Si Joel Reyes pudiera verse, notaría que su aspecto era lamentable, tanto como su ánimo y fue por eso que Luis Vázquez, aun cuando estaba acostumbrado a ver, por su trabajo de abogado, a personas quebradas por la ansiedad, no pudo evitar impresionarse ante la apariencia de su mejor amigo.
Joel no sólo se veía pálido y ojeroso, sino que la angustia marcaba sus facciones.
En un tic nervioso, Joel llevaba las manos al cabello para revolverlo desesperado, como si así pudiera encontrar alivio para el agobio que sentía. Entre los dedos de la mano derecha, Luis notó aquella cadena de oro que su amigo siempre llevaba como accesorio, colgada de una presilla del pantalón de modo que la cadena colgaba sobre su cuadrante inferior izquierdo.
—Luis, ¿ya sabes quién es esa criatura que arrollé?
Con esa pregunta lo recibió Joel en cuanto entró a la celda.
—Aún no lo sé, pero cálmate, sabes que no fue tu culpa. El juez ya tiene todas las declaraciones de los testigos del accidente, incluyendo la tuya, además se consiguió la grabación de la cámara del semáforo y por si eso fuera poco, tienen los resultados de todas esas pruebas que te han hecho para determinar que no conducías bajo la influencia de bebidas alcohólicas, drogas tóxicas o estupefacientes. Estás limpio, amigo. También hay evidencia de que no ibas manejando con negligencia ni creaste alguna situación que pudieran causar riesgos en las vías públicas. No hay contradicciones en los declarantes, por lo que pronto saldrás de aquí, ya que tu delito no es punible.
—¿Punible?
—Que merezcas castigo, así que saldrás en libertad.
—¡No! ¿Cómo voy a quedar en libertad si maté a ese niño?
—¡Pero qué tontería preguntas! ¡No fue tu culpa! Tu padre ya compró la noticia, así que hizo que se retirara de los medios de comunicación, tu nombre no será enlodado por esta tragedia.
Lejos de sentirse mejor, Joel se dobló de dolor, porque la acción ocurrida en aquella avenida era algo que jamás se perdonaría y cuando volvió a hablar, su voz sonó sombría.
—¿Cómo puedo vivir después de esto? ¿Cómo?
—Debes tratar de superarlo, Joel. Mira, en cuanto salgas, vete unos días a Costamarfil y surfea hasta el hartazgo. El mar te ayudará a tranquilizarte.
Mas el hombre pareció no escucharle, pues estremeciéndose de angustia, se llevó las manos al rostro y musitó:
—Merezco morir también.
—Joel, escucha —Luis puso una mano en su hombro y su voz sonó dura, pues no comprendía del todo la culpabilidad que sentía su mejor amigo—. No fue tu culpa, ¿entiendes eso? Este es un caso de fuerza mayor, uno que encontró su origen en hechos derivados de la voluntad de un tercero. No sólo no se puede prever, sino que es inevitable. Eso es lo que te exime de responsabilidad criminal. ¡Comprende que actuaste en contra de tu voluntad!
Joel se secó las lágrimas que incontrolables, humedecían su afligido rostro y ante los ojos de Luis, pareció un niño perdido, necesitado de comprensión y afecto. Por un instante, el abogado desconoció al hombre de negocios que a la edad de treinta años, dirigía una de las mayores empresas del país. ¿A dónde se había ido su temple?
—Joel, en circunstancias normales, tu voluntad habría rechazado el acto de irte contra alguien con tu auto para matarlo, pero en este caso, se entiende que es un accidente, un hecho que se causó sin dolo ni culpa y por eso, como te he dicho, saldrás en libertad.
—No importa qué me digas, atropellé a un niño, ¿tienes idea de lo que es esto?
Agobiado por sus sentimientos, Joel se tocó el pecho con ambas manos y negando con la cabeza, le indicó así a Luis que no tenía idea de lo que significaba lo sucedido para él. Por un instante, la compasión se reflejó en la mirada del abogado, pero como no estaba para sensiblerías, rechazó el sentimiento. No importaba qué dijera, Joel tenía el ánimo por el suelo y estaba de más gastar palabras, aunque no se negó a escucharlo.
—Si esa criatura no se hubiera atravesado como lo hizo, todavía estuviera vivo.
Joel se estremeció de nuevo ante el recuerdo del pequeño siendo atropellado por su auto, el siniestro sonido del impacto.
—¡Dios! ¿Qué voy a hacer, Luis?
Sin poderse contener más, abrazó a su amigo y volvió al llanto, murmurando:
—Si tan sólo yo hubiese podido evitarlo.
El abogado dejó que se desahogara y con cierta acidez, lo vio caer de rodillas cuando lo soltó. Joel no sólo era su amigo, sino que lo quería como a un hermano menor. Su padre había sido el abogado de la familia Reyes y al haber estudiado la misma profesión que su progenitor, cuando este murió, le heredó la presidencia del bufete de abogados, así que la mayoría de sus clientes continuaron con él.
Ellos eran amigos desde que Joel tenía ocho años y él doce.
Luis conocía muy bien a Joel. Sabía que era un hombre responsable y trabajador.
Desde que su padre enfermara del corazón, su amigo había tomado la rienda de la empresa familiar, mas no era como su padre, quien le dedicó todo su tiempo a los negocios sin hacer nada más fuera de la compañía. Al contrario que el señor Reyes, Joel sí sabía encontrar el tiempo para tomarse unas vacaciones y un dato curioso de él era que esos días siempre los pasaba en Costamarfil.
Editado: 19.08.2026