Amor Comprado(bella Swan/edward Cullen)

CAPÍTULO 4: El Desayuno De los Buitres.

El sol de la mañana apenas lograba atravesar la neblina de Seattle cuando los tacones de **Elizabeth Masen** resonaron contra el mármol del gran salón. No eran ni las ocho, pero ella ya estaba allí, impecable en un traje sastre color perla, con el veneno listo en la punta de la lengua.

En la habitación principal, Bella se despertó sobresaltada. Edward entró por la puerta comunicante sin llamar, abrochándose una camisa blanca con una urgencia que rayaba en el pánico.

—Arriba, Isabella. Ya está aquí —siseó Edward. Su rostro estaba pálido y sus ojos reflejaban una falta de sueño evidente—. Ponte algo que no grite "camarera de pueblo". En el armario hay ropa que mandé comprar anoche. Date prisa.

Bella se levantó, ignorando el mareo.

—No voy a disfrazarme de alguien que no soy, Edward. Si tu abuela quiere ver a tu esposa, tendrá que verme a mí.

—Haz lo que quieras, pero si ella huele la farsa, tu padre se pudrirá en esa celda —sentenció él antes de salir de la habitación.

Esa amenaza fue el combustible que Bella necesitaba. Se puso un vestido sencillo de punto color canela que resaltaba sus curvas y dejaba su cabello castaño suelto, cayendo en ondas naturales. No se maquilló. Su dignidad sería su mejor cosmético.

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### La Emboscada

Cuando Bella bajó al comedor, la escena era digna de una película de terror de alta sociedad. Elizabeth estaba sentada a la cabecera de la mesa, observando una taza de té como si buscara un defecto en la porcelana. Edward estaba sentado frente a ella, bebiendo café negro con la mirada fija en su plato.

—Llegas tarde, querida —dijo Elizabeth sin levantar la vista—. En esta familia, la puntualidad es una forma de respeto. Aunque supongo que en los lugares de donde vienes, el tiempo se mide en turnos de trabajo y propinas.

Bella se sentó con calma, ignorando la silla que el mayordomo intentó mover por ella.

—En los lugares de donde vengo, señora Masen, el respeto se gana con acciones, no con relojes de oro. Buenos días.

Edward casi se atraganta con su café. Elizabeth levantó la mirada, sus ojos grises como dos puñales de hielo.

—Vaya, la gatita tiene garras —murmuró la anciana—. Dime, Isabella, ¿qué es lo que más te gusta de mi nieto? ¿Su desmedida afición por el alcohol? ¿Su incapacidad para mantener una promesa? ¿O quizás es su cuenta bancaria, que sospecho es lo único que mantiene tus ojos abiertos en su presencia?

El silencio en el comedor se volvió pesado. Edward apretó la mandíbula, esperando que Bella se quebrara o estallara en llanto. Pero ella hizo algo que él no esperaba. Estiró su mano sobre la mesa y tomó la mano de Edward. Estaba fría, pero ella la apretó con firmeza.

—Lo que más me gusta de Edward es que, a diferencia de usted, él todavía tiene un corazón que puede ser rescatado —dijo Bella con una voz clara y serena—. Usted ve un borracho y un rebelde; yo veo a un hombre que ha tenido que construir muros muy altos para que personas como usted no lo terminen de destruir. Y respecto a su dinero... quédeselo. Si pudiera sacar a mi padre de donde está con mis propias manos, no estaría sentada en esta mesa escuchando sus insultos.

Elizabeth se quedó lívida. Nadie, en décadas, le había hablado así.

—Eres una insolente. Edward, esta mujer es una vergüenza para nuestro apellido.

—Al contrario, abuela —intervino Edward, sorprendiéndose a sí mismo mientras entrelazaba sus dedos con los de Bella—. Es la primera persona en esta casa que dice la verdad. Y eso es exactamente lo que necesito en una esposa.

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### El Primer Giro

Elizabeth se levantó, su presencia llenando la habitación de una energía malvada.

—Veremos cuánto dura esa "verdad" cuando el pasado empiece a tocar a la puerta. Por cierto, Edward... he invitado a **Tanya Denali** a la gala benéfica de mañana. Espero que Isabella esté a la altura. Sería una lástima que todos vieran que cambiaste un diamante por una piedra de río.

Cuando la anciana salió del comedor, Edward soltó la mano de Bella como si quemara. Se levantó y caminó hacia el bar de la esquina, sirviéndose un whisky doble a pesar de ser de mañana.

—¿Por qué hiciste eso? —preguntó él, de espaldas a ella.

—¿Defenderte? —Bella se levantó también—. Porque no soporto a los abusadores. No importa si visten harapos o seda.

Edward se giró, su mirada clavada en ella con una mezcla de odio y una admiración que lo aterraba.

—Acabas de declararle la guerra a la mujer más peligrosa de este estado. Mañana, en la gala, Tanya y ella van a intentar despedazarte. ¿Estás lista para el espectáculo, "piedra de río"?

—Más lista de lo que tú estarás cuando se te pase la borrachera —respondió Bella, saliendo del comedor con la cabeza en alto.

Edward se quedó solo, mirando el fondo de su vaso. Por primera vez en años, no era el alcohol lo que hacía que su corazón latiera con fuerza, sino el fuego en los ojos de la mujer que acababa de comprar.



#106 en Fanfic

En el texto hay: fantasia, romance, intrigas

Editado: 26.02.2026

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