Amor Comprado(bella Swan/edward Cullen)

CAPÍTULO 2: El Sello Del Diablo.

Edward Cullen no apartaba la vista de los ojos chocolate de Bella. Había esperado a una mujer sumisa que bajara la cabeza ante su fortuna, o a una escaladora social que le lisonjeara el ego. No esperaba a esta muchacha de mirada fiera y ropa desgastada que lo llamaba "borracho" en su propia cara.

—¿Me llamó borracho, señorita Swan? —preguntó Edward, arrastrando las palabras con una elegancia peligrosa mientras se ponía de pie.

—Huelo el whisky desde la puerta, señor Cullen —respondió Bella sin pestañear—. Y si vamos a ser "esposos", lo primero que debe saber es que no tolero las mentiras. Usted está desesperado y yo también. No perdamos el tiempo con modales que ninguno de los dos siente.

Emmett, al fondo de la oficina, soltó una carcajada que cortó el hielo.

—¡Me agrada! Edward, esta chica tiene más agallas que todas las modelos que han pasado por aquí juntas.

Edward ignoró a su amigo. Caminó rodeando el escritorio hasta quedar a escasos centímetros de Bella. Ella era más baja, pero mantenía la barbilla en alto. Él podía oler el aroma a vainilla y café que desprendía su piel, un contraste absoluto con el ambiente estéril de su oficina.

—Muy bien, Isabella. Hablemos de negocios —dijo él, recuperando su máscara de frialdad—. El contrato es simple: un año de matrimonio legal. Deberá vivir en mi mansión, asistir a eventos benéficos y convencer a mi abuela de que estamos locamente enamorados. Especialmente a ella. Si logramos que ella crea la farsa, cobraré mi herencia y usted recibirá una suma que sacará a su padre de la cárcel y le permitirá vivir como una reina el resto de su vida.

—No quiero ser una reina —escupió ella con desdén—. Solo quiero a mi padre de vuelta.

—Lo tendrá. Pero hay reglas. Nada de amantes, nada de escándalos... y sobre todo, nada de sentimientos. No la quiero en mi cama, ni la quiero en mi vida privada. Usted es un accesorio, ¿estamos claros?

Bella sintió una punzada de humillación, pero pensó en Charlie, tras los barrotes por un crimen que fue un acto de amor.

—Trato hecho.

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### La Sombra de la Abuela

Mientras Edward y Bella revisaban las cláusulas técnicas, una limusina negra se detenía frente al edificio. **Elizabeth Masen**, una mujer cuya elegancia era tan afilada como un bisturí, bajó del vehículo. Su rostro no mostraba arrugas, sino una rigidez gélida.

Subió al piso 40 sin anunciarse. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, la secretaria palideció. Elizabeth entró en la oficina de su nieto justo cuando Bella estaba plasmando su firma en el documento legal.

—Veo que ya has elegido a tu próxima víctima, Edward —dijo la mujer con una voz que hizo que el vello del cuello de Bella se erizara.

Edward se tensó visiblemente. Sus nudillos se pusieron blancos al apretar el vaso que aún sostenía.

—Abuela. Te presento a Isabella Swan. Mi prometida.

Elizabeth caminó hacia Bella, examinándola como si fuera un insecto bajo un microscopio. Sus ojos grises destilaban un desprecio antiguo, algo que iba más allá de la simple diferencia de clases.

—¿Swan? —repitió Elizabeth, y por un micro segundo, su máscara de hierro flaqueó—. Un nombre común para una chica... común. Dime, niña, ¿cuánto te está pagando mi nieto por este teatro? Porque dudo mucho que alguien como tú pueda amar a un monstruo como él.

—No me conoce, señora —respondió Bella, sintiendo una corriente de odio puro proveniente de la anciana—. Y lo que yo sienta por Edward no es asunto suyo.

Elizabeth sonrió, pero no había calidez en ese gesto. Era la sonrisa de un depredador.

—Oh, querida. En esta familia, todo lo que brilla acaba por romperse. Disfruta de tu "cuento de hadas" mientras dure. Porque yo me encargaré de que tu despertar sea una pesadilla.

Cuando la anciana salió de la habitación, el aire pareció volver a fluir. Edward se dejó caer en su silla y, sin decir una palabra, se sirvió otro trago.

—Ya la conociste —dijo Edward con amargura—. Ahora sabes por qué necesito que este matrimonio parezca real. Ella no se detendrá hasta destruirnos a ambos.

Bella miró el anillo de diamantes que Edward le lanzó sobre la mesa. Era frío y pesado. Sabía que acababa de entrar en una jaula de oro, y que el hombre que tenía delante era tan prisionero como ella.



#432 en Fanfic

En el texto hay: fantasia, romance, intrigas

Editado: 19.02.2026

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