El aire frente a la prisión estatal era denso y cargado de un frío que parecía pegarse a la piel. Bella entrelazaba sus dedos nerviosamente, vestida con unos jeans y un suéter sencillo. A su lado, Edward Cullen parecía un ser de otro planeta: impecable, con un abrigo de lana negro y unas gafas de sol que ocultaban cualquier rastro de la resaca o el cansancio que pudiera sentir.
Cuando las pesadas puertas de hierro chirriaron al abrirse, una figura delgada y cansada apareció. **Charlie Swan** caminaba con la cabeza baja, cargando sus pocas pertenencias en una bolsa de plástico.
—¡Papá! —el grito de Bella rompió el silencio del estacionamiento.
Corrió hacia él y se fundió en un abrazo desesperado. Charlie la estrechó contra su pecho, sollozando en silencio. El hombre que había sido el jefe de policía más respetado de su pueblo ahora se veía frágil, envejecido por meses de encierro injusto.
—Bella... mi niña... ¿cómo? —Charlie se separó un poco, mirándola con confusión—. El abogado dijo que la fianza fue pagada en su totalidad. ¿De dónde sacaste ese dinero?
Bella sintió que el corazón se le detenía por un segundo. No podía decirle la verdad completa, no aún. Se hizo a un lado, revelando la presencia de Edward, que se mantenía a unos metros, observando la escena con una expresión indescifrable.
—Él me ayudó, papá. Él es... Edward Cullen. Mi esposo.
### El Juicio de un Padre
Charlie Swan se tensó de inmediato. Sus instintos de policía, endurecidos por años de patrulla, se activaron. Miró a Edward, luego miró el anillo de diamantes en la mano de su hija, y finalmente el auto de lujo que esperaba detrás de ellos.
—¿Tu esposo? —la voz de Charlie bajó una octava, llena de sospecha—. Bella, estuviste aquí hace una semana y no mencionaste a ningún "esposo". ¿Qué has hecho?
Edward decidió intervenir antes de que el interrogatorio se volviera más peligroso. Caminó hacia ellos con una elegancia que Charlie claramente despreció desde el primer segundo.
—Señor Swan —dijo Edward, extendiendo una mano que Charlie no tomó—. Entiendo su confusión. Todo ha sido muy rápido. Bella y yo nos conocimos... y supimos que no queríamos perder el tiempo.
Charlie se acercó a Edward, quedando a pocos centímetros de su rostro.
—He visto a muchos tipos como tú, Cullen. Ricos, arrogantes, creyendo que pueden comprar el mundo. No sé qué clase de pacto hiciste con mi hija, pero si le haces daño, no habrá fianza ni apellido que te salve de mí.
Edward sostuvo la mirada sin pestañear. Por un momento, no hubo arrogancia en él, sino un respeto genuino por la lealtad de aquel hombre.
—Ella es lo único bueno que hay en mi vida ahora mismo, señor Swan. No tengo intención de arruinarlo.
### Una Nueva Amenaza
Llevaron a Charlie a un pequeño apartamento que Edward había alquilado para él en una zona segura de la ciudad. Sin embargo, la calma duró poco. Mientras Bella ayudaba a su padre a instalarse, el teléfono de Edward vibró.
Era un mensaje de Emmett: *"Elizabeth ha convocado a una reunión de emergencia en la junta directiva. Ha traído a un 'invitado especial' del pasado de Bella. Tienes que venir ya."*
Edward sintió un frío glacial recorrerle la espalda. Sabía que su abuela no se quedaría de brazos cruzados, pero no esperaba que cavara tan hondo en el pasado de Isabella.
—Isabella, tenemos que irnos —dijo Edward, apareciendo en la puerta de la habitación.
—¿Ahora? Acabamos de llegar —protestó ella.
—Es mi abuela. Ha movido una pieza y sospecho que tiene que ver con **Jacob Black**.
Bella palideció. Jacob era el chico que la amó incondicionalmente, el que juró esperarla y el que, indirectamente, fue la razón por la que Charlie terminó en la cárcel al intentar defender a Bella de un acosador que Jacob no pudo detener. Jacob representaba todo el dolor que ella había intentado enterrar.
—Si Jacob está con ella... —susurró Bella, mirando a su padre, quien ya se había quedado dormido por el cansancio en el sofá—, él le dirá todo. Le dirá que yo nunca me casaría con alguien como tú por amor.
Edward la tomó por los hombros, obligándola a mirarlo.
—Entonces tendremos que darle la actuación de nuestras vidas. Porque si Jacob Black abre la boca, tú pierdes a tu padre y yo pierdo mi libertad.
El viaje de regreso a la ciudad fue un preludio de la guerra. Dos corazones heridos se preparaban para enfrentar a los fantasmas de sus pasados, dándose cuenta de que, en ese nido de mentiras, el único refugio que les quedaba era el uno al otro.