Amor Comprado(bella Swan/edward Cullen)

CAPÍTULO 5: Máscaras de Seda Y Espinas.

La noche de la gala benéfica de la Fundación Cullen había llegado. Para Edward, estos eventos eran un trámite lleno de hipocresía; para Bella, era entrar en la guarida del lobo.

Edward había enviado a un equipo de estilistas a la habitación de Bella. Quería que se viera impecable, no por vanidad, sino por protección. Sabía que Elizabeth y Tanya buscarían cualquier grieta en su armadura. Cuando Bella finalmente salió de la habitación, Edward, que esperaba en el pasillo con un esmoquin que lo hacía parecer un príncipe de un cuento oscuro, se quedó sin aliento.

Llevaba un vestido de seda azul medianoche que caía como agua hasta el suelo. El color resaltaba la palidez de su piel y el brillo de sus ojos. No llevaba grandes joyas, solo el anillo de compromiso que pesaba como un recordatorio constante de su trato.

—Estás... aceptable —dijo Edward, aunque su voz lo traicionó con un ligero quiebre.

—Y tú estás sobrio —respondió Bella, ajustándole la solapa—. Aprovechemos el milagro mientras dure.

### La Gala: El Desembarco

El salón de baile del Hotel Fairmont estaba a rebosar de la élite de Seattle. Los flashes de las cámaras los cegaron en cuanto bajaron del auto. Edward pasó su brazo por la cintura de Bella, pegándola a su cuerpo. Ella se tensó, pero luego se obligó a relajarse, apoyando la cabeza ligeramente en su hombro.

—Sonríe, Isabella —susurró él al oído de ella—. Mañana todos deben desayunar con la noticia de que el soltero de oro ha sido domado.

En medio del salón, como una mancha de sangre sobre la nieve, apareció **Tanya Denali**. Llevaba un vestido rojo vibrante y una sonrisa que no llegaba a sus ojos felinos. A su lado, Elizabeth Masen observaba la escena con satisfacción contenida.

—Edward, cariño —dijo Tanya, ignorando a Bella por completo y depositando un beso demasiado cerca de los labios de Edward—. Qué sorpresa este matrimonio repentino. Todos pensábamos que tenías gusto por lo... refinado.

—El gusto evoluciona, Tanya —respondió Edward con una frialdad cortante—. Te presento a mi esposa, Isabella Cullen.

Tanya finalmente miró a Bella, barriéndola con una mirada cargada de veneno.

—Isabella. He oído mucho de ti. Especialmente sobre tu... humilde origen. Es fascinante cómo algunas personas escalan posiciones usando solo su cara de inocencia.

—No escalé nada, señorita Denali —replicó Bella con calma—. Simplemente encontré a alguien que prefiere la realidad a los disfraces de diseñador. Debería probarlo alguna vez, aunque sospecho que no quedaría mucho de usted debajo de tanto maquillaje.

### La Trampa de la Abuela

Elizabeth intervino con una risita gélida.

—Basta de charlas. Edward, el primer baile es de los anfitriones. Todos esperan ver el "amor" que tanto pregonas.

La música empezó a sonar. Un vals lento y envolvente. Edward guió a Bella hacia el centro de la pista bajo la mirada de cientos de personas. Él puso su mano en su espalda y ella sintió una descarga eléctrica que la hizo temblar.

—Lo estás haciendo bien —murmuró Edward, bajando la cabeza hasta que sus frentes se rozaron—. Pero ten cuidado. Elizabeth no da puntada sin hilo.

En ese momento, la música cambió sutilmente. En las pantallas gigantes del salón, que debían mostrar fotos de la fundación, empezaron a proyectarse imágenes diferentes: **Fichas policiales de Charlie Swan.** Fotos de Bella trabajando en la cafetería mugrienta, y un titular escandaloso: *"¿La nueva señora Cullen es hija de un criminal?"*

Un murmullo de horror recorrió el salón. Bella sintió que el mundo se desmoronaba. Sus manos empezaron a temblar y sus ojos se llenaron de lágrimas de rabia. Elizabeth sonreía desde lejos, alzando su copa de champán.

Bella intentó soltarse para huir, pero Edward la sujetó con más fuerza. Sus ojos verdes estaban encendidos en una furia que no era para ella, sino para el resto del mundo.

—No te atrevas a bajar la cabeza —le ordenó Edward con voz firme—. Si huyes ahora, ella gana.

—¡Están humillando a mi padre! —sollozó ella.

—Mírame, Isabella. Solo mírame a mí —Edward la obligó a sostenerle la mirada mientras seguían bailando, ignorando los flashes y los susurros—. Tu padre es más hombre que cualquiera en esta sala. Y tú eres mi esposa. Nadie te va a tocar mientras yo esté aquí.

En un gesto que no estaba en el contrato, Edward se inclinó y la besó frente a todos. Fue un beso posesivo, protector y desesperada mente real. En ese instante, el silencio cayó sobre el salón. La abuela Elizabeth apretó su copa hasta que el cristal crujió, dándose cuenta de que, en su intento de destruirlos, acababa de forjar el primer vínculo real entre ellos.



#106 en Fanfic

En el texto hay: fantasia, romance, intrigas

Editado: 26.02.2026

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