ninguna de mis dos pelirrojas.
Me acerqué y la levanté en brazos.
Ella rodeó mi cuello inmediatamente.

—Hola, princesa.

—Hola, papito.
Me dio un beso en la mejilla y sentí cómo mi corazón se derretía exactamente igual que el primer día que la sostuve.

Mateo apareció corriendo.
—Eso no es justo.

—¿Qué cosa?

—A ella siempre la cargas.

—Porque ella lo pide.

—Yo también lo pido.

—Pesas cuarenta kilos.

—Detalles.

Aurora estalló en carcajadas y yo terminé riendo con ella. Aquella era mi vida ahora.
Discusiones absurdas, arena por todas partes, juguetes invadiendo la casa y una felicidad que nunca había imaginado posible.
Lina apoyó la cabeza sobre mi hombro.

—Papá.

—¿Sí?

—¿Mamá era bonita cuando era pequeña?
Aurora abrió los ojos.

—¿Era?

—Lo eres —corrigió rápidamente nuestra hija.
—Bien salvado.
Lina señaló a su madre.

—Es que todos dicen que me parezco a ella.
Observé a ambas.

Y sonreí.
Porque era imposible negar el parecido.
El mismo cabello rojo.
La misma sonrisa.
La misma dulzura.
La misma capacidad para volverme completamente incapaz de pensar con claridad.

—Sí, princesa.

—¿Mucho?

—Muchísimo.
Lina sonrió orgullosa.

—Entonces yo también soy bonita.

—La más bonita del mundo.
Aurora me lanzó una mirada divertida.

—¿La más bonita?

—Después de su madre.

—Buena respuesta —dijo ella.

—La correcta respuesta.
Mateo soltó un gemido dramático.

—Qué empalagosos son.

—Gracias.

—Tampoco era un cumplido.
La tarde continuó entre risas.
Lina persiguiendo cangrejos imaginarios. Mateo intentando construir el castillo de arena más grande de la historia y Aurora caminando a mi lado con los dedos entrelazados con los míos.

Cuando el sol comenzó a ocultarse, los cuatro nos sentamos frente al mar. Lina se acomodó sobre las piernas de Aurora. Mateo se apoyó contra mi hombro y por un momento nadie dijo nada. Solo observamos el horizonte.

El océano.
La isla.
Nuestro hogar.
Entonces Aurora apoyó la cabeza sobre mi hombro, igual que había hecho miles de veces durante los últimos años.

—¿En qué piensas? —preguntó suavemente.
Miré a mi esposa, después a nuestros hijos y sentí que el corazón se me llenaba por completo.

—En que fui el hombre más afortunado del mundo.
Aurora sonrió.

—¿Por qué?
Besé su frente.
Después la de Lina.
Y revolví el cabello de Mateo.

—Porque la vida me dio mucho más de lo que jamás soñé.

Mis hijos rieron.
Aurora tomó mi mano.
Y mientras el sol desaparecía detrás del océano, comprendí que había tenido razón aquella noche en la playa tantos años atrás.
Lo mejor que me había pasado nunca fue el dinero.
Ni el éxito.
Ni siquiera la isla.

Lo mejor que me pasó fue encontrar a aquella joven pelirroja de sonrisa luminosa.
La mujer que me enseñó a ver y que terminó regalándome la familia más hermosa que podía existir.
Fin.

😍😍😍😍

Gracias a todos por acompañarme en esta nueva aventura.

Los invito a leer mi nueva historia: Volver a ti, estará hermosa y romántica.




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